Aparece en la luz que da la luna
a la sombra del fondo de los bares.
Aparece y de pronto no hay lugares
que no sean su dominio y su tribuna.
Aparece. Y hace que reúna
los retazos de mí por centenares.
Aparece -haciendo malabares-
con el trozo de mi aún sin vacuna.
Aparece y me captura y me desbroza
e igual que con el diablo y la tormenta,
yo la intento expulsar. Pero aparece.
Una vez que está aquí solo me roza
y en su virtud de nívea cenicienta
con el rayo de sol desaparece.
Semblanza
- Max Verdié
- Aprendiz y profesor de lucha y esgrima japonesas. Trabajo subido a un escenario diciendo cosas que no son posibles. Leo antes de dormir.
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jueves, agosto 31, 2017
martes, febrero 21, 2017
Ensayos para una boda (III)
En mi ensayo de espinelas
hablaba de que mis rimas
intentarán que las primas
suspiren cual damiselas.
Disculpen la triquiñuela
y ya sé que vaya tela
mi retórica ladina.
Intentaré que más fina
sea la copla que barrunto.
Le voy cogiendo ya el punto
a esto de las sextinas.
hablaba de que mis rimas
intentarán que las primas
suspiren cual damiselas.
Disculpen la triquiñuela
y ya sé que vaya tela
mi retórica ladina.
Intentaré que más fina
sea la copla que barrunto.
Le voy cogiendo ya el punto
a esto de las sextinas.
domingo, febrero 19, 2017
Ensayos para una boda (II)
Con las décimas prosigo
con ensayo y con tesón,
preparando la ocasión
del enlace de mi amigo,
a coger ritmo me obligo
mientras camuflo en mi oda
el secreto que en su boda
confío que nunca hallen:
que sus primas se desmayen
víctimas de mi trova.
con ensayo y con tesón,
preparando la ocasión
del enlace de mi amigo,
a coger ritmo me obligo
mientras camuflo en mi oda
el secreto que en su boda
confío que nunca hallen:
que sus primas se desmayen
víctimas de mi trova.
miércoles, febrero 15, 2017
Robándole el sueño al sueño
En estos días ausentes
de soledades,
de huecos medio calientes
con oquedades,
de tempestades que vivo
para aliviarme,
quiero firmar el desarme
con lo que escribo.
El tiempo se va gastando
cada segundo,
con el futuro oxidando
mi fin del mundo,
que empieza cada mañana,
y sin permiso
me decolora una cana
en cada piso.
Y siempre llueve, cojones,
sobre mojado
si pienso en las estaciones
del tren pasado.
Me busco en los ademanes
de viejas fotos
con besos en bumeranes
que vuelven rotos.
Me escondo también los ojos
de madrugada,
cruzando cuando está rojo
sobre la almohada.
Pocos consuelos me adueño
salvo acostarme,
robandole el sueño al sueño
sin despertarme.martes, febrero 14, 2017
Ensayos para una boda (I)
Una amiga me ha propuesto
que hable en alto en su enlace.
Y aunque tal honor me place
quiero que salga perfesto,
con versos que estén bien puestos,
que suenen como a novela.
Por eso esta noche en vela
con las décimas me ando.
Y para ir practicando
ensayo en esta espinela.
lunes, febrero 13, 2017
Molécula maldita
(Se canta así: Joaquin Sabina - Lágrimas de Mármol (Lyric Video) - YouTube)
Se empeña en leerse las canciones
volviéndome majara en el proceso.
Se desvanece en ciertas ocasiones
dejándome sin besos.
Maldita la doctora del País Vasco
que me tiene pendiente de mensajes.
Le tengo tal rencor y tanto asco
que parto de viaje.
Me roba la armadura y luego el casco
yendo a comprar un traje.
La intento comprender, maldita sea
nunca me cansaré de sus visitas,
aunque se escape en tren cuando chispea
y aunque al beber se quede siempre frita.
No sé cómo enlazarme contra esta
Molécula maldita.
No entiende las palabras que me invento
si no hablo literal cada pasaje.
Al despertarme siempre estoy contento
si escucha mis mensajes.
En el laboratorio de su pelo
me pido ser quien use de cobaya.
La engaño lo que puedo y la camelo
haciéndome el canalla.
La intento comprender, maldita sea
nunca me cansaré de sus visitas,
aunque se escape en tren cuando chispea
y aunque al beber se quede siempre frita.
No sé cómo enlazarme contra esta
Molécula maldita.
Y trata de
canciones,
efemérides,
el tito Joaqui,
versos,
viajes
lunes, febrero 06, 2017
Con solo acercarme te envenenas
Permíteme ilustrar por qué tu ciencia
No encuentra el doble fondo a mis engaños:
Los vicios que se archivan con los años
Se enquistan en la piel de la conciencia.
Disculpa si lo suelto con violencia
más no es hora de andarse con redaños:
disfruté haciendo el mal y haciendo daño,
Igual que hice matando sin licencia.
Aquello es lo que fui y me ha manchado
Tanto que... que me empapo con el lodo
del reguero de llanto que he dejado.
En mi mal también cargo mi condena:
Que por muy fuerte que lo niegue todo
con solo acercarme te envenenas.
lunes, enero 30, 2017
Lo que dijo la morena
Verte provoca heridas en mis labios.
Oírte me hace mojar, los ojos.
Con tus manos, y al borde del sonrojo
me dispongo a mancharte con agravios.
Es tu voz por quien gimo y por quien rabio,
es tu carne la dieta de mi boca.
Llámame, aunque me llames loca,
que hacer conmigo el loco es lo más sabio.
Te voy a arrancar de tu pantalla
y a acercarte al oído de mi cuello
que a distancia me matas con palabras.
Usa la boca ya. Para eso calla:
no importa si me elevas o me estrello,
Oírte me hace mojar, los ojos.
Con tus manos, y al borde del sonrojo
me dispongo a mancharte con agravios.
Es tu voz por quien gimo y por quien rabio,
es tu carne la dieta de mi boca.
Llámame, aunque me llames loca,
que hacer conmigo el loco es lo más sabio.
Te voy a arrancar de tu pantalla
y a acercarte al oído de mi cuello
que a distancia me matas con palabras.
Usa la boca ya. Para eso calla:
no importa si me elevas o me estrello,
pero hazme de una vez tu abracadabra.
martes, julio 07, 2015
La Asombrosa Mujer Inaudible
Sonó el teléfono.
El timbre vibró como un estruendo atronador en la quietud de la tranquila sala. Los vidrios temblaron y los tubos de ensayo (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) amenazaron con quebrarse, tal era la intensidad (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) de la espera del nervioso caballero.
El timbre seguía rugiendo.
De un respingo, el joven científico se puso en pie. Pudo sentir la sangre en sus sienes, como los cascos de una manada de caballos salvajes. El corazón, golpeando, furioso, su pecho. El taburete en el que se encontraba sentado instantes antes cayó al suelo, uniendo el sonido de su impacto a la algarabía de aquel laboratorio.
Más. Más rugidos. Del timbre.
Los animales del laboratorio golpeaban con ira apenas contenida sus jaulas. Un titi, iracundo, agarraba con sus pequeñas manos los barrotes, moviéndolos frenéticos, mientras gritaba con histeria, clamando, miedo y ansia de libertad. Parecía como si el timbre fuese un siniestro director de orquesta, dirigiendo un coro de furia animal, desafinando el crescendo de aullidos.
El timbre: atronaba.
Ansioso y casi tropezando (con su respiración, ahogándose, retumbando) el joven de la bata se acercó, clac, clac, trompicones, a la pequeña mesa que contenía el viejo teléfono. Tan nerviosas se encontraban sus manos que lo derribó al suelo sin lograr descolgarlo. El estrépito del aparato, junto al timbre, casi hicieron sangrar los oídos del doctor. Él se tiró al suelo, luchando contra su ansia, necesitando descolgar ese teléfono.
Clic.
Lo logró. En ese instante, como una gota de tinta se mezcla suave con el agua, el sonido (el sonido imposible, casi absorbente) del otro lado de la línea empapó la sala, en una muda ósmosis que casi podía tocarse. El ruido, la asfixiante cacofonía de impactos y decibelios fue absorbida (con dulzura de artesano) por una suave esponja de quietud.
Nada se oyó.
Él se llevó el auricular a su oído, delicadamente. Extremadamente nervioso. Pero absolutamente quito. Ningún ruido.
Escuchó.
No oyó nada.
Colgó. Exhausto.
Sonriendo.
El silencio, que se desvanecía lentamente, le acarició la carne del corazón, tranquilizándolo. Como un bálsamo que calma el cuerpo de las fiebres que el alma enciende, el latido mudo y grave que brotó del teléfono reverberó, sin vibrar, nunca, jamás, en la sala congelada de sonido alguno. Como en un fotograma. En el que en lugar del movimiento el ruido fuera el esclavo de la silenciosa captura.
A doscientos kilómetros de allí, en total mudez, sin ruido alguno que nadie pudiera escuchar, la Asombrosa Mujer Inaudible colgaba el auricular.
Sin emitir sonido alguno, jamás, se perdió en la noche.
Pasaron tres años.
Sonó el teléfono.
El timbre vibró como un estruendo atronador en la quietud de la tranquila sala. Los vidrios temblaron y los tubos de ensayo (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) amenazaron con quebrarse, tal era la intensidad (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) de la espera del nervioso caballero.
El timbre seguía rugiendo.
De un respingo, el joven científico se puso en pie. Pudo sentir la sangre en sus sienes, como los cascos de una manada de caballos salvajes. El corazón, golpeando, furioso, su pecho. El taburete en el que se encontraba sentado instantes antes cayó al suelo, uniendo el sonido de su impacto a la algarabía de aquel laboratorio.
Más. Más rugidos. Del timbre.
Los animales del laboratorio golpeaban con ira apenas contenida sus jaulas. Un titi, iracundo, agarraba con sus pequeñas manos los barrotes, moviéndolos frenéticos, mientras gritaba con histeria, clamando, miedo y ansia de libertad. Parecía como si el timbre fuese un siniestro director de orquesta, dirigiendo un coro de furia animal, desafinando el crescendo de aullidos.
El timbre: atronaba.
Ansioso y casi tropezando (con su respiración, ahogándose, retumbando) el joven de la bata se acercó, clac, clac, trompicones, a la pequeña mesa que contenía el viejo teléfono. Tan nerviosas se encontraban sus manos que lo derribó al suelo sin lograr descolgarlo. El estrépito del aparato, junto al timbre, casi hicieron sangrar los oídos del doctor. Él se tiró al suelo, luchando contra su ansia, necesitando descolgar ese teléfono.
Clic.
Lo logró. En ese instante, como una gota de tinta se mezcla suave con el agua, el sonido (el sonido imposible, casi absorbente) del otro lado de la línea empapó la sala, en una muda ósmosis que casi podía tocarse. El ruido, la asfixiante cacofonía de impactos y decibelios fue absorbida (con dulzura de artesano) por una suave esponja de quietud.
Nada se oyó.
Él se llevó el auricular a su oído, delicadamente. Extremadamente nervioso. Pero absolutamente quito. Ningún ruido.
Escuchó.
No oyó nada.
Colgó. Exhausto.
Sonriendo.
El silencio, que se desvanecía lentamente, le acarició la carne del corazón, tranquilizándolo. Como un bálsamo que calma el cuerpo de las fiebres que el alma enciende, el latido mudo y grave que brotó del teléfono reverberó, sin vibrar, nunca, jamás, en la sala congelada de sonido alguno. Como en un fotograma. En el que en lugar del movimiento el ruido fuera el esclavo de la silenciosa captura.
A doscientos kilómetros de allí, en total mudez, sin ruido alguno que nadie pudiera escuchar, la Asombrosa Mujer Inaudible colgaba el auricular.
Sin emitir sonido alguno, jamás, se perdió en la noche.
Pasaron tres años.
Sonó el teléfono.
sábado, julio 04, 2015
Los dos peleles
A dos bandas jugando el Legal Bueno,
Y haciendo el paladín anda el canalla.
Se cruzan, saludándose en la raya
En el cambio de campo y de terreno.
Y haciendo el paladín anda el canalla.
Se cruzan, saludándose en la raya
En el cambio de campo y de terreno.
¿El malo de los dos? Pisando el freno,
El bueno entre trapecios y sin malla.
Contándose los duelos por pantalla
Las penas del amor, don Juan, son menos.
El bueno entre trapecios y sin malla.
Contándose los duelos por pantalla
Las penas del amor, don Juan, son menos.
Por sorpresa de propios y de espantos
Se abrazarán, reversos, cuando brinden
Con la copa del otro en sus papeles.
Se abrazarán, reversos, cuando brinden
Con la copa del otro en sus papeles.
Por dentro su soñar no cambia tanto:
Cantar, reír, amar, jugar al Tinder.
Menudo infame par, de dos peleles.
Cantar, reír, amar, jugar al Tinder.
Menudo infame par, de dos peleles.
jueves, marzo 19, 2015
De cartuchos no entiende todo el mundo
Como el rayo que sube, arrebatado
por sorpresa, a traición, por accidente
del músculo del alma de la mente
en letal decisión, preso del hado.
por sorpresa, a traición, por accidente
del músculo del alma de la mente
en letal decisión, preso del hado.
Diez veces con la de hoy, sin ti a mi lado
aprendiendo sin nadie impertinente
corrigiéndome las fechas y las fuentes
de Hortega, de Cajal y del pasado.
aprendiendo sin nadie impertinente
corrigiéndome las fechas y las fuentes
de Hortega, de Cajal y del pasado.
Aunque el tiempo pasó y giró la noria,
hay días que el telón se me hace hielo
al verlo descorrerse sin tu rumbo.
hay días que el telón se me hace hielo
al verlo descorrerse sin tu rumbo.
Y hazme el favor, si toca hablar de Historia
no te pongas muy plasta, que en el cielo
de cartuchos no entiende todo el mundo.
no te pongas muy plasta, que en el cielo
de cartuchos no entiende todo el mundo.
jueves, octubre 24, 2013
Si lo manda Cabero
Porque las deudas de honor han de saldarse como caballeros:
Si lo manda Cabero no pierdo ni un instante
en ponerle la tinta a todos los tinteros.
Por su savoir faire y por que está hecho de acero
le pongo alejandrino un soneto elegante.
Lo explicaré primero para el vulgo ignorante
(Berni sabe de números como buen ingeniero,
Pero en tema de versos el pobre no es certero):
En sílabas catorce, eso es importante,
Se divide en dos partes de siete cada una,
llamadas hemistiquisos, y en medio la cesura
que es la pausa de voz que entre hemistiquios meto.
Pídeme lo que quieras, fui miembro de la tuna,
por cabero disfrute, con canalla ternura
Catorce alejandrinos en forma de soneto.
martes, febrero 05, 2013
En un cajón
Estaban revueltas, algo rotas algunas, pero en plena forma. Algunas tratan de corazones rotos y de promesas imposibles, de esperanzas ardiendo, de mundos compartidos víctimas del eclipse de los años. Esperando estaban.
En un cajón.
Estuve en casa de mi madre. Lo único bueno de ser desordenado es que a menudo olvidas dónde guardas las cosas. Y reaparecen, en un recuerdo por sorpresa, descorriendo pestillos de cajones del desván de las memorias.
Una princesa que reinó en mi Cartago me dijo una vez que le dijeron que la peor nostalgia es la que añora lo que no ha sucedido nunca. Así que preferí quedarme en la memoria que me trajeron, en sueños a medias, abrazos y despedidas de la época en que los veranos duraban para siempre.
Estuve en casa de mi madre. Trayendo orden al caos, en medio del desorden. Terminé de limpiar la mesa y abrí un cajón. Allí, en el sueño milenario que empapa los recuerdos, me encontré con el gran paquete de cartas que conservo desde mi adolescencia. Nombres, direcciones, promesas y esperanzas.
Hay juramentos de amor que duraron toda la vida que dura un curso, declaraciones de eterna amistad de nombres que no recuerdo, y nombres que no podría olvidar aunque quisiera. Esos nombres que recuerdas engarzados en una cara, una cara que vivirá en aquel verano de Murcia, intacto y superviviente de la edad en que no se pierde la inocencia, pero se olvida en la mochila. Como por descuido.
Fotografías en papel, con dedicatorias escritas a mano de gente que me echó de menos, cuando para escribir "te quiero" usabas un bolígrafo bic, y no un iPhone 4 lleno de fotos que no vas a recordar. Regalos pequeños que caben en un sobre (una concha del mar donde vivía ella, una pulsera que siempre fue demasiado pequeña, un sello de un país que estuvo más lejos que ninguna parte), mundos futuros que se cumplieron solo en la memoria.
Corazones rotos, esperanzas truncadas, castillos en el aire con cimientos en momentos y lugares que solo recordamos los culpables inocentes. Un "no me olvides" que aún huele a colonia, y muchas intenciones de ya te visito yo; nos veremos pronto.
Hay besos que ya nunca podré devolver, y respuestas que no recordaré jamás. Solo me queda imaginar que al otro lado del espejo, a vuelta de correo, haya alguien desordenado que estuvo hace poco en casa de su madre.
Y abrió un cajón.
En un cajón.
Estuve en casa de mi madre. Lo único bueno de ser desordenado es que a menudo olvidas dónde guardas las cosas. Y reaparecen, en un recuerdo por sorpresa, descorriendo pestillos de cajones del desván de las memorias.
Una princesa que reinó en mi Cartago me dijo una vez que le dijeron que la peor nostalgia es la que añora lo que no ha sucedido nunca. Así que preferí quedarme en la memoria que me trajeron, en sueños a medias, abrazos y despedidas de la época en que los veranos duraban para siempre.
Estuve en casa de mi madre. Trayendo orden al caos, en medio del desorden. Terminé de limpiar la mesa y abrí un cajón. Allí, en el sueño milenario que empapa los recuerdos, me encontré con el gran paquete de cartas que conservo desde mi adolescencia. Nombres, direcciones, promesas y esperanzas.
Hay juramentos de amor que duraron toda la vida que dura un curso, declaraciones de eterna amistad de nombres que no recuerdo, y nombres que no podría olvidar aunque quisiera. Esos nombres que recuerdas engarzados en una cara, una cara que vivirá en aquel verano de Murcia, intacto y superviviente de la edad en que no se pierde la inocencia, pero se olvida en la mochila. Como por descuido.
Fotografías en papel, con dedicatorias escritas a mano de gente que me echó de menos, cuando para escribir "te quiero" usabas un bolígrafo bic, y no un iPhone 4 lleno de fotos que no vas a recordar. Regalos pequeños que caben en un sobre (una concha del mar donde vivía ella, una pulsera que siempre fue demasiado pequeña, un sello de un país que estuvo más lejos que ninguna parte), mundos futuros que se cumplieron solo en la memoria.
Corazones rotos, esperanzas truncadas, castillos en el aire con cimientos en momentos y lugares que solo recordamos los culpables inocentes. Un "no me olvides" que aún huele a colonia, y muchas intenciones de ya te visito yo; nos veremos pronto.
Hay besos que ya nunca podré devolver, y respuestas que no recordaré jamás. Solo me queda imaginar que al otro lado del espejo, a vuelta de correo, haya alguien desordenado que estuvo hace poco en casa de su madre.
Y abrió un cajón.
Y trata de
efemérides,
mi mundo interior,
que me encanta hablar de mí mismo
jueves, octubre 04, 2012
Me siento solo
Debe ser por la órbita de Marte en esta temporada, pero algunas noche se estiran lo indecible, como acróbatas del olvido mientras se acortan los días. Y suenan cosas que sonaban antes y uno se para a escuchar. Entre canallas, a veces nos damos la razón.
Dale, Julio.
Dale, Julio.
Un hombre solo
Lo tengo todo,
completamente todo;
mil amigos y amores
y el aplauso y la noche.
Lo tengo todo,
completamente todo;
voy por la vida
rodeado de gente
que siento mía.
Voy de abrazo en abrazo,
de beso en risa,
me dan la mano,
cuando es precisa;
la loca suerte
besa mi frente
por donde voy.
Pero cuando amanece,
y me quedo solo,
siento en el fondo
un mar vacío,
un seco río,
que grita y grita
que sólo soy
un hombre solo,
un hombre solo,
un hombre solo.
Vivo en un mundo
que flota como el humo;
ni una pálida sombra
ni un quejido en mi boca.
Voy de abrazo en abrazo,
de beso en risa,
me dan la mano,
cuando es precisa;
la loca suerte
besa mi frente
por donde voy.
Pero cuando amanece,
y me quedo solo,
siento en el fondo
un mar vacío,
un seco río,
que grita y grita
que sólo soy
un hombre solo,
un hombre solo,
un hombre solo.
________________________________
´Un hombre solo´ es el single del disco homónimo de Julio Iglesias publicado por Sony Music en 1990.
domingo, agosto 26, 2012
La rubia del fin del mundo
Niña rubia, procura no caerte
si visitas el borde de la tierra.
Pero cuéntame si es verdad que encierra
tanta magia comò intento yo traerte.
Niña, avísame cuando despiertes
del sueño de perderte por el Norte
cuéntame lo que viste, y no te importe
si las ganas que tengo son de verte.
Regresa de una vez, vuelve a llamarme
y no te olvides al volver de echarme
las migas de papel en el parterre
porque quiero escribir a tu regreso.
Pon ya la caperuza, dame un beso
y regresa por fin de Finisterre.
jueves, agosto 02, 2012
Sin ti no fui nada
Suena Amaral mientras el jet lag empieza a desvanecerse por fin. Acabamos de llegar de Japón, donde me he dado cuenta que sin ti no soy nada. Eso dice Amaral desde el portátil. Suelo pensar en ello a menudo cuando estoy muy lejos, en las noches de hostal tras actuar, en las mañanas que acaban cerca del mar y la impaciencia. Una isla que salió de la edad media hace siglo y medio no es mal lugar para meditar.
Templos, tumbas de samuráis, mercadillos de alta tecnología, maestros de artes marciales de más de ochenta años que convierten la muerte en poesía en movimiento.
Y en medio de la marea humana del metro en Tokyo Central a las siete y cincuenta y ocho minutos, me encuentro con la sorpresa, quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí, dice ahora Amaral. Me encuentro con que imaginé ese viaje antes, de otra manera, en otro mundo y con otros resultados. Me encuentro imaginando que sin ti no soy nada. En mis ojos entrecerrados, centellean imágenes que, al no poderse olvidar, se graban, y en cada grabado se deforman. Y cuanto más se convence mi cabeza de que nada fue como contamos, menos se lo creen otros órganos, las tripas, y el corazón.
El codo de Rafa me golpea suavemente en el costado, y mis ojos regresan, cayendo por el túnel de la realidad, a la marea humana, ya a varias estaciones de Tokyo Central. Hay que bajarse y cambiar de estación, para llegar a tiempo al lugar que no es como imaginé.
Suena Amaral.
Templos, tumbas de samuráis, mercadillos de alta tecnología, maestros de artes marciales de más de ochenta años que convierten la muerte en poesía en movimiento.
Y en medio de la marea humana del metro en Tokyo Central a las siete y cincuenta y ocho minutos, me encuentro con la sorpresa, quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí, dice ahora Amaral. Me encuentro con que imaginé ese viaje antes, de otra manera, en otro mundo y con otros resultados. Me encuentro imaginando que sin ti no soy nada. En mis ojos entrecerrados, centellean imágenes que, al no poderse olvidar, se graban, y en cada grabado se deforman. Y cuanto más se convence mi cabeza de que nada fue como contamos, menos se lo creen otros órganos, las tripas, y el corazón.
El codo de Rafa me golpea suavemente en el costado, y mis ojos regresan, cayendo por el túnel de la realidad, a la marea humana, ya a varias estaciones de Tokyo Central. Hay que bajarse y cambiar de estación, para llegar a tiempo al lugar que no es como imaginé.
Suena Amaral.
domingo, abril 22, 2012
Lágrimas de Isa
No te vayas llorando, que el destino
brillará cuando mires con los ojos:
las lágrimas de amor son trampantojos
que vuelven barro el polvo del camino.
Llorando, no, porque hay que ver al sino,
recetar al futuro el dulce arrojo
que me enseñaste a mí entre los rastrojos,
mi pequeña gigante entre molinos.
Volverás sonriendo cuando tenga
herido el cuerpo, el alma dislocada,
enfermo el sueño, fiebre en la sonrisa.
Serás nuestra terapia cuando vengas
y recordemos (sin llorar ya nada)
el bálsamo en las lágrimas de Isa.
brillará cuando mires con los ojos:
las lágrimas de amor son trampantojos
que vuelven barro el polvo del camino.
Llorando, no, porque hay que ver al sino,
recetar al futuro el dulce arrojo
que me enseñaste a mí entre los rastrojos,
mi pequeña gigante entre molinos.
Volverás sonriendo cuando tenga
herido el cuerpo, el alma dislocada,
enfermo el sueño, fiebre en la sonrisa.
Serás nuestra terapia cuando vengas
y recordemos (sin llorar ya nada)
el bálsamo en las lágrimas de Isa.
jueves, noviembre 17, 2011
Ven que te muerdo
Me desmayo y me atrevo, cumberlando
te redacto, te espero, hago recuento,
me lamo las heridas, pongo ungüento
en la carne que dejas desangrando.
Te pienso, te doy voz, te voy dejando
marcarme la memoria, estar hambriento,
te impaciento a la vez que me impaciento,
te imagino en mi mano cuando ando.
Te sospecho y sospechas que esto es tuyo.
Los días que no tienes nubarrones
me vuelve loco que me pongas cuerdo.
Te lo escribo en el blog, porque ya intuyo
la rendición total de mis legiones.
Me paro a decidir: ven que te muerdo.
martes, noviembre 08, 2011
El silencio se hace ruido
Mal momento en mala mañana y en mal día para darle al aleatorio del reproductor.
Un destino travieso y quizá maleducado, ignorando todo cuanto me ronda por la cabeza, pincha las canciones que me acompasan el corazón. Intento el viejo truco de sintonizar, poco a poco, los latidos a la música, pero no funciona. El peso, enrollado con cable de acero, atado a las vísceras del estómago, tira demasiado fuerte de las tripas, y la presión interna afecta al pulso. Las canciones que no acompasan son escuchadas solo por el cerebro, pasando, muertas, totalmente desapercibidas. Y no llueve, pero debería. Ensayo, una rutina nueva de adivinación del pensamiento, en la que el resultado es una estación de metro mientras Sabina, sincero en su permanente impostura, afirma que siempre nos quedará Madrid.
Max Verdié se apaga, porque Marcos cada vez está más callado, atento y escuchando, pero no oye nada.
Mal momento en mala mañana, en un mal día donde, solo en mi cuarto... temo que el silencio se transforme en
RUIDO
Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.
Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cueva del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.
Mucho, mucho ruido,
ruido de ventanas,
nidos de manzanas
que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido,
tanto ruido y al final
por fin el fin.
Tanto ruido y al final...
Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.
Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.
Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final
la soledad.
Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.
Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.
Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.
Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.
Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.
Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
descastado ruido.
Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.
Ruido qué me has hecho,
ruido yo no he sido,
ruido insatisfecho,
ruido a qué has venido.
Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.
Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.
Y trata de
efemérides,
el tito Joaqui,
mi mundo interior,
viajes
viernes, octubre 21, 2011
Otro uniforme de Gala
Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas -a solas- qué belleza
tiene la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
Mira si mi venganza es generosa.
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