...es el principio y el fin.

jueves, junio 30, 2005

Ganas de todo


Hubo una vez un post que se llamaba "Ganas de nunca nada", y se me pasó, y volví a tener ganas, y todo se colocó, muy poco y muy despacio en eso que parecía ser su sitio. Y los sitios ahora y otra vez empiezan a romperse en trozos demasiado pequeños, y el pegamento se rebela, y me recuerda que las cosas rotas nunca pueden arreglarse, que las heridas dejan cicatrices y que el miedo a la oscuridad no se cura poniendo luz, y dejando ciego.

El miedo, otra vez, y en los aviones, aterriza sin que me de cuenta, no puedo ponerle nombre, me asusto y me pongo nervioso: todo se deshace bajo mis pies como un montón de barro que aparece y no te avisa, me hundo sin saber por qué y el resto del mundo sigue caminando a mi alrededor, ignorante y fijándose sólo en mi sonrisa, la cual, decora una cara que no es la mía, y que, últimamente, no lo ha sido nunca. Y así se me pasan los días, y no ha noticias desde la estación.

No sé exactamente dónde me escuece el problema, y sin saber, no puedo curar una enfermedad que ignoro, y tratar los síntomas no resuelve nada. Con carácter epidémico, y sobre todo por dentro, me sorprendo soñando con escenas que nunca son reales y que se convierten en humo con espejos en cuanto comienzo a despertarme. Todas las horas son hijas de un mismo rato, y los días, que suceden inexorables, acaban siendo siempre el mismo día.

Y las horas, y el sudor, y el cansancio siempre, y una, y otra vez.

lunes, junio 27, 2005

Friday Five

No respondo siempre a Las Cinco del Viernes, pero las de esta semana creo que me han gustado mucho. Hablan, sin querer, de las cosas que me dan miedo o vergüenza, y las que a veces y haciendo trampa o truco intento que se escondan. Y dice el coro:

1) En general, ¿eres totalmente espontáneo o tienes escondido un lado salvaje, políticamente correcto, incorrecto, sensible, etc?

Tengo un lado escondido, y otro, y otro después, y creo que alguno más. Conozco una vaca que aparte de decir mu, dice que tengo cuarenta y dos personalidades. Un día tratamos de enumerarlas y salieron las cuarenta y dos más el comodín. Hay que saber ver la sabiduría y la belleza en las cosas pequeñitas, por eso me encanta Batman más allá de los saltos y los gadgets, porque, demasiado a menudo, y como él, resulta que nuestra verdadera cara es la que usamos de careta y la máscara es la cara que creemos real.

Y máscara sobre máscara.

2) ¿Alguien ha sido capaz de sacar de tí una personalidad desconocida (para bien o para mal)? ¿Un/a héroe/heroina? ¿Un energúmeno/a?

Lo que me brota a veces es que ocurre que me enfado, y rápido, y me quema, y enseguida, pero se me pasa igual, y tengo esa preocupante incapacidad para guardar rencor. Los héroes no son más que personas normales que hacen cosas extraordinarias. No creo que yo haya hecho eso nunca, y tampoco creo que me pase. Energúmenos, demasiados por metro cuadrado, aunque eso es siempre un punto de vista.

Imagino, a fin de cuentas, que cada persona tiene una capacidad para sacar distintas cosas de los demás. Ha habido miedo, y risa, y maldad, y dulzura, y ternura, y hambre, y ganas, e incertidumbre, y emoción, y morbo, e impaciencia, y mil veces mil cosas más.

3) ¿Por quién te cambiarías durante un día? ¿Por qué? He dicho por un día (o un mes, o 5 minutos) para evitar la respuesta facilona: "No, me gusta como soy".

Esto es muy, muy complicado. En realidad, cuando jugamos a imaginar nunca ponderamos las consecuencias reales de ser otra persona. Me encantaría ser Batman por un día, pero nunca pensamos en que no es cómodo saltar por los tejados mientras te silban balas alrededor, o James Bond, pero no se si podría escaparme, o Houdini, pero igual yo me moría ahogado antes, o cualquiera de los otros cien personajes que suelo inventarme. ¿Por un día? Si es con billete de vuelta, estupendo.

Puesto a escoger e imaginar, ser mago.

Pero con Magia.

4) Cuando te ves en algún vídeo casero, ¿Te gusta como eres? ¿Te caes bien? ¿Eres como realmente crees?

Sí, me gusta cómo soy aunque a veces me sorprende, es imposible conservar la objetividad cuando lo que vemos habitualmente es el reflejo en el lavabo, y no lo que realmente (aunque para cada uno es diferente) ven los demás, y el mundo.

Caerme bien... hay una frase, "me amo casi tanto como me desprecio". Y como dice un duende, a veces pasa.

Y en cuanto a lo de ser como creo... No le ocurre a nadie, siempre se nos escapa algo. Pero conocerse a sí mismo es uno de los caminos más directos rumbo a la sabiduría.

5) ¿Te engañas a tí mismo? ¿Te das cuenta de ello?

Es curioso que mi pasmosa habilidad para engañar a los demás nunca funciona conmigo. sin embargo, me olvido rápidamente de las trampas que me hago, para pasar página y hacer borrón y cuenta nueva, pero con borrón. Sospecho que las trampas que me hago se agazapan para morderme algún día, es uno de mis miedos.

Y sí, me doy siempre cuenta. Intento hacerme trampa, pero me pillo siempre.

Mi primo el gaitas

"Tengo yo un primo que es/todo un maestro/de lo mío, de lo tuyo, de lo nuestro"

J. Sabina, Mi primo el Nano.

Yo tengo un primo, que no me toca nada, pero es mi primo (hermano), lo tengo abandonado un poco por dejadez y despiste, pero reconforta saber que me guarda un hueco en la cabeza, una guitarra en el armario y un herbario enterrado en el Cerrate. El primo (¡vaya primo, chicas!) mientras hace de ingeniero inventa pájaros y hace magia con ellos, poniendoles nombre y haciendolos volar más alto de lo que, habitual y ultimamente volamos mi primo y yo.

Yo tengo un primo que sopla, y cuando sopla al aire le escuece el alma, y resulta que suena, y que cuenta cosas que te huelen a verde, y al norte, y a asturias, y a su abuelo contando historias de las que, deja que te cuente, no pueden olvidarse y nunca suenan iguales. Como el aire cuando sopla el primo.

Yo tengo un primo que se sienta y con un tubo de metal que llama whistle, pasa del mundo y los payasos y sopla otro poco, y otra vez al aire que tenemos los de valladolid un poco más hacia arriba le pasan cosas. Mi primo, que sopla y también es mago, ahora está el un poco como el aire, y no sabe a que lado le soplarán, si lo harán, y si será música de baile o de esa que llaman fúnebre, y que suena menos a asturias y a verde, y que los que la colocan en sus instrumentos desde sus cabezas nunca le ponen nombre. Pero el aire, que le debe a mi primo la música, y el verde, y las historias, y los pájaros que ahora a él y a mi nos pasan por encima, sabe que el autobús que me llevaba hasta su casa, y me ponía de invitado, vuelve cada vez que va, y tiene doble sentido, y siempre podemos recorrerla otra vez, y a lo mejor, llegar más alto que los pájaros, que la magia, que las historias.

Riéndonos del ruido, de las carreteras, y con, y para, y contra el aire.

O siendo aire.

sábado, junio 25, 2005

Cuando aprieta el frío

"Y dile que la echo de menos/ cuando aprieta el frío,/ cuando nada es mío,/ cuando el mundo es sórdido y ajeno."

J. Sabina, Cuando aprieta el frío

Me siento solo, me encuentro solo sin haber tenido que buscarme y nadie me pregunta que dónde quiero quedarme. El mundo gira alrededor mientras me paro, estando quieto, y las personas no son más que destellos que se encienden para morirse el segundo siguiente. Parado en lo que solía ser un puerto del mundo real, me pongo la careta del Náufrago y me ahogo a ratos, y no puedo dejar de mirar a todas partes sin fijarme en nada, en nadie, en nunca ni en cuándo, y mi salvavidas al otro lado del mar.

Me aprieta el frío haciendo más de 30 grados, el no poder dormir por el calor no me impide pasar las horas y con ellas el día soñando castillos en las nubes, con cimientos de aire, y soñar con jugar a desmontarlos pieza a pieza para volver a montarlos en otra parte de la cabeza. Todo lo que imagino se vuelve y se ha vuelto, sin haberme enterado, irreal y casi fantasmagórico. Se me escurre de entre los dedos la realidad como un puña de arena de una playa, y esta vez no llevo un abrigo en el que pueda refugiarse la arena fugitiva, colándose en los bolsillos para encontrármela meses después. Y en las cámaras de fotos, jugando a los vampiros, salgo borroso y nadie parece conocerme.


Sería ser mejor un maniquí, podría seguir teniendo la misma forma y no tendría por qué estar triste nunca, podría posar permanentemente, nunca estaría vacío porque los maniquíes nunca están huecos. Cerca de mí, como en la canción, es todo sórdido, y ajeno, y el desdibuje imperfecto, lento e inexorable de todo el storyboard de la peli de mi vida sólo ayuda a que yo me borre con él, o contra ella. El contraste de clima interior y exterior hace que incluso la piel me duela, sin saber la pobre si romperse, agrietarse o mudarse de usuario a otras caricias, ahora que su única función es sólo tapar la carne.

Pero sin que nadie me avise, suena el teléfono, Albión llama y todo parece arreglarse por un rato, la balsa del Naúfrago vira a mejor y aprieta el frío un poco menos.

Dejo de ahogarme, o al menos no lo hago solo.

lunes, junio 20, 2005

Ella

¿Ella? Ella me cambia el mundo, me lo vuelve de revés, lo redecora. Hace que las horas lentas pasen sin que me de cuenta, aunque esquiva con traviesos malabares y sonriendo mis proposiciones de ir a ver la película de Batman. Ella, y su mundo, que ocupa tanto que sólo puedo ver un trocito en el que he clavado, sin licencia y un poco de prisa una tienda de campaña, y dejo abierta la puerta para los ratos en que Ella se quiere sentar cerca de mí, y hablar conmigo, en ese trocito de su mundo que me deja ver.

¿Ella? Yo os lo cuento, pero bajito y al oído para que no nos olvide nunca, y que el viento no me lo robe, ya no me arriesgo, me robó una carta y no me dejaré engañar otra vez. Ella, es el nombre de todas las canciones, Ella está en todas partes aunque siempre me falta desde el momento en que me alejo un metro de ella. El tiempo y todos los lugares nunca me son suficientes, la sensación de su ausencia es siempre la misma, necesito más, más, más. De Ella, siempre Ella. Los ratos en que tendría que matarla se me olvidan en cuanto cuanto bebo del aire de su boca. Me ahogo, me caigo, me dejo llevar y entonces todo está más claro.

¿Ella? Es mi sueño, y mi hambre, Ella es mi sed, y el agua que me la quita, pero siempre necesito beber más, nunca me sacia, Ella, el contrapeso, y el fiel, y la balanza, y la carta marcada en la baraja, y el truco, y la trampa, y después de eso, la magia, y hay un aplauso, Ella es un camino de vuelta a casa que hay que alargar siempre al llegar, se queda corto y nos inventamos un paseo, y una excusa, y se apaga la luz, y se cae el telón, y Ella es todo eso que vendría después, pero fundido en negro, quizá os lo cuente mañana.

El oído.

O al de Ella.

miércoles, junio 15, 2005

Miedo


Miedo.

Miedo de buscarte, miedo de encontrarte, de tenerte, de perderte, de morirme, de olvidarte, de olvidarme, de olvidarnos, de los huecos, de las horas, del retraso, de esperarte, de esperarme, de buscarnos, miedo de la prisa, de la calma, de los nervios, del no se, del intentarlo.

Miedo del hueco, de los turnos, de ciudades, del viento con las cartas, del correo, miedo de palabras que me faltan, de unas que no entiendo, de otras que debería haberte dicho, de las que no puedo, podía, podré, tendría, miedo, sin tartas, sin croasanes, sin bizcochos, miedo a Sabina, a Bob, y a Calamaro, pastillas contra el miedo a no soñar, y Mississippi, y miedo a los aviones.

Miedo a cenar estando solo, a comer sin nadie, con prisa y en silencio. Miedo a una playa, y a otra que falta por venir, miedo a encontrarme más arena en los bolsillo el invierno próximo en un abrigo y que no estés para poder contártelo. Miedo a empezar, a los empieces, a las pausas, a los fines, a los planes, a las veces, al contrato, miedo a los espejos, a las fotos, al fondo de escritorio en que paseaba descalza, desnuda en la cabeza, miedo al sueño, a la sed, al hambre, a caerme por, en, hacia, desde la cama, miedo a pedir una cerveza en vez de dos, y otro kebab, para mi sólo.

Miedo al vértigo, a la altura, al estrés, a las miradas, al verbo, a las palabras, a decirte, a inventar, a colocar, descolocarme, miedo a tener que no tenerte, miedo al miedo, a montar en bici y acordarme, y a caerme, y a correr, y a hacerme daño sin saber porqué, cómo, cuándo, miedo a las heridas, a los coches, miedo al destierro estando en el mismo sitio, miedo al mar, a la gente, miedo a caminar sin nada ni nadie que me agarre, miedo a dormir, y a soñar, a despertarme y ver que el sueño no está ni estuvo nunca, miedo a llorar, a darme cuenta, al sol, al día, a cada noche, miedo al dragón y a las princesas, miedo a la verdad, a la mentira, a las bromas, el reloj, y a las fechas, miedo al calendario.

Miedo, miedo, miedo.

sábado, junio 11, 2005

Las cinco del viernes

Las cinco de este viernes son el texto en negrita. Vamos a ver qué sale:

Dinos cuál es...

1)La frase

"No es más fuerte el que no se cae, sino el que se levanta". Me acompaña desde hace mucho tiempo, un trocito de zen que me aclara el día a día y últimamente, el mundo.

"Ichi go ichi e". Un refrán chino, que llegó a Japón y después hasta mi. Lo llevo tatuado en la cadera, significa "una vida, un encuentro". Sin él, no hubiese podido darte el beso.

2)El dicho

La verdad es que no creo que haya ninguno especial... la sabiduría popular tiene muchas veces mucho más de popular que de sabiduría, aunque a veces le ocurre al contrario. Mi padre era aficionado a estas cosas, pero a mí no me ocurre. Divertidos a veces, ocurrentes otras, ingenuos en general. Prefiero las citas, o los aforismos.

3)El mito

En mi casa, por navidad, los regalos no los traen Sus Majestades de Oriente, ni el gordo barrigudo ese. Viene el niño Jesús. O venía hasta que decidí que a mí me los iba a traer Batman, que tampoco existe, pero mola mas.

¿Mitos? Creo que entenderíamos más la realidad si supiéramos más historias y pudiesemos entenderlas. Si hablamos de mitología... todo habla de nosotros.

4)La gran mentira

"Las artes marciales son para flipados" y el clásico maravilloso de "las artes marciales no sirven para nada, porque si te hago así..." seguido de un "clack", un grito ahogado y alguien en el suelo, replanteándose la vida, el calimocho y la suerte que tiene de estar en una playa y no sobre cemento.

Y lo que nos ha ocurrido a todos, y que cuando sabíamos que era verdad no ha servido para que nos duela menos: "Si yo también te quiero... pero sólo como amigo".

5)La gran verdad...

Que a fin de cuentas, los rockeros sí que lloran, que a los chicos también nos duelen las cosas, que sí que me haceis falta, que te echo de menos y que buena la has mangado, Fernandito, que el mundo es del color del cristal con que se mira, que cada uno habla de la fiesta según le ha ido en ella, que la gente es gilipollas (sic)* , que todo es vanidad, que sí que puedes gustarle a la chica que te gusta, que siempre queda otra tirada de dado, otro bar, otro día, otro beso, otro momento, otra ocasión, aunque creamos que nunca queda ninguno.

Y que la verdad, como la mentira, nunca tienen la razón del todo.

que más te han marcado, interesado, influido o ayudado, y porqué.

* Supremo Ayahtolá de la Yihad Soriana, en una de sus clarificadoras ponencias sobre lo humano y lo divino.

jueves, junio 09, 2005

La Antigua Era

No quiero que se os olvide, hubo un blog antes de este.

www.deadjournal.com/users/jimeno

si observais, al final de la página pone "Back a page"... significa que el asunto continúa. Ánimo, campanilla, cada día estás más cerca ;)

miércoles, junio 08, 2005

El blues de los insomnes

Hoy es uno de esos días en que no puedo dormirme. Aunque hoy, a diferencia de otros ratos, sí conozco la razón. Calamaro suena un poco de fondo, y coincidimos en muchos puntos, aunque son canciones de esas que llaman tristes. Una herida, que se cuela en el estómago desde hace tiempo escuece esta noche un poco, pero tranquilos, no es de florete, ni letal, ni es agravada.

Pese a todo, no es un día cualquiera. Es un poco especial, tristemente, con uno de esos posts que a Luis le gustan en los que no me invento palabras, y dejo los malabares con la retórica, y simplemente, escribo un poco. Me gusta, me calma, me apetece.

Me alivia.

La herida, de color invisible, por lo visto no quiere marcharse, y aunque hago magia, nunca me han salido los milagros, y no creo que vaya a moverse en bastante tiempo, ocurra lo que ocurra mañana, si amanece (que no es poco). Una vez me desperté de frío... hace mucho, cuando era todo más sencillo, los domingos duraban todo el día y mañana era un lugar que no existía y los veranos nunca terminaban. Aquella vez descubrí que el frío puede hacer que no te duermas, sobre todo si no tienes nada que te abrigue, que te cuide, que te esconda y que te proteja, cuando no hay ni habrá nadie que te acompañe haciéndote el dormido.

Hoy, consciente de la herida, me quedo despierto sin hacer malabares mientras Calamaro habla de aviones, y de que es tarde y ya es de día. Pero no puedo dormirme, y no es un día cualquiera. La huída está vacia y las ventanas cerradas sin gente detrás.

Simplemente escribo un poco. Me gusta, me calma, me apetece.

Me alivia.

martes, junio 07, 2005

Las cinco del viernes

1)¿Qué es lo más original o importante que dejas en tu closet?
Hay ropa negra que huele extraño, botas que separan un dedo y dejan juntos los demás, un cinturón con un agujero de flecha. Todo suele estar sudado, normalmente.

2)¿Qué es lo más original o importante que dejas en tu mesa de noche?
No puedo, mi cama es abatible, y tengo que tirar al suelo los tebeos.

3)¿Qué es lo más original o importante que dejas en tu computadora?
Hay una musa de pies del escritorio, que me regaló una vez una playa.

4)¿Qué es lo más original o importante que dejas en tu colección de discos?
Al tito Joaqui, al tito Bob.

5)¿Qué es lo más original o importante que dejas en tu bolsa, mochila o cartera?
Hay una chapa enorme, y muy amarilla que dice "Manipular con cuidado. Soy un chico sensible". Mis compañeros se ríen del particular. Quizá ponga otra vez el llavero de Batman.


¿Sorprendidos? Yo también, la primera vez que lo encontré. Os lo explican aquí

sábado, junio 04, 2005

¿Dónde estás?

Ahora, con el sueño, y el hambre, y la sed, antes de dormirme sobre un hueco, me ocurre una pregunta, ya la sabes.

¿Dónde estás? El mundo no me es suficiente, el maldito, el malvado me priva de ti y del mundo de tu boca, ahora que el tiempo se acelera quedándome tan poco, nunca he entendido que el último momento duela tanto y que la impaciencia aproveche este rato para clavarse en mi carne, en mi cuerpo, en mi cabeza. Verte a través de la ventana nunca has sido suficiente, como el mundo, y la sed con los labios secos.

¿Dónde estás? Se me cierran los ojos reclamando el sueño que les debo y me encuentro mirandote de frente si todo lo demás está a oscuras, te encuentro en los minutos que se incrustan entre las horas de mi vida, pero al abrir de nuevo la mirada te desdibujas y desapareces cayéndote en los huecos de los huecos. El tiempo se pudre todo este rato, dejándome en un limbo que no tiene nombres, ni ciudades.

¿Dónde estás? No hay nadie al otro lado del teléfono, mudo al mail, huérfano el buzón de cartas con café sin trampa ni cartón, y sin café sólo se me ocurre dormir con la esperanza ilusa de cada noche de encontrarme contigo estando dormido, despertando sin un sueño al lado como cada mañana desde que ocurriste, sin marcharte, dejándome la vida a medias.

¿Dónde estás? El mar, los mares, la arena en los bolsillos, el metro, Sabina interpretado, flores de un metro, canciones a sotto vocce bailadas porque sí, inventándome sonrisas, libros con bombones, fonética francesa que te lleva esperando casi un siglo, una tarta de chocolate que te espera todavía, una piscina de croasanes al lado de la playa, la ropa en el suelo, las sábanas de cómplice y el resto de la vida en un fin de semana, la falta de aliento contra el tuyo, el catálogo que inventé para abrazarte, el miedo, la calma, los nervios, los atascos, los buses, la feria, la ausencia, el ruido, el pricipito huérfano de madre, la prisa, el cielo, y sin ti, todo es intemperie.

Queda poco, creo, y nunca he ensayado la virtud de ser paciente, la magia no acelera las esperas, tengo que volver a gritar preguntando, pero no me responde nadie.

¿Dónde estás?

miércoles, junio 01, 2005

En Cartago comprendí


Cita:
"En Komala comprendí/que al lugar donde has sido feliz/no debieras tratar de volver."
- J. Sabina, Peces de ciudad.


A veces, un trozo de la memoria asalta de repente, o te lo devuelven vía binaria en forma de besos que no han pasado, pero que todos recordamos. A veces, personas que nunca antes habías visto (y no volverías a ver, hasta que te dieron la sorpresa) se vuelven importantes como las cosas pequeñas, irrepetibles y vagamente ausentes, que son las que nos importan tanto, y nos decoran de magia sin trampa el resto del camino. Es lo que tiene cruzarte por un bosque cuando te pierdes, que no te encuentras, pero te mojan la cara un poco y se te olvidan las cosas que te duelen. Te olvidas de encrucijadas, de porqués, de trampas y de horarios, respiras un poco, verde por el norte y las cosas parece que tienen menos importancia.

Por eso las monedas las inventan con dos caras y a los lápices con goma de borrar. Porque a veces hay que darles la vuelta para enterarnos de cuánto vale, o tenemos que borrar el dibujo que nos hicieron al principio. Te sientas en una roca del bosque, hasta que te das cuenta de que ese no es el rincón que te tocaba. Eliges otra roca, esta vez sabiendo, y resulta que te encanta. No le puedes dar besos, es una roca. Y tampoco es el momento. Te levantas, saludas a los duendes que se escurren cuando pasas y sales del bosque a lomos del silencio, la sonrisa y la humedad. Y aunque pasa el tiempo, sonríes siempre que te acuerdas de la roca.

¿Y ustedes? ¿Han escogido ya su hada?

viernes, mayo 27, 2005

Mariachi contra Raimon

Hubo una época feliz en que Raimon, maestro armero y guitarrero, adalid del amor y la poesía, y un servidor de ustedes se cruzaron unos sonetos a modo de duelo en una lista de correo, detonando todo a partir de una visita en fallas a Valencia, donde lo conocí. Plagiamos descaradamente los sonetos de Sabina. Todo empezaba así:

Benditos sean los Raimons cuando riman,
y los chulos que lloran por la espalda.
Benditas sean las dueñas de las faldas
que en fallas pierden miedo y se te arriman.

Bendito sea el sabor de las canciones
mezclado con el vino de los cachis.
Bendito sea pasárnoslo tan chachi
en plena libertad, con dos cojones.

Benditos sean los fanes más lloricas,
los magos que son ninjas cantautores:
bendito y santo tú, mi primo hermano.

Bendito el piso que se necesita.
Benditos sean los sólidos rumores
de que en fallas, Valencia la quemamos.

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Y responde Raimon:
Benditas sean las noches por Pucela,
los tragos que nos faltan por tomar.
Bendita sea la falta de inocencia,
de niñas sin edad ya de jugar.

Benditos sean tus versos "Becquerianos"
escritos, y faltos por escribir,
las noches cantando en un gimnasio
"¿Quién me ha robado el mes de abril?"

Benditas sean las manos que juegan
con un as de corazones marcado,
que siempre acaba por aparecer.

Benditos sean los trenes que te llevan
hacía Valencia cualquier mes de marzo,
y te dejan con ansias de volver.

jueves, mayo 26, 2005

Joyitas

En el mundillo de la magia (aunque lo tengo un poquito abandonado hasta próximamente) existe una palabrilla en argot, "joyita". Es todo aquel juego sencillo de gran efecto. Es decir, algo pequeño, pero que vale mucho más de lo que indica su tamaño.

Ayer, magias a parte, hubo dos horas de joyitas en un concierto. Él se llama Javier Krahe, y desde luego, no necesita gritar para que lo escuchen. Es una pena esto de ser humano y olvidarse poco a poco de las cosas, en vez de tener grabado cada nombre de cada detalle y el instante de cada momento. De todas formas, me alegro de poder recordar mejor las sensaciones que los detalles, imagino que si no, nos volveríamos locos.

Un ratito compartido con una sala llena de gente que, por la vida, pasaba por allí, para olvidarnos del mundo y sus maneras, y dejarnps a nosotros mismos viajar a lugares que no existen, a embarcar en un viaje imaginario .

Y, de sorpresa y de gran final, mis dos canciones favoritas. De una ya hablé, pero leer la letra es sólo una sombra leve y sin color de lo que pasaba en el escenario. La otra, en fin, ocurre en un país imaginario, que es Suiza. Ya lo dijo ayer Krahe, el Suizo, sufre. Como el Neozelandés.

Me parece tontería describir más cosas. Si teneis ocasión de verlo... id.

Que me pongo recordar, y me apalanco.
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Javier Krahe es un cantautor madrileño que lleva casi treinta años en los escenarios. Aunque el término cantautor igual no corresponde con la imagen que él y sus canciones dan, ni con lo que ocurre en el escenario cuando canta él. Canciones resultan románticas tras la corteza del humor y a veces el desengaño, pero divertidamente positivo siempre. Apenas practica la canción protesta, porque como dice él "es divertido reírse de cosas que no han pasado, pero con situaciones reales da menos risa". Podeis ver más cosas en Proyecto Krahe.

martes, mayo 24, 2005

Soñé con ella

Estaba cenando con ella, me temo que nos enfadamos, muchas veces las palabras duelen y hacen heridas a traición por donde nos nos esperamos. Aunque tengo que reconocer que estaba preciosa. Salimos del bar sin hablarnos, y sin mirar a la gente, esquivando sus miradas, las nuestras y las gemelas de las nuestras en los espejos. No había nadie con quien hablarlo, ni demás comensales, ni ella, ni yo, ni nosotros mismos.

Aunque tengo que reconocer que estaba preciosa.

A la salida no hubo cruce de palabras, pero yo nunca he sido demasiado paciente. Ella estaba un paso por delante, con las manos fuera de los bolsillos, bastante vacías, bastante huecas, así que tuve que pecar, y en delito, cogerselas con las mías. Ella las apretó, nunca lo había sentido tan nítido, tan claro, tan cristalino. En un gesto simultáneo que nunca habíamos ensayado, aunque ha rebotado mil veces en mi cabeza la abrazé, desde atrás, rumbo a su cuerpo, mi pecho contra su espalda, besandole la nuca, y quizá el cuello aunque no lo recuerdo. Ella siempre huele bien, y a veces mataría porque el mundo oliese siempre a ella, o porque el trozo de tela que dejó abandonado no se hubiese olvidado de ella tan rápido y me dejase recordarla, un pedazo pequeño de ese olor que no me cansa nunca.

El resto está un poco confuso, sonó un teléfono y me despertó.

Resulta que era sólo el sueño de una siesta y que nunca había ocurrido. Me dolió un poco darme cuenta de eso, y traté de llamarla, pero no estaba. Se había ido, la realidad se impuso con un mazazo por dentro y dejñe de pronto de verla. No había sido más que mi imaginación jugando con ella-

Aunque... tengo que reconocer que estaba preciosa.

¿Por qué no hacer alpinismo?

Estos días que anuncian a gritos los carteles a Javier Krahe, y se dejará caer sin prisa y sin permiso mañana y pasado en el Café España, he estado repasando sus canciones para poder corear como corresponde cuando, de riguroso gris canoso las desparrame con gracejo y saber hacer para dejarlas encaramarse al humo de ese bar.

Hay un estribillo que me ha decorado el msn hace poco, y en el momento que dejo escurrir esto en el blog, diciendo "cuando todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?". Alguien, al verlo, me abrió una ventana, alegando que "cuando todo da de lado, ¿por qué no darse al pecado?". No se exactamente a que se referiría Krahe con el alpinismo, si es una alegoría de las suyas o sólo un chiste para inventar una sonrisa al atento y sediento escuchante (que no oyente) de sus canciones. Pero dudo que él quisiese ser literal. Pero está claro, cuando las cosas se rompen y no pueden arreglarse, ¿qué más da? Carretera, y manta, y nos vamos a hacer rapel. Simplemente, cuando lo que importa se rompe, rasga y se deshace, y llegamos al punto en que vemos que cualquier cosa cae en saco roto y que no se puede enderezar de ninguna forma y nunca podríamos cambiarlo, es el momento de cambiar de punto de vista, de olvidarnos, y pasar a otra cosa, y a ser posible, que no tenga nada que ver.

Un poco más maligno es mi amigo, el cual me es más cercano que Javier Krahe y suele tener momentos, la verdad, bastante brillantes. Imagino que quiere decirme que cuando todo importa nada, no sería mal momento para empezar a ser malvado y hacer lo que antes, por lo demás o por culpa propia (solemos ser nuestros principales culpables) nos estaba vedado, sedado, o prohibido. Aunque si nada importa nada y todo importa nada, tampoco hay hueco para el pecado, sólo se peca cuando sabemos que hacemos algo malo. Pero igual es el momento de olvidarse de eso y, simplemente, hacer las cosas sin pensar en los demás, porque todo da lo mismo.

¿Por qué no hacer alpinismo?
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La canción a la que hago referencia es "La Yeti (1ª parte)", del disco "Sacrificio de dama". La letra la encontrareis aquí.

Días de playa

Esta semana canta Javier Krahe en Valladolid. Acudiré, como es ley y como cada año, al Café España a escucharle. ¿No lo conoceis? Os perdeis el mundo tras la mirada privilegiada del que ve la belleza en cada pequeña cosa que ocurre. ¿Una muestra? Días de playa. Creo que hoy me encanta esta canción. Y dice el coro:

Ahora que tus besos no son cosa mía,
que escribes con otro tu autobiografía
mientras yo recuento las olas del mar
tumbado en la arena de una suave duna,
que si tropecientas, que si mil y una...
y a ver si con esas consigo olvidar

que arrancaste de cuajo
mi corazón sin fe,
pero aún con latido.
Mira, un escarabajo
que bordea mi pie...
ya se va... ya se ha ido...

Rompe cada ola dándose importancia.
Mal mirado, el mar es una redundancia,
pero es refrescante, y hace tanto sol...
que, antes de que, ardiente, te envíe un saludo,
a nadar me llevo mi cuerpo desnudo
y un ratito a braza... y un ratito a crawl...

y, después, hago el muerto
y me dejo mecer...
¡que placer cuando flotas!
Si tu amor es incierto
no es incierto el placer.
Y, en lo alto, gaviotas...



Bueno, ya me salgo, me seco, me visto,
recojo la bolsa y el sombrero y, ¡listo!
gazpacho y lenguado en Casa Tomás.
En la mesa aún siento cierta agorafobia,
pero el vino es bueno... ya vendrá otra novia,
ésa de ahí, tan guapa... ésa otra, quizás...

Sé muy bien que algo falla,
pero, ¿acaso hago mal
engañando a la pena?
Gracias mil a la playa
por su apoyo moral...
su granito de arena.

lunes, mayo 23, 2005

El Salmón

"Voy a seguir en otra dirección, la difícil, la que usa el salmón".

- Andrés Calamaro, El salmón.

Contracorriente a desovar, ignorando al mundo, el tiempo y las costumbres. Es el salmón que va en dirección contraria sin importarle que cuesta más. Es curioso, a veces me pregunto si el tal Salmón se ha parado a hacer un croquis de la vida para darse cuenta de que todo sería más fácil. Simplemente, no luchar contra lo que no puede moverse y es obvio que no va a cambiar de dirección, sentido ni intenciones, y dejarse llevar precisamente en la dirección que sería, para el curioso observador que pasaba por allí, más lógica, mejor, y más gratificante.

No logro entender al Salmón. Intento pensar como él, pero se me pone difícil pensar como piensan los peces. No comprendo qué fuerza extraña le empuja a desafiar a toda la Naturaleza en duelo mano a mano con el agua de testigo, y además, salir ganando. No creo que yo pueda o pudiese hacer eso, el agua en contra me pesa cada día demasiado más, y me empuja la corriente contra las paredes de agua del mundo, del río y las costumbres. Nunca me ha gustado que me empujen, pero si hay algo peor es que te vuelvan a empujar. Dolores con eco, como dice el poema que escribió una amiga mía, que duelen otro poco más, y otro poco más, y otro poco más y parece que nunca se deciden a extinguirse. En estos días turbulentos en que suceden las cosas entre lentas y demasiado rápidas, quizá pienso en ríos que no son los que debo nadar. Ya existen los puentes de tierra a tierra, que hacen sombra sobre el río, a lo mejor me toca a mi inventar un puente de río a río, para dejar de equivocarme con las corrientes, pararme en un lago que no me empuje, un rato para pensar, y olvidarme del mundo, del tiempo, y de las costumbres.

Y nunca en otra dirección. Ya sabeis, la difícil.

La que usa el Salmón.

martes, mayo 17, 2005

Reloj de gotas

Últimamente me preocupa el tiempo, parece que se me escurre de las manos sin poder hacer nada, un reloj de arena con cuentagotas, cada gota un momento que se muere sin haber podido haber hecho nada con él, o pero, habiendo podido y sin haberlo hecho. De todas formas, el tiempo de agua de reloj de cuentagotas va dejando caer ese agua en las heridas y las va limpiando, o enterrando con otras nuevas, o al menos, dejandolas lejos en el tiempo.

Hoy he hecho una tarta de chocolate, y me he dado cuenta de que el cacao que desayunaba él se está acabando. Otra cosa de ese señor que se apaga y nos abandona, aunque pongan en casa retratos en los que, obviamente, aparece disgustado de que le pinten y se disfraza con cara de mueca que no me suena. Mi hermano entrando por la puerta tose igual que él y se funde la realidad con la cabeza por un momento y te deja la tarde un poco más rota de lo que estaba.

Y estrenan películas que él hubiese querido ver. Espero al menor, que donde esté, no nos cuente el final. Que a veces se le escapaba.

Gota a gota, claro.

jueves, mayo 12, 2005

El mundo a través de un caramelo

El Náufrago se acercó a la playa. La marea, a su bola como siempre, y con el ritmo propio de las cosas que parece que sonríen sabiendo cosas que nosotros ignoramos, había arrastrado hacia la orilla una caja de madera. El Náufrago se acercó, tanteando la caja con el pie. Una leve pátina de algas le acarició un dedo al hacer esto, y viendo que nada se movía dentro, llevó la caja tierra adentro.

Su sopresa fue bastante grande al romper la tapa de madera (no pudo sacar los clavos y tuvo que romper las tablas). Estaba llena de piruletas. Nunca en su vida había visto tantos caramelos juntos, la caja parecía casi más grande en su interior de lo que evidenciaban sus medidas externas. Introdujo en la caja las manos, removiendo su dulce contenido. Era curioso, eran todas diferentes, cada una de una forma, envuelta de distinta manera, con un palito de plástico a veces, otras de madera, algunas de materiales que el Náufrago ni siquiera conocía. Había algo en esas piruletas que le llamaba la atención. Buscó en la casi volcánica erupción de dulces, un arcoiris de azúcar que había naufragado, como él, en medio del mar de sal que rodeaba la Isla. Trató de escoger una, pero era bastante complicado.

Descartó una amarilla, recordándose a sí mismo que el limón nunca le había gustado, era una pena porque era de plátano. La verde tampoco, odiaba la menta. Aunque no sabía que la piruleta de kiwi le habría encantado. Otra estaba rota, decidió que tampoco, aunque no pudo encontrar la otra mitad. A la siguiente le faltaba el palito, piruleta huérfana. Una más, vaya, sólo el palo, pero no era el de la anterior. Dos huérfanas seguidas. Desechó dos que llegaron sin envoltorio, aunque el interior no estaba mojado, se había filtrado salitre y humedad que las habían dejado en un estado bastante desagradable al gusto, al tacto y, claro, a la vista. Decidió que no entendía el por qué de la piruleta negra, y la dejó en la arena, para alegría de un cangrejo, que afortunado él de no poder ver los colores, dió buena cuenta de ella subido en una roca. Luego se echó la siesta. El Naúfrago (naufragando ahora en un océano de piruletas) hizo un alto en su naufragio de dulces, decidiendo dejarlo todo en manos de la suerte. Había sido ella la que lo llevó a la Isla, en la cuál no estaba del todo mal, así que qué demonios, voy a arriesgarme, dijo, y con los ojos cerrados metió la mano en la caja de sal por fuera, azúcar por dentro.

Sacó una sola, bastante grande pero no enorme. El envoltorio era de papel marrón, imitando el de un caramelo antiguo, igual que el palito, que resultó de madera (de un pino al que no preguntó nadie, pero es otro asunto). La miró, y le quitó el papel que la tapaba y protegía.

De pronto se dió cuenta de lo que le extrañaba del tesoro pasado por agua que el mar le había regalado.

Era la única piruleta de fresa.

Y le encantaban las fresas.

Ufano, la guardó en el calcetín y se dirigió con ella hacia la selva.

++continuará++