...es el principio y el fin.

miércoles, abril 26, 2006

¿Dan los olivos bonsai aceitunas diminutas?

Me acabo de comer un bote de aceitunas negras. Lo más grave es que ni permiso le he pedido.

Enfrentándome en una batalla un poco absurda contra la búsqueda de piso, una carrera que apesta y me revuelve las triponcias, una que sí me gusta pero que (su puta madre) tiene un temario como para que se te caiga encima de un testículo, un examen de esos vestido de negro y con palos de matar, y otras historias, soprendido y agradecido me quedo al comprobar que por mal que vayan los asuntos, siempre quedará otro bote de aceitunas.

Estos días habito de prestado en casa de una señora que grita, aunque cocina estupendamente, y me han dejado solo con una gata enfermita, un ordenador y un perrito piloto de un metro y medio (es un san bernardo aeroespacial).

La carrera no me gusta, estudio poco y me va bastante regular, no tengo un duro, me salen tomates en los calcetines, Aquella habita lejos, y huérfano de besos va y deja, no puedo hacer viajes porque me arruinaría, mi trabajo es menospreciado por la señora de los gritos y su hija (que dice que es mi hermana), mi otro trabajo (el de los aplausos) no acaba de despegar, me angustio, me estreso, ay, me agobio.

Empero, siempre nos quedará otro bote de aceitunas*.

Sin hueso, que me dan como alegría.
* jomolkala otra vez, Sam.

jueves, abril 13, 2006

Será que sí

El tito Bob suena, con esa de Mississippi, mientras en una casa que ya no es la mía, una señora empaqueta trocitos de la memoria de un señor que, como una bruja en Cuba predijo varios años atrás, se murió por culpa del corazón.

Bob, que se deja bigote y lleva sombrero, dice que puedes retroceder siempre, pero nunca deshacer todo el camino. Una canción que escribí con El Otro, cuando los dos hacíamos esas cosas, decía que nadie puede viajar sin maletas, y menos de memoria.


Me pregunto qué me pasa ahora que Madrid está lejísimos, que no me quiero levantar por las mañanas, ni acostar por las noches. Que la magia cada vez tiene más trampas, que me canso, que no llego y que no quiero. Pero claro, igual me equivoco de camino.

Que va a ser que sí.

Imagino que es hora de apagar a Bob y poner un rato al tal Melendi.

Como dijo el Rey.
__________________________
El elegante prestidigitador de la foto soy yo. Que nunca había puesto fotos mías. El local era El Bandush 101 (ahora, El 101), en Madrid.

viernes, marzo 24, 2006

Aquella

Se duerme, busca, duda, se incorpora, se cae pero luego se levanta, se ríe, se llora, se desmaya, jugando a jugar de damisela. Encuentra, lucha, enseña, halla, no sabe, prueba, se asusta, se equivoca. Se cambia, se desviste, me perturba, sonríe con los ojos bien abiertos, viene a casa y se acaba disipando. Camina, se yergue, me ilumina, deslumbra, me rompe, me seduce.

Se escapa, se funde, electrocuta, infarta; sueña, rebusca, come sushi. Se va, se exilia, zarandea. Navega, naufraga, se fuga a Barcelona, me obliga al avión, nos ejecuta.

Abraza, cae, descansa, se acurruca; alza el palo mayor de chocolate, se viste de demonia y de pirata, me roba los espejos, me amanece, pinta de pintura mis paredes. Revolotea sin ropa y con alillas en la oreja del verso que suscribe.

Aquella.

Me pido "segun"

Mi segunda camisa se llamaba kimono,
mi segundo poema se llamaba con quién,
mi segunda mentira se llamaba que mono,
mi segundo pijama se llamaba tu piel.

Mi segundo sombrero se llamaba chistera,
mi segunda batalla se llamaba wargame,
mi segundo teatro se llamaba Pradera,
mi segundo bolero se llamaba "Atame".

Mi segunta guitarra la tocaba un gaitero,
mi segunda princesa se llamaba por fin,
mi segundo destierro se llamaba aquí al lado,
mi segundo maestro se llamaba Joaquín.

Mi segunda teoría se llamaba tampoco,
Mi segunda baraja se llamaba Borrás,
mi segundo cerebro se llamaba qué loco
mi segundo reflejo se llamaba disfraz.


Todos nacemos en cualquier lugar,
me pido "segun" para naufragar
de la ansiedad,
de los que empiezan a soñar
mil noches sobre Bagdad,
que la mentira es verdad
tramposa en juegos de azar.


Mi segunda maqueta se llamaba mi vida,
mi segundo combate se llamaba allá voy,
mi segundo secreto se llamaba "prohibida",
Mi segundo de a bordo se llamaba Air Game Boy.

Mi segunda victoria se llamaba escenario,
mi segundo más largo se llamaba papá,
mi segunda vacuna me robó el calendario
mi segundo hechicero se llamaba Sabián.

Todos nacemos en cualquier lugar,
me pido "segun" para naufragar
de la memez
de los que quieren navegar
contracorriente a la vez,
que no me seas soez
a punto de despegar.


Me pido "segun".

miércoles, marzo 22, 2006

Olé, torero

Y parece que por fin, los ríos comienzan a encauzarse. No está mal, tras dos meses de mareos y derivas, empezar a enderezar timones. El traje negro siempre ayuda. En realidad, ambos trajes negros. El de matar, ese que lleva palos y espadas, y el de adivinar las cosas. Al lado está colgado el traje ese azul cobalto, que se usa para que los niños se rían, y vean magias, algunas tardes, o mañanas. A veces en un cole, otras en un centro cívico de esos, otras en un módulo de un centro penitenciario, con sus mamás. Max, el amigo Max, vuelve al ruedo en el sitio habitual y ya familiar el día 2 a las 21:30, con un número nuevo y varias ideas prestadas (plagiadas, dice el pepito grillo) de Annemann, Bob Cassidy y el recién descubierto Richard Osterlind, que es un mentalista que se parece a Zapatero.


Se me empiezan a pasar las ganas de que lleguen los días de mañana y empiezo a pensar en el hoy y, u en el ahora. Resolveré y resuelvo las cosas pendientes y el estómago lo tengo cada vez un poco más tranquilo. Este sábado me reiré, como cada año en la habitual cena anual de mi club de rol, humor friki para todos. Peligrosa reunión de gente peligrosa. La Dama Inquieta está muy dama ultimamente, y, menos mal, algo menos inquieta.

Menos triste por dentro, menos por fuera, supongo que se trata de alguna pasajera alegría reversible. ¿O no?

Lo vamos a pasar pirata. Es una predicción (palabra de mentalisto).

¡Besos!


PD: El señor de la foto es Theodore Annemann. Ya tienen ustedes algo que investigar.

lunes, marzo 13, 2006

La Dama Inquieta

La Dama Inquieta.

La Dama Inquieta se ciñe un sombrero pirata con calavera de colores, y katiuskas a juego, para cuando llueve a bordo y en altamar. En la cintura un sable, pero más cortito y con el filo recto, y un loro en forma de oso y que se llama Panceta sobre el hombro, que le cuenta cosas en secreto cuando no miran los demás. Guarda debajo de la almohada un cofre del tesoro con cartas que huelen a arena, a Sportman, a café, y una cajita intermitente donde coloca los bultos que el susto, traicionero en su patente de corso, le coloca en la espalda a ratos, o días.

La Dama Inquiera se asusta, salta, baila, abraza, es un poco mágica a veces: sube a la parte de arriba de la baraja con un pase sin truco, cambia de color y se pone roja (de celos, de risa, de ganas de matar), desaparece y aparece en otro lugar que nadie se esperaba, tramposa de ella. La Dama Inquieta se escurre por las sábanas y se menea, porque a bordo el mar, que hace de suelo, los barcos se balancean por las noches, y por eso dormir es divertido.

La Dama Inquieta es dueña del mar, y capitana de un barco de cáscara de nuez, al que siempre le sobra el viento, cuento tras cuento, y reposta en cada puerto por si acaso. La Dama Inquieta le puso nombre a las estrellas porque quiso y porque pudo, y saltó al abordaje del resto del planeta.

La Dama Inquieta.

martes, marzo 07, 2006

El asunto autoescritura

Un muchacho preguntaba en un foro para magos que qué demonios es la escritura automática. Los mentalistas que vamos de entendidos ráaapidamente procedimos a ilustrar pedantemente (que a veces nos creemos para psicólogos) al muchachuelo sobre la posesión corporal por parte de un espíritu y sus cualidades, modos, maneras, y como los grandes mediums del siglo XIX engañaban y asombraban a la aristocracia Victoriana con trampas que los magos (a chorizos no los gana nadie) no tardaron en esconderse en una manga.

A nadie se le ocurrió hablarle al chaval de los blogs. Y los ratos, frecuentes e infrecuentes en que ni siquiera sabes qué escribir, o sobre qué hablar, y se te olvida, claro, que eso a veces ni siquiera es importante. Que basta sentarse, y empezar a darle a las palabras, que ya ellas se colocan, y empezar a darle a las ideas, que ya ella se acomodan y se suturan las unas a las otras, formando un alegre monstruíto de Frankenstein que nadie entiende, salvo él, pero que ahí queda, como las manchas de grasa tras limpiarse con un pañuelo. Al menos, algo en la cabeza se queda más limpio.

Comentaba uno en el blog del primo que las rodillas se cansan de andar por cuerdas flojas, y que las brújulas se quedan sin pila si el rumbo no consigue establecerse nunca, jamás, en ningún momento, y son todo incertidumbres, y quizá, y ahora, y ahora no, pero que sí, pero tú primero, pero calla, pero dime, y ls lenguas que se muerden se acaban secando. Como sugería una vaca, en otras palabras, los diamentes son para siempre, pero el zen, no. La paz interior es esa marejadilla que yo no logro encontrar desde hace un par de años, y el mundo, y las islas y los naufragios en torno a la marejada impiden, una, dos, tres y otra vez que pueda calmarse nada. Ella lo dejó muy claro (entre otras cosas) que con ruido de fondo no se puede pensar. Pero como rezan y saben los telecos, la señal ruido existe siempre, y si esperas que sólo haya silencio para cantar, no existiría canción alguna. Y que no se trata de cadenas, sino de zapatos, y de ir dando pasos, pero ALGUNA VEZ se tendrá que tratar de querer darlos, no dejarse llevar indolentemente porque otra persona empuje en una dirección.

En otro orden de cosas, el periódico anuncia que las temperaturas por fin subirán, pero que el clima seguirá dando por culo, que en Castilla y en Marzo, es su obligación. En la sección de deportes, alguien duda si poner un anuncio de Se Vende Kimono Negro, y cree que no sería mala idea ir a casa de mamá a recoger el blanco, que aunque no es el de gala y tiene menos amigos, hace que nos preocupemos menos. Lo sabios que tienen manchitas en la toga calculan cómo no quemarse (páginas de sociedad), y la programación de TV anuncia espectáculos en el que los telépatas siguen sin saber qué demonios piensa nadie. La sección de economía no marea demasiado, y la cartelera sólo anunca más ciencia ficción, de realidades mejor ni hablar.

Y cada minutillo, todos más necesitados de psiquiatras, como el vecino del trastero.

Flipo con el puto cambalache. Y el pobre chaval sólo quería que le dijésemos que demonios es esa mierda de la autoescritura.

Tócate los huevos.

domingo, febrero 26, 2006

Vence siempre


Se trata de no dejarse menear por el viento, la marea, y girar los timones cuando se tuercen porque el agua, que ni responde ni tiene dueño, decide tocar las narices, y salir contracorriente. Por eso, disfrazados de ladrones, salimos a robarle la cartera al tiempo, para que pierda nuestra dirección y no venga de visita. Así, de peso (que ya es hora) guardamos en una urna de cristal (rompase en caso de natalgia) algún momento, que ya hace mucho que no archivamos ninguna cosa.

Y fijense, cosa curiosa, que cuando uno creía acostumbrarse a la presencia de Vacas Sagradas, Avatares de los Oscuros Dioses, Princesas de Papel, Trozos de Torimaki, Quejicas Fresas, Tunovios, Cantantes Melódicos y demás fauna pajarera y vestida de negro, llega el carnaval, y rizamos el rizo otro poco, aunque se apalanquen los culetes en lo de siempre, que, riediela, resulta que con gentes como esta, lo de siempre es como nunca.

Y hoy es domingo, y mientras Frésar se queja en su blog (que hoy tocaba), desprecintamos una baraja nueva, y haciendo trampa (no podía ser de otra manera) hacemos que la carta adivinada sea, abracadabra, el as de picas.

¡Vence siempre!

¿Qué carta era la vuestra?
____________________________

El Comité de Festejos les recuerda la cena del Viernes 3, no falten, las más distinguidas personalidades ya poseen su localidad.

miércoles, febrero 15, 2006


Y justo cuando empezamos cambiando los eslóganes, abrimos el librito aquel que un niño con rizos que quería ser mago se compró un domingo en la acera Recoletos (ciento cincuenta pesetas, de las de entonces), y encontramos el título de la segunda parte: La Magia del Pensamiento. Nos sorprendemos encontrando frases publicitarias que acabamos de abandonar, sonriendo sin saber si se nos ocurrió a nosotros, o de alguna manera, nos acordábamos de haberlo comprado en la acera Recoletos (¡ciento cincuenta piezas de oro de las de entonces!).

Ahora, espero, empezaremos a preguntar si en la sala hay algún telépata, y (esto se llama predicción), que nos salga un as de picas.

Y si alguien cree en la telekinesis...

... que me levante la mano.

viernes, febrero 10, 2006

Cambiando las preguntas


A lo mejor son los cambios, o el rumbo, o la isla nueva en la que planto la casita, y riego las maquetas. Igual que el cesto de la ropa sucia por escalas del dr. Venkman, se va dejando marchitar un cuaderno, hasta que se le caen las hojas. Sea como fuere, parece que en breve recuperamos el ritmo normal, y florecen palabrillas donde había huecos. El Parnaso resultó vecino del Paraíso, y el mar no estuvo nunca tan cerca, ahora que, el uno para el otro, aprendemos a hacernos flotadores.

A lo mejor es que los días, que salen más insulsos y menos boleriles dan para contar menos, ahora que duermo mucho y nunca se a qué hora. Al menos, se me ocurre un lugar para echar la siesta, y colgar, bondad graciosa, la chistera. Hemos descubierto que la cuerda de mechero también es mágica, y que las princesas, fijate, siguen siendo de papel.

Ya lo dijo Ray: ¡A por ella!

Y cambiando de pregunta, ¿hay algún telépata en la sala?

¡Comenzamos!

jueves, enero 19, 2006

Mis cinco extraños hábitos


Hago trampa y en vez de escribir y seleccionar dos veces cinco personas, uno el deseo de Koku y Seleka en uno, y procedo a jugar al fantabuloso juego de las cinco manías.

Las BASES son:

Escribir 5 extraños hábitos que tengas. Divertida reflexión rollito kamikaze sobre lo indulgentemente normal de nuestras vidas.

Seleccionar 5 personas que deberán responder a su vez a ese juego. Se incluirá un enlace directo a su blog.

Procedemos ya con el fantástico sorteo:

MIS CINCO EXTRAÑOS HÁBITOS

- LLEVAR siempre la contraria.
- Guardar los cartones de las cajas de cereales (¡y ya llevo 10 años!)
- Leer en el retrete. Pero midiendo el tiempo en horas. Y NO es broma.
- Terminar cada grano de arroz/macarrón/guisante que haya en el plato.
- Abrir los sobres de azúcar en ángulo recto.

¡Hay muchos más! Pero para eso, consulten mi biografía, a la venta en fermosos fascículos.

Y mis cinco elegidos son:

La Dama de Cartago

El Bicho Levantacejas

Bruixeta

Kutumancia

Marta a la deriva

martes, enero 17, 2006

¿Cree usted que puedo leerle la mente?

Piense en un lugar, un número, un personaje... concéntrese... tres, dos... uno... ¡Ahora!

Sentado en el tocón de una palmera merendando dátiles, el Once-again-náufrago se rasca los calcetines y lee un libro de trucos, y trampas de magia a la sombra de un pájaro dodo, que resultaron que (¡abracadabra!) no estaban extintos todavía.

A su derecha, con un peso total salado y color verde jade, el mar, acariciando, hora tras hora (lenta), la arena del borde de la playa.

La isla, que tiene formato de habitación se llena poco a poco acorralando al frío entre libros que cuentan cuentos de miedo, poemas y secretos para leer la mente. Don Javier vigila vigilante desde un póster, o cartel que robamos desnudando a una columna hace ya, algunos años. Los demás habitantes de mi nuevo archipiélago se preguntan, quejumbrosos que por qué hay armas de filo en mi cuarto, y otras sin él. Y en el interludio o entreacto, me compro una nueva bola de cristal, que al igual que las aspirinas (de Bayer, o no), siempre vienen bien.

Por las tardes meto una canoa en una mochila negra y me voy a hacer bailes regionales con palos, con filo y sin él, pensando en que al día siguiente a lo mejor hay que ponerse traje, para vender, o ser vendido.

¿Cree usted que puedo leerle la mente?

lunes, enero 02, 2006

Primer escalon


Empezamos en doble sesión estrenando calamidades y naufragando, entre lágrima y bolero, en los puertos habituales. Me sigo perdiendo y uso de faro a señores que van de negro, y a una niña que va de verde (hasta dentro de un mes). Hago recuento y no consigo entender qué pieza del engranaje es la que se nos atasca, y me acaba doliendo pincharme con las manecillas, y hacer daño, rollo volcán y explotando, a quien no debo, en lugar de abrir las alas, y volar, esperando un poquito a que la marea remita y me ahogue menos, para verle el color al vuelo de las sábanas.

Entre tanto, me distraigo un poco yendo a bailar con primos inter pares, al ritmo percutiente de danzas tradicionales que siempre acaban horizontales. Allá lejos, viejos amigos y maestros se acuerdan fugazmente de uno, aunque estén ocupados fingiendo estudiar y edificando un Shihanato.

Lloro, chillo, me enfado, pataleo, me río, remiendo, busco, me sorprendo, pregunto, arreglo, rompo, me quejo, hago daño, me incorporo, muerdo, engaño, martirizo, doy vueltas, elucubro, deduzco, me equivoco y me mareo.

Y obligo a la pobre a remendarme las calamidades.

martes, diciembre 27, 2005

Kioskos en la Gran Vía

En medio de la habitual ensalada de gritos, y haciendo oídos sordos, el más dicharachero reportero con rizos se niega a recoger lo que dentro de una semana ya no será su cuarto, porque nos cambiamos de barco y de naufragio. Sonreímos con la panda de hipócritas en las fotos fingiendo que nos aguantamos, acusando las costuras de los dobles fondos. La guitarra sigue muda y rota, y la primera cuerda, prima inter pares, insiste en romperse haciendo caso omiso a las musas a medias que les da por anidar de vez en cuando en la cabeza. El blog este donde escribíamos aventuras de tira y afloja, con y sin mares, cada vez sirve más para hacer sólo testamento, ahora que se muere una época y se tiñe el mundo un poco más de gris.

A punto de dar la salida, me pregunto si no me he equivocado de competición o de color de kimono, y este no es el torneo donde yo juego, y demasiado a menudo me asalta la duda común de creer que soy sólo el que mira, pero no toca. Cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario.

Al menos, y en medio de la ensalada habitual, los individuos de siempre siguen como putas regaderas. Les pondría un monumento.
Con más curvas que la M-30.

lunes, diciembre 19, 2005

Bultos en la espalda

Se acuesta para dormir, dando vueltas en la cama, y un bulto en la espalda en forma de caja de Pandora le impide soñar obligando a imaginar cáscaras de nuez en puertos que no tocan. El bulto-caja palpita cuando respira mal y le oprime el mundo y el corazón, colocando el ritmo de los ojos a la altura de la boca, encogiendo a la par que nos escondemos para no encontrarnos tras un trozo de lana, ahora que aprieta el frío, y que nada es mío.

Se acuesta para dormir, a mil kilómetros, en el Otro Lado del Mar, cada vez más lejos.

Pero a diez minutos.

viernes, diciembre 16, 2005

¿Diga?

Que no.

Que va a ser que no me entiendo. Que pasa que estos días las cosas vienen así, a la española, son orden ni concierto, y que a estos ritmos uno (y sus rizos) pues que no las asume, primo. Que cuando pasan de golpe, me soplan en la oreja, nos damos cuenta de las heridas después, en el momento que pasa el susto, y el corazón (que ya ni le damos cuerda) practica un poco el zen, y se nos calma. Y al calmarse, los golpes se inflaman y amoratan y nos concedemos el lujo, pequeño y más bien goloso, de recapacitar. Pero que tampoco sirve de nada, y le damos demasiadas vueltas, pero descalzos y siempre acabamos en el mismo bar, que se llama Ninguna parte.

Que no, que va a ser que no me entiendo. Que me duelen cosas que no tocan y las que tocan ni escuecen todavía, y pánico me da (como te digo una co, te digo la o) que me entren los picores cuando me aterrice el cerebelo, el cual, al igual que el equilibro, se han fugado a Montecarlo, de vacaciones, los pilluelos.

Que no, canastos. Digo coño. Que mordiendole los pieses al mascarón de proa no me da tiempo a ver el rumbo, y la brújula que se rompió hace poco apunta sólo en las horas impares, pero no en las lentas. Son cosas del magnetismo, aunque el pobre no tiene la culpa de no enterarse de que lado le vienen las hondas, y que ya somos dos los bipolares.

Que va a ser que no.

¿Es la cabeza de Marcos? Que se ponga el encargao.

jueves, diciembre 15, 2005

¿Y usted qué mira?

Llego cansado, me duele el cuello y la mochila se me clava en la espalda aunque una Vaca me alivie parte del camino. Los calcetines, mire usté, cada uno por su lado ignorando a los zapatos. No llueve, pero parece como que sí, aunque sea a ratos. Aparecen caramelos de repente a iluminar las noches, siempre sirve de algo. Me miro en los espejos y no me encuentro, acurrucado tras la toalla del baño y escondiéndome bajo el jabón, me esquivo disimuladamente y me he retirado el saludo. A ver si así, comento, espabilo un poco. LLegando a casa, cuelgo la ropa y me tiendo con ella un rato, que así me dará el aire.

Al año se me acaba otra vez, y esta parece que es para amanecer del otro lado, y en otra parte, y las dianas apuntan en otra dirección. Paseo por un hueco de la cocina con forma de nevera, acampando para evitar pensar, y a lo lejos el oído y una oreja avisan de que Tiene Usted Un Mensaje Nuevo. A la par, se abre una ventanita naranja en un ordenador, avisandome de que aún no sabemos qué coño de día es hoy, si ayer, o mañana. Pero nunca hoy.

Y la memoria no para de mirar atrás. Llega cansada, y le duele el cuello.

Y yo, sentado encima de un bolero, sin entender bien a quién echo de menos.

Pero sospechando.

sábado, diciembre 10, 2005

Ruleta rusa en forma de Revólver

Sintonizando con el ánimo, Carlos Goñi me apunta con el revólver estos días:

Decidieron compartir melancolías,
soledades y fantasmas a la par,
miedos locos, tristezas y alegrías
y juraron no engañarse nunca más.

Decidieron vadear el ancho muro
que separa la mentira del perdón
y revolcarse en el olvido hasta borrar
las heridas de una espina envuelta en flor.

Es mejor caminar que parar y ponerse a temblar,
es mejor caminar que parar y ponerse a temblar.


Hoy la vida les sonríe y Dios dirá
si el futuro les depara un buen color
regalándoles otra oportunidad
de empezar con su pie bueno ya van dos

y mil veces más tendrán que recorrer
la vereda más incierta y perdonar
mientras no les lluevan piedras les irá mejor que bien
ojalá que el sol no deje de brillar.

Es mejor caminar que parar y ponerse a temblar,
es mejor caminar que parar y ponerse a temblar.

Y confío en que no olviden el infierno
y los motivos que les llevaron allí
y que la vida no les guíe hasta lo negro
espiral de donde no hay forma de salir

Una lágrima es mayor que el mar entero
cuando el viento lleva a lomos la traición,
porque la vida se convierte en un invierno
tenebroso para dos

Es mejor caminar que parar y ponerse a temblar,
es mejor caminar que parar y ponerse a temblar.

viernes, diciembre 09, 2005

Un velero llamado libertad

Se me ocurre que es abrir una ventana, y ventilar cuando ya tocaba, aunque cuentan que hubiese sido mejor antes. Se trata de despertarse con arena de un sueño Al Otro Lado Del Mar escurriéndose en los dedos, y enfrentarse a la realidad, que ya nos toca. Aire nuevo en un velero que se llama, Perales (que sabe mucho de estas cosas, aunque se haga el moderno con chupas de cuero) contaba, Libertad. Una hojita nueva en el cuaderno de fingir que hago boleros, después de tangos con tachones, con esas cosas que tienen los tango de herir sin matar, y de hacerse inolvidables.

Y el libro aquel a medias que se llama con su nombre, saluda con la manita, contento de no tener que bautizarse de nuevo. Creo que la memoria de echar de menos debe ser justa con la de las manos, y dejar los nombres a las cosas que corresponden, cuenta un soneto de uno que se equivocaba. Y las horas lentas en los relojes pequeñitos se acaban a la vez que las monedas de monederos de plata que viajaron mucho más lejos de lo que les hubiese tocado si se hubiesen quedado en casa. Cerramos las maletas de marcharnos lejos, recogemos los zapatos de ir a buscar aunque nos llueva, mira que me mojo, no importa, pobre, un beso, y me pongo una bufanda pendiente de comprarme que me quitará, digo yo, el frío que nos queda por dejar caliente.

Borro la pizarra en la que me enseñaste a sumar dos contra el mundo, y a equivocarnos sumando, pero pagar la suma de las cuentas siempre un poquito más tarde. Rompo las pinturas verdes, guardando un poquito en una bolsa en la que hay armas de la edad media que cortan menos que acordarme, y me ato los cordones de las botas de irme un rato de mi mismo. O dos. En un recóndito bolsillo, tarjetitas del Teatro Antiguo se me mezclan con la nota de Telepizza de la última vez que te acariciaba. Malos días estos en que el sol se nos esconde, dentro y fuera de los ojos.

¿Y ahora? Pues abrir las alas. Y volar.

A contraviento.

miércoles, noviembre 30, 2005

Cogiendo el vicio

Rompo las cartas que ha enviado, dándome cuenta, otra vez, que nunca ha pensado lo que decía, que nunca fue verdad, que sólo era un susto. La espiral de siempre empieza, definitivamente, a dejar de trazar círculos excéntricos, y se lleva con ella todas las fotos que, resultaba inevitable, usaban doble fondo, aunque dije que nunca mentiría. ¿Está seguro de que desea eliminar estos 102 elementos? Pensaba que eran menos, pero sí. Iluso de él, se creyó la pose provocada por el susto, y la realidad, que siempre estuvo presente, se empieza a hacer evidente de manera que, ni siquiera cosméticos de cartas de café, podrán maquillarse de nuevo.

Libre ahora de retratos de broma y vacaciones, cambia de forma un libro, y una cuarta parte de él permuta el título, dado que el que tenía nunca fue el correcto, a estas alturas, en que barlovento es una broma, y nunca habíamos dejado de ser Náufragos, en puertos privados. El viento, que nunca estuvo a favor alega inocencia, diciendo que él es un mandao, y que no tiene la culpa. Lo dejamos marchar, con vigilancia preventiva, para que no vuelva a soplar del mismo lao. Porque el pobre, en su inocencia, ya le había cogido vicio.

Disculpadme las tres que creías que este post de este rato sería la sorpresa que leísteis para ella, pero la he roto, si puede hacerse eso con algo que no es de papel.

Pero dije que nunca mentiría.

¿O era mentira?