...es el principio y el fin.

sábado, noviembre 25, 2006

Desde Mérida con amor

La experiencia es un conocimiento traicionero que adquirimos siempre después de haberlo necesitado.

Irónico, pero real, y doloroso a veces, hilarante otras. Conozco a un mentalista que nunca se volverá a dejar su equipaje dentro del maletero de un coche de línea.

Ayer, a las 22:45, en el Pub Blues, garito precioso, con un tamaño perfecto que permite público e intimidad, y un improvisado equipo de sonido, Max Verdié presentaba La Magia del Pensamiento por primera vez en Villafranca de los Barros, Mérida.

Cómo me gusta hablar de mi.

Reflexionando en el Hotel Diana (tres estrellas, barato, estupendo servicio: vayan) me acordé de un trocito de pasado con barriga y una baraja que se llamaba Pove, Magic Pove, mi único amigo de verdad en el trapero y trapaz mundo de la magia. Mi amigo Pove hubiese disfrutado ayer como un enano zoófilo en una pollería (momento Rafa) viendo actuar con desagradable desparpajo a un par de esos que él y yo (¡magos malvados!) llamabamos "espectador tocacojones". Sorteados con arte torero y casi una patada en la boca cuando uno de ellos se abalanzó desde la primera fila a coger una cosa que lancé al suelo, se logró hacerlos callar in extremis leyendole el pensamiento a uno. Y lo crean o no, lo que estaba pensando era "polla". Así son ellos: perfil unívoco.

Pero Sodoma hubiese sido salvada con sólo un justo, y condenar Babel (extremeños: saquense la piedra de la boca) por dos pecadores, sería un ejercicio asaz mezquino. Un público excelente y divertido, participativo, generoso en el aplauso y con ganas de pasarlo bien. Un regalo maravilloso que te dejan de vez en cuando, menos divertido de contar que la hazaña del amigo Ángel Piensaenpollas, pero mucho más gratificante.

Damas y caballeros, este aplauso va por ustedes...

... en tres...

... dos...

... uno...

¡Ahora!

__________________
Soy Max Verdié... bienvenidos a un espectáculo en el que todo es mentira.

miércoles, noviembre 22, 2006

Cansada de esperar (la Verónica Mitad)

No es el flaco, ahora que está más gordo tras (jura) desintoxicarse. Atrás nos deja la leyenda de un porro por cada tecla blanca de un teclado. Ladys and gentlemen, Andrés Calamaro.


Media Verónica despierta
le molestó la luna por la ventana abierta...
llego una carta desde el frente
el cántaro se rompe
y se seco la fuente.
Va a decidir que hacer cuando despierte
del todo
y borrar con la mano lo que ayer
escribió con el codo.

Habrá que ver
si la crónica verónica reacciona:
la verónica mitad
tiene muy poca maldad,
pero está cansada de esperar.

Media verónica esta rota
no tiene muchos años
pero le hicieron daño,
rompió una lanza por la risa
pero no tiene prisa
y se ríe muy poco.

No va a saber que hacer
cuando no sople mas viento,
no sabe distinguir el amor
de cualquier sentimiento.
Quiere vivir
una vida diferente cada día:
la verónica-mitad
esta en la flor de la edad ,
pero esta cansada de esperar.

En la ventana hay una nota:
el pájaro no vuela, tiene las alas rotas.
Media verónica lamenta
que el tiempo se consume
y lo demás no cuenta.
La vida es una cárcel con las puertas abiertas.

Verónica escribió en la pared
con la tripa revuelta.

Nada que ver
no habrá flores en la tumba del pasado,
la verónica mitad
dice siempre la verdad
pero está cansada de esperar.

martes, noviembre 21, 2006

Concursando de nuevo

Llenita de mil dudas, la princesa,
huérfana está de besos del ombligo,
solita está, sin casa y sin abrigo,
la pobre de mil dudas está presa.

La bella con sus dudas me embelesa
y me obliga a pensarme lo que digo:
y digo que el pijama fugitivo
se esconde a metro y medio de mi mesa.

¿Miedo? De sobra sé que eres más fuerte.
¿Susto? sólo me acehca el de perderte.
¿Dudas? Mordedme ya, que luego es tarde.

El día que te escueza la cabeza
y te arañe con dudas la tristeza
me fuga usted mí: yo soy cobarde.

lunes, noviembre 06, 2006

Cruzar a cualquier parte

Mira, y de reojo, me decora el mundo y lo ilumina (verde, y rosa donde ella sabe) quitándome el gris de los rincones. Sonríe mordiéndome en la fiebre y la falta de sueño me la arregla a besos. Náufrago y huérfano y náufrago y huérfano y náufrago en el sofá, la eché de menos nada más tumbarme, en la piel y en la memoria de los huesos. Navegando al borde de la inconsciencia debajo de una manta, sin sueño y el paladar enrojecido, Ella me humedece los labios con trozos de mar, quién sabe robados donde, abordándome en su cáscara de nuez, princesa a contraviento.

Mira, y de reojo, no hace falta la luz, ni el viento, ni todo lo demás, y puedo pisar de nuevo el suelo sin caerme, y la llevo en brazos y de allí no se suelta, cantando nanas a un niño en un libro roto, sentado en su habitación, paseante del cretácico, peinado con raya a un lado y con su libro, mitad dinosaurio, mitad juego de química, que sabe que le querrá dar la mano para poder cruzar.

A cualquier parte.

lunes, octubre 30, 2006

Koryu (la antigua tradición)

Me ha sido transmitido un Koryu (antigua tradición), que consiste en escoger un grupo o cantante, y responder una serie de preguntas. Al final de la lista, añado yo otra pregunta. Hagan lo mismo. Pasen y vean. El grupo o cantante es... ya saben, ese que canta:

- Banda o grupo elegido: Joaquín Ramón Martínez Sabina.

- ¿Eres hombre o mujer?: Juana la loca.
- Descríbete: Tan joven y tan viejo.
- ¿Qué sienten las personas acerca de tí?: Como te digo una "co" te digo la "o". Y "Esta boca es mía".
- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Oiga, doctor.
- Describe tu actual relación con tu novio(a) o pretendiente: El rocanrol de los idiotas*. Y el "Romance de la gentil dama y el rústico pastor".
- ¿Dónde quisieras estar ahora?: Contigo. Princesa.
- ¿Cómo eres respecto al amor?: ¡El Capitán de su calle!
- ¿Cómo es tu vida?: Como un explorador.
- ¿Qué pedirías si tuvieras un sólo deseo?: Más de cien mentiras.
- Escribe una cita o frase sabia: Yo también sé jugarme la boca.
- Ahora despídete: Carguen, apunten, fuego*.

La pregunta que añado yo es:

- ¿Dónde andaremos mañana? A la orilla de la chimenea.
_______________________
* ¡Riesgo extremo de LRV!
** y después, "Quédate a dormir".

miércoles, octubre 25, 2006

Me plantó la princesita azul

Ella lo entenderá al revés, siendo fiel a su LRV. Pero no sale de mí, sino de ese que canta. a veces, en vez de pisar el mundo, sólo apetece blues:

Rana salió
la princesita:
falda, tacón
y unas braguitas
de quita y pon.
Rubia de bote,
sin corazón,
y en el escote,
la ermita del deseo,
donde se arrodillan los ateos.

No era mujer
para un poeta.
La liquidez,
era su meta.
Mi sex-appeal
cayó en picado
cuando me vi
hipotecado
y en mitad de un blues
me plantó la princesita azul.

Luego volví
donde el olvido,
que es un país
tan aburrido...
Terca pasión,
dulce tormento,
yo, tan mayor
y no escarmiento.
En mitad de un blues
me plantó la princesita azul.

Se me dormía
con la Novena;
no digería
"La Magdalena"
de Marcel Proust.
Si me pillaba
cantando un blues,
me regañaba;
pero en un colchón,
mejoraba mi mejor canción.

Luego volví
donde el olvido,
Mi único amor
correspondido,
Terca pasión,
dulce el tormento,
yo, tan mayor
y no escarmiento.
En mitad de un blues
me plantó la princesita azul.

martes, octubre 17, 2006

¿Dónde van los calcetines?

¿Dónde van los calcetines que pierden la pareja en el éxodo de lavadoras? Hoy, cosa curiosa y me temo que demasiado habitual, me he despistado un momento entrenado y he visto un saco enorme que contuvo patatas lleno de ropa, que a veces empleamos para golpear, con puños, y a veces patadas.

Una fugaz e inconsistente reflexión me roza la consciencia y se apaga, dejando al saco lleno de ropa esta vez lleno de interrogantes. Resulta que ese saco fue cedido por un compañero de entrenamientos, y la ropa que lo sustenta por dentro y le hace cumplir su objetivo de saco en esta vida triste, fue donada por todos nosotros, los ciento veinte, quizá más, quizá menos del grupo ese de señores vestidos de negro que dan patadas.

El saco habita una esquina de una instalación deportiva de la Universidad de Valladolid, infraestructura en ruinas que alberga y quita el frío de la lluvia de la meseta a ninjas, practicantes de taichi y de yoga, karatekas y judocas, señores que se aprenden a defender, y cuenta la leyenda, que en cierta ocasión, a bailarines de salón. Todos compartiendo suelo, sudor y cucarachas, indígenas aborígenes por derecho propio de la mazmorra en la que entreno.

Nadie, salvo nosotros, sabe que existe ese saco, reposando cansado e incolgable en una esquina de esa mazmorra.

Parece mentira que en una época en la que cada persona tiene un número y un chip en la tarjeta que acredita su identidad, quede un refugio pequeño, un hueco en forma de saco alrededor de la realidad del que nadie, salvo los que le dieron vida con camisetas viejas y calcetines viudos, conoce su existencia. Una isla desconocida que nadie echará de menos, porque no existe en ninguna lista, en ningún inventario, en ningún registro.

Huérfano el día de mañana, cuando deje de ser una ilusión y propiedad colectiva semioculta en una esquina de mazmorra.

¿Pero hoy? Un estandarte que contuvo patatas y que hoy nos recuerda que siempre es posible dar esquinazo al mundo, y que pese a todo, siempre quedan trocitos de libertad.

Por todas partes.

miércoles, octubre 11, 2006

Caminando por la vida


Poniendo a toda pastilla al amigo Melendi, para que entre el ritmillo por bulerías, como diría Paco el Nigromante, cerramos círculos, ciclos, y caminitos de Jerez.

Un año más, que no me ha gustado salvo detalles, se borra y se escapa, quedándose en la memoria y en la tensión acumulada. El primer señor que llamé maestro, y primero en enseñarme a tirar a otros señoeres al suelo decía que se aprende más cuando se pierde que cuando se gana. Así que lejos de olvidar este año malo, y su mala primavera, tomo nota en los márgenes del cuaderno de escribir cosas sin formato digital, y corrijo lo que, esta vez, que ya no quedan cartuchos, tiene que salir bien. Mañana haré efectiva, y espero que eficaz, la última matrícula de la carrera que me aleja, un año más, de la paz y la cordura. Y la magia, traviesa, inconstante y veleidosa (amante de lujo, y muy esquiva), me ofrece, como suele, su mano y demás cuando se me vuelve oscuro el mundo: aparece, con focos y un micrófono nuevo, para hacerme olvidar el mundo por un rato. El Café teatro, cómplice de ideas y fracasos, se abre de piernas y telón otra vez el día 29. Y abrá más sitios, y espero veros, y que me leais el corazón a través del pensamiento.

Los kimonos, en negro y plena forma empiezan el doloroso rodaje del principio, y me permito el irreverente lujo de abrir otra página en blanco con mi vida.

Por otro lado, España se sigue cayendo lingüisticamente a pedazos, cada día gruño más por el idioma, y no consigo soportar los mensajes de móvil con abreviaturas. Demasiado reverte, demasiado Sabina, demasiado Savater.

Pero la vida, y Ella, son maravillosas.

lunes, octubre 09, 2006

Viva la madre que nos parió

Tiempo ha que el flaco no nos honraba. Me uno a la ola de españolismo, vía Joaquín:

Mater España

Máter España
de barba peregrina,
que falta a misa de doce,
que no conoce rutina,
masona, judía, cristiana,
pagana y moruna.
Máter España,
más guapa que ninguna.
Madrastra España
a la hora de la siesta,
la puta que se enamora,
la fruta que se indigesta,
que al filo de la cucaña
mira pa otro lado.
bendita España
de Azañas y Machados.

Cómplice España
tormento redentor,
Perejil, Ceuta y Melilla,
cotos de caza menor,
catalán, galego, euskera,
lacandón, Castilla,
tópica España,
fibra óptica y ladillas.

Huérfana España
raíces y cimientos,
epidemias, cicatrices,
blasfemias y sacramentos,
¿por quién doblan las campanas?
San Fermín en vena,
la de Triana
contra la Macarena.

Judas España
del mus y del café,
Al Andalus, Malasaña,
gitanito aserejé,
la del mono azul cobalto
y el caballo verde,
guardia de asalto
que ladra pero muerde.

Chusco y legaña
de todas o ninguno,
tricolor bandera blanca,
Millán Astray, Unamuno,
cervantina cojitranca
de áspero pasado
¿Quién me ha robado
el siglo veintiuno?

Máter España..
______________________________
"Mater España" aparece en el disco "Alivio de Luto", de Joaquín Sabina.

jueves, octubre 05, 2006

La Madrina de Hierro

Se llama Adela, pero toda la vida la he llamado Madrina. Y como yo, todos mis hermanos, aunque la única ahijada según una iglesia de Palma de Mallorca, sea mi hermana Laila. Pero a ella, que aunque es pecado siempre se toma un whiskito antes de la procesión de la soledad (ataviada de Manola, y como camarera Mayor desde hace casi cuarenta años), nunca le ha importado, y se ha dedicado, ignorando por completo que nuestra sangre y la suya no tienen nada que ver, a apadrinarnos a todos, a golpe de cariño, y desde una enternecedora extrema derecha, nostálgica, pero muy comprensiva.

La Madrina, a la que llaman Marichu todos sus amigos (menos un señor con barba, que la llamaba Maruchi, pero es que él era así) ha tenido un susto gordo. Uno gordísimo, pero en su habitual estilo de invulnerabilidad de señora de la postguerra, quiere quitarle hierro al asunto, y evita quejarse, y ya intenta ponernos a todos firmes y sonreír un poquito cuando mi hermano Gabi va al hospital a visitarla con una que dice que no es su novia, y La Madrina la piropea y le dice guapa, y ella sonríe y se despide con un beso de una señora encantadora, a la que (la pobre niña ignora lo que se ha perdido) es la primera vez que ve.

El susto este que ha tenido la Madrina de Hierro ha sido en su casa, un piso precioso lleno de huecos, de libros y de cosas en las paredes que a veces nos regala antes de que se las pidamos, supongo que nos lo huele en la mirada, una casa en la que el despacho de Rafa (el Madrino) sigue intacto como si fuese ayer el día que nos dió el último caramelo, haciendo un chiste a través de la traqueotomía que sólo mi padre entendía.

La pobre e indestructible Madrina resbaló, o se desmayó, dice que no se acuerda, el Lunes por la tarde, rompiéndose seis costillas, la clavícula, perforándose un pulmón y quedándose, solita e inerme, tendida en el suelo, recuperando a ratos la consciencia, sin poderse levantar, sin comer ni beber y con el pulmón aquel encharcándose, hasta el miércoles por la mañana, cuando su asistenta la encontró al ir a hacer la limpieza, como todos los miércoles.

La Madrina ayer parecía diminuta en su cama del clínico, con los ojos azules y pizpiretos muy poco azules y muy poco pizpiretos, llenos de miedo y rezumando el susto que había pasado, y, me temo, un susto mucho peor que le entra a la gente mayor cuando el mundo se le cae al suelo. La Madrina casi no podía ni hablar, estaba levemente desnutrida y muy deshidratada, y casi dos días sin beber vistos desde ochenta y dos años, son una absoluta eternidad en la que parece dolerte todo. Un tubo incrustado en su costado drena sin pararse la sangre del pulmón, y tiene sed cada minuto.

Hoy, jueves, ya hablaba, algo más alegre, con el miedo de los ojos rebajado por las cientos de visitas que, ríen las enfermeras, parece haber recibido, comía ella sola y sentada en una silla, y le dió tiempo a quejarse por tener que usar la mano izquierda (ella, y cito, la izquierda ni para merendar) y a darnos un par de órdenes, ponernos firmes, y decirnos que estudiásemos. El costado derecho sigue doliéndole horrores y apenas puede levantar la mano, y el drenaje, incómodo salvavidas de emergencia, prosigue su lento trabajo, doloroso e imprescindible, testigo mudo de la poca sangre que queda ya fuera de su sitio.

Me despedí de ella esta tarde prometiendo ir mañana al salir de clase, y se quejó diciendome que no me molestase y que fuese a trabajar, o que estudiase. Le dí un beso y me devolvió una mirada azul, y más pizpireta, desde luego, que la de ayer. Y sé, claro, que menos que la de mañana.

Se llama Adela, La Madrina.

Y siempre ha estado.

jueves, septiembre 14, 2006

El Hijoputa del aspersor

Que hay mucho hijo de puta suelto.

Pero no nos precipitemos. Primero lo primero.

Como algunos ya saben (la prince, la vaca, el kohaiesco), me ha dado por ir a correr por las mañanas, con la vana (¡ay!) y lamentable ilusión de que el Junan nos coja confesaos. El Junan es como llaman los japoneses al espanto hecho ejercicio, y es un horror que realizamos sustituyendo los entrenamientos habituales de dar patadas y lanzar estrellas de cuatro puntas por correr. Y correr. Y seguir corriendo. Y correr. Hasta vomitar. Pero hacerlo corriendo, porque NÓ* puedes parar.

El mundo se desdibuja a tus pies mientras la falta de oxígeno (y de gordos que corran menos que tú) nubla tu percepción y embota tus sentidos. Náuseas legamosas aporrean el estómago amenazando con escalar, vía esófago, a la garganta, y allí paz y después gloria. Los pies pesan y cada zancada más es una agonía de dolor lacerando los pulmones. La sangre se vuelve espesa y cada latido cercena venas y capilares, mutilando el sistema circulatorio, mientras el cerebro grita, inerme, que TE PARES DE UNA PUTA VEZ.

Y allí, en lontananza, en los pocos instantes que eres capaz de enfocar la visión moribunda por la falta alarmante de azúcares, se ven, alegremente frescachuelos y divertidos con el ejercicio, los atletas de siempre desafiando a mi sofá, mis tapas de verano y mi litera de siesta obligatoria de campo de trabajo.

Que salgo a correr. Y lo hago por las mañanas, en un alegre parquecillo al lado del piso donde habito ahora, a ser posible mañaneramente, cada día, no con mejor resultado, pero sí con uno menos lamentable. Al acabar la carrera (y BASTA YA de hablar de correr), con eso de que me creo ninja, practico un poco pateos, posturitas y golpes varios a la sombra, cual folclórica, de los pinos, para deleite y asombro de abueletes paseantes, borrachines vespertinos (vamos a uno nuevo por sesión), locos monologuistas, y paseantes y paseantas de perros y perras**.

Pero nunca había reparado en los jardineros. Hoy, como siempre, mientras me castigaba el cuerpo al estilo ninpo golpeando con las manos un robusto árbol, ví a lo lejos cómo dos jardineros charlaban entre ellos, mientras miraban de reojo al chalao de las patadas y los golpes a la maleza. Qué majos y dicharacheros, pensé.

Y una polla.

Al rato (al segundo), un aspersor oculto brota de nada dándome, por culo y en la cara, sin avisar y sin pedir permiso. Me cambio de árbol y amanecen otros tres aspersores, con turno de mañana y las ganas de joder que el jardinero, imagino que falto de frotamientos, destila hoy miércoles, de ceniza.

Pero, como pa chulo yo, ahí me quedo, al semirresguardo de uno de los arbolillos, mientras, infaustos, algunos escupitajos de los aspersores me seguían salpicando, ignorando el descojone de los jardineros (ella y él).

Acabada mi sesión de golpeteo, pongo rumbo a la orilla entre césped y arena, y a mi paso, uno tras otro, y sin excepción, todos los aspersores decidieron saludarme.

Y a 7 metros, el bastardo jardinero que vive reprimido porque no se folla a su compañera entre las matas, jugando al tiro al ninja, versión pato mojado.

Tranquilamente salí al camino, estiré un poco las articulaciones y ligamentos de las piernas, y practiqué dos golpes al aire.

Los mismos que en mi cabeza, le daba en la puta cara.

Cojones.


Que hay mucho hijo de puta suelto.



* en idioma shihan en el original
** ya lo se, Mu: demasiado Reverte.

lunes, septiembre 11, 2006

101 cosas que hacer en gravedad cero

1 nombre, 2 apellidos, 3 kimonos, 25 años, 175 centímetros, ochenta mil quinientos setenta gramos, 6 cuerdas, 5 pisos, 175 euros cada mes, 157 poemas, 62 sonetos, 3 libros en la mesilla de noche, 1 cama con 1 hueco, 2 gremlins, 3 posters, 2 números de magia,1 cuenta de ahorro, 5 campos de trabajo, más de 200 compañeros, 1 instructor, 1 maestro,8 pares de zapatos (talla 42), 26 camisetas, 14 años de blanco, 5 de negro, 28 libros de magia, 1 maletín y llenos, 3 cajones, 1 par de tabi, 2 altavoces, 15 discos de Sabina, 9 libros de poesía, 1 libro presentado a concurso, 2 blogs, 3 hermanos, 1 kohai, 9 campamentos, 3 piraguas, 1 caña de pescar, 15 volúmenes de la enciclopedia de los dinosaurios, 1 capítulo de marines espaciales, 3 pisos, 1 casa, 1 club de agentes y espías, 6 recopilatorios de Mortadelo, 1 mapamundi, 1 espejo por delante, 1 espejo lateral, 8 bolas de esponja, 3 varitas, 1 varita regalada al primo, 12 canciones con aquel, 2 conmigo, 8 libros de artes marciales, 2 sombreros, 1 chistera, 1 pitufo judoka, 3 medallas (ninguna sobre el escenario), 2 poetas favoritos, 5 Alatristes, 1 par de gafas de ver desenfocado, 8 pinceles, 59 botes de pintura, 9 escuelas, 2 pizarras, 29 actuaciones, 3 peleas, 1 corazón (magia) roto y recompuesto, 1 musa, 1 princesa de papel, 1 mar océano, 1 mar menor, 2 brújulas de plano del señor con barba, 2 mosquetes, 1 sable de caballería del abuelo, 1 cuarto de alquiler, 3 cerditos, 52 naipes, 1 comodín, 1 carta de café, 1 Lourdes, 2 grupos cristianos, 1 grupo de chavales animados, 3 personajes, 1 resto de la vida, 7 días por semana, 1 tatuaje, 1 vida, 1 encuentro.

Ciento una cosas que hacer en gravedad cero.

lunes, agosto 28, 2006

La histeria habitual

En medio de la histeria habitual de la semana antes de exámenes, me retuerzo maloliente y sin saber si el viernes me echarán del piso. En el ínterin, preciso un compañero que habite la habitación que desocupo, vuelvo a ser completamente pobre y menos mal, que ese mismo día, aunque me saque a patadas la guardia civil, volvemos a entrenar.
Y dice el coro:

Mil rápidas palmadas me enseñarán

a mantener eternamente puros corazón y cuerpo,

y me otorgarán su protección, para cumplir con el código del Ninpo,

venciendo los deseos oscuros de mi corazón:

cada nueva experiencia encierra el potencial para nuestro perfeccionamiento y nos acerca a la iluminación.

(Y he comprado incienso, y NO tengo una olla exprés.

A mi un día me da algo. Menos mal que ya estrenan Alatriste).

jueves, agosto 24, 2006

Huérfanas del espejo equivocado

Eran veinte, y todas preciosas.

Sí, bueno, es verdad que dos de ellas eran preciosas de esa manera en que se es preciosa cuando hay que mirarte siendo tiernoy entendiendo lo espantoso del suelo del mundo que estás pisando, pero me atrevo a creer que no me equivoco diciendo que lo eran todas.

Eran anoréxicas unas. Bulímicas otras. Cada una en un momento, en un momento doloroso de una enfermedad que la mayoría ni siquiera entendía, que pocas aceptaban, para la que sólo algunas veían una salida, no ya cercana, sino por lo menos, no más lejos que el resto de la vida.

Y no es un eufemismo. Aunque mi amigo Nicolás (que se ríe siempre por fuera por mucho que llore por dentro) ya me lo había explicado, con acento asturiano y un cariño que a veces asusta y hace sentir envidia, la verdad es que no me lo esperaba. Mi imagen mental, claro, imagino que os pasará a todos, era la de un grupo de niñas escuálidas y casi adormecidas, bien por el miedo, o los fármacos, o el hambre que se niegan a aceptar. Y a mi primera frase os remito. Es curiosa la sorpresa al comprobar, in situ, de viva voz, que son todas guapas, que son todas bonitas, que son todas inteligentes, y qué incapaces seríamos todos de no verlas preciosas en un espejo.

Todos. Salvo ellas.

Sorprende, después de eso, la ternura y el calor con que te acogen, cuando llevan ya una semana de campamento y todos los grupitos están hechos, sin saber quién demonios es ese de rizos que dice que viene de voluntario, sin saber que es el mago que va a actuar esa noche, sin saber que se irá al día siguiente de sus vidas, fugaz, y la verdad, un poco (bastantante, coño) asustado.

Te sorprende el miedo de algunas, la ira que esconden detrás del ojo pintado, la ropa de Bershka en pleno albergue rural y las mechas perfectas, la risa de algunas que esconde más lágrimas de las que les llueve en Santander en esos quince días, la prisa que tienen otras por abrirse, por hablar contigo, porque quieren, porque saben, porque necesitan contarte todo lo que les duele, cómo han llegado hasta aquí, el terror que sienten al mirar hacia atrás, y la firme pero trágicamente frágil determinación de algunas, que miran al espejo en que se ven escandalosamente gordas, y con dos cojones más grandes que la de algunos especímenes que les triplican el peso decirle: "tú a mi ya no me la juegas".

Te sorprende que te vean llegar y les encante, y que te pregunten quién eres y a donde vas, y a los diez minutos de estar allí, seas otro del grupo, como si nadie estuviese mal, como si el mundo estuviese correcto, como si llevases allí, no la semana, sino todas las semanas desde que empezase todo.

Y luego, por la noche, cuando Marcos se iba para que saliese al escenario (la sala de manualidades, con treinta sillas, y más magia que en los estadios de Copperfield) Max Verdié, te entran las ganas de llorar al día siguien desde el blog, al darte cuenta que nadie aplaude más desde el corazón que los que lo tienen roto. O tan cansado.

Huérfanas del espejo equivocado.

martes, agosto 22, 2006

El Agente Número 46215

Y el caso, digo yo, que aunque el agente número 46215 de tu otro banco (y cada día el de más gente) está de obligatorias vacaciones hasta el uno de septiembre, a Max Verdié lo llaman, y se marcha a un sitio que se llama Ruiloba, en una parte del mundo que llaman Santander.

Ellas son anoréxicas, y Max, que se pone pequeñito siempre antes de subirse los telones, se asusta un poco.

Pero el show (y esto, ya saben, es la ley) debe continuar.

Y a punto está de comenzar...

lunes, agosto 14, 2006

El chino que sonreía a Sara

Pasaba ayer, cenando con La Prince en un discreto restaurante chino, que se llama Pekín y está cerca de la zona de bares que (bondad graciosa) aquí llaman Paraíso.

Hacia la mitad de la cena, tras finiquitar el pan que chorreaba grasa y que La Bella se entretuvo escurriendo a cuchilladas, a medias el pollo y estupendo el arroz, entraron en muy poco discreta procesión, pese al número reducido: un matrimonio cuarentón, con una niña. Barrigudo y corpulento él, con la camisa de los domingos enseñando las pelambres pectorales y una cadena de oro, algo entrecano, macho español casi de libro de texto, pelo rojo de quien ni tuvo ni retuvo ella, maquillada como si fuese a cantar sobre el piano en lugar de una de sus chicas. Ya me entienden. Tremenda, la madame. Y ella, la pobre Sara, vestida de rosa, imagino que en contra de su voluntad, desdentada y pizpireta, trasunto de la Pipi favorita de La Musa que cenaba conmigo.

Sentaditos y hundidas las narices en las cartas de menú respectivas, Ella y Él procedieron a continuar con lo que estaban haciendo desde que entraron, y me aventuro a presuponer, desde hace al menos cuatro años: ignorar a Sara. La pobre, al minuto de que nadie en la mesa estuviese preocupado más que de lo que se iban a zampar, pidió permiso para ir a ver los peces (cuatro peces dorados de esos, en un acuario más bien pequeñajo), a lo que le respondieron que sí, sin siquiera haber escuchado la petición. Lo mismo hubiese dado que la niña pidiese permiso para acuchillar al camarero. Cosa que precisamente no hizo. Y me explico.

Tras un breve momento mirando el acuario, la niña entabló espontánea conversación con uno de los camareros, que poco antes estaba jugando a las cartas con sus compañeros. En cierto momento, el camarero le tapó los ojos a la niña, en un juego injocente del que sólo la niña conocía todas las reglas. La única persona aquel rato que hizo caso a la pequeña persona que jugaba en su cabeza con los peces fue un perfecto desconocido de sonrisa sincera que apenas hablaba el mismo idioma de Sara (si es que alguien habla el idioma que todos hemos olvidado al dejar de ser niños).

En ese mismo momento el padre de barriga y cadena de oro, miraba al chino de reojo, con cara de "quita las manos de mi niña, chino de mierda, a ver si me levanto y te reviento". Sin mediar un momento, Sara, ven, le dijo a la niña, la que obediente y amable, despidió al camarero con una sonrisa y un simpático "hasta luego". El camarero miró al padre devolviendole la sonrisa de la hija con la amabilidad que sólo los que hacen de la hostelería un arte saben, le dijo adios, que no hasta luego a la pequeña, y regresó a su juego de cartas, cómplice único de un mundo que acababa de romperse, y del que, si dejamos de lado a los de dentro del acuario, sólo Sara tenía las claves.

¿Puedo jugar con los peces?

jueves, agosto 10, 2006

Universos paralelos (kimono blanco)

Una persona pequeña que trataba de cotillear me ha hecho meditar sobre el multiverso en el que apoyamos los pies, y desayunamos.

Imagino, y me declaro inocente, que son demasiados tebeos de superhéroes salvando el mundo, demasiadas novelas de Mundodisco , y algún que otro pernicioso documental (a nivel cuántico) de la BBC.

Pero, ¿y si* fuese verdad?

Meditenlo.

Cada decisión que tomamos, cada posibilidad, cada verdad y cada mentira, cada opción, cada trocito de oportunidad, escinde el universo en todas las posibles elecciones, provocando una infinitud de universos que provocan a su vez, otra infinitud. Existe un universo donde no soy mago. Otro donde los soy de verdad, y sigo haciendo judo. No me corté la coleta y terminé la ingeniería. Otro donde vivimos juntos. No se nadar, nunca aprendí a montar en bicicleta y no me encontré por la vida con Jesús, ni empezamos a escribir canciones. O donde todo eso te sucedió (o no) a ti.

Que son sucesos pequeños, realidades de bosillo, pero donde sucede que no le parecí pesado a una princesa con mi baraja mágica, y nos hicimos amigos al principio, y nunca hubo besos, o vivo apartado del mundo asustado de mis poderes, o abando eso que Mu llama el Camino, aburrido de mi kimono blanco, y no me encuentro a Samu, ni al clan que me cambió la vida al cambiarme de chaqueta. No me contrataron a tiempo en ING por llevar el pelo largo y no pude irme de casa, y tuve que regresar a Ponte Veccio, y allí sigo, hasta que encontré un trabajo de ingeniero, donde ni soy feliz ni conozco a nadie, y me aburro, porque no soy mago.

En el universo donde no existimos en camas separadas y te hago el desayuno se tomarían tantas decisiones por segundo que el aluvión de realidades alternativas quizá colapsaría la existencia. Pero seguiría decidiendo despertarme contigo. Me ahogué descendiendo el Sella y la gente de negro no me echa de menos porque no me conoció. Sin mi bici no hubiese pasado tantos veranos en la piscina, y no ocurriría este sábado la fiesta en casa de Zenón, diez años después.

Las letras de las canciones nunca dejaron paso a los sonetos, ni estos, tímidamente a la prosa. No estarías leyendo esto, porque este blog no existiría.

Ahora piensa: y si esta mañana hubieses despertado media hora más tarde. Y si el año pasado no hubieses pedido la copa que te emborrachó demasiado e impidió que hablases con coherencia con aquel chico que resultaría ser el hermano de la mujer (¡y hombre!) de tu vida. Y si hace veinte, o veinticinco años, tus padres no hubiesen empezado a besarse. Si Franco hubiese estado enfermo durante la batalla del Ebro**. Si Quevedo no hubiese aceptado diez mil ducados para comprar a toda la corte española. Si hubiese fracasado la reconquista, porque faltó una herradura, y por su culpa faltó un caballo, y por su culpa un caballero no puedo ir a una batalla, y faltó un combate que perdió esa batalla, que hizo perder una guerra.

Si no hubiese caído el imperio Maya. Si al señor de pieles que se le ocurrió redondear una piedra lo hubiese aplastado un mamut. Si el famoso meteorito (fetiche teórico) no hubiese visitado la tierra matando al noventa por ciento de las especies.

O si hoy, después de cenar, no te lavas los dientes. La infinidad, al alcance de su mano. A un latido de probabilidad.

Universos paralelos. Y demasiados tebeos de superhéroes.

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* en inglés: What if...? Quizá esa frase sea la culpable de todo.
** y si los Nazis hubiesen ganado la segunda guerra mundial, recurrente pesadilla de la ciencia ficción. Si el imperio romano no hubiese caído, o lo hubiese hecho antes, o trescientos años después... infinidad ilimitada.

martes, agosto 08, 2006

La del pirata cojo

Se va.

Se marcha el Capitán Pirata. Consternados y sin rumbo, la tripulación cierra filas en torno a quien, parece ser que, para su sorpresa, ha dejado una huella tan profunda que no olvidaremos ni con pentotal.

¿Cómo llenar el hueco de lo insustituíble? No podemos, y ni siquiera querríamos intentarlo. Ahora, en estos ratos de trámite impreciso de despedidas y regalos, con fiesta pirata de por medio, la ausencia de mi Capitán es sólo un ejercicio intelectual que no será fáctico hasta, casualidad maldita, el día antes del estreno de Piratas del Caribe. No será hasta este fin de semana, imagino, en que notemos como nadie grita, ninguno va vestido como el dandy de la elegancia, no hay demonios a nuestro alrededor, y, fijense, los muertos descansan tranquilos en sus tumbas.

Esa noche, por ley, y en honor de alguien más grande que la vida, todo el mundo beberá.

De la botella de ron.

Suerte, y buen rumbo, mi Capitán.

jueves, agosto 03, 2006

Togakure Ninja Seishin

Las estrellas son mis ojos.
El viento, mis oídos.
La noche mi manto.
El frío es mi espíritu.
La sombre mi morada.
La determinación, es mi fuerza.
El respeto a mi maestro es mi preciado valor.
Mi personalidad es mi poder.
El estoicismo y la perseverancia mi cuerpo.
La supervivencia es mi ley.
La imprudencia es mi enemigo.
La razón de respetar o tomar la vida es mi estrategia.
Las leyes del cosmos son mi universo.
La adaptabilidad mi principio.
La vacuidad mi táctica.
La sensibilidad y el sentido del deber, mis armaduras.
El espíritu imperturbable, mi fortaleza.
El conocimiento de la mente sin apegos es mi espada.

A vista de pájaro

A efectos de juego*, hoy es mi día después del campo de trabajo.

Hoy, marea de ocasiones, me llega la resaca de gente, y de ruido, y de nocturnidad y alevosía. Hoy ya no me puedo bajar al césped a conversar con amigos/desconocidos, no me puedo confesar con Jose dónde me escuece el corazón, ni contarle a Luci por qué hueco no sonrío, o decirle a Carlos (espejito mágico), coloreado de consejo, que tampoco espere tanto, y esperar a que el zagal salte de la litera para levantarme. No evalúo qué ha pasado con el día y me pierdo en una extraña ausencia de horarios que no es buena para mi cabeza, ni para el que late.

Sabina suena menos a través del cable del empetrés, el mundo está extrañamente turbio, y sólido, bajo mis pies, y el universo ya no me cabe en un albergue. A vista de pájaro todo es más bello cuando no es necesario pisar la realidad. El cosmos de bolsillo de Cañete ya es historia, y como todas las historias (sobre todo, claro, las que llevan magia en dobladillos), ya no puede desaparecer, porque es, como todas las historias, inmortal, y como todas las historias que parten de donde duele, no puede olvidarse nunca.

Como el polvo enamorado de Quevedo, se apaga poco a poco el fuelle del latido y la nostalgia, mientras la ribera del río de la normalidad comienza a anidar el cauce habitual, el conocido, el de siempre y el del resto de la vida.

Un ciclo corto e intensísimo en el espacio entre los ciclos, intersticio de vidas paralelas, que, espirales a parte, ya no serán nunca las de siempre.

Hoy, resaca de gente.

Mañana... Dios dirá.

¿Evaluamos?

* a efectos de juego... Beli, va siendo hora de que empieces a jugar al rol, ¿no crees? Un beso, pero con Fuerza.
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La imagen es un astrolabio. Lo usan los piratas, cuando se pierden.