...es el principio y el fin.

miércoles, diciembre 31, 2008

1d66

El título de esta entrada es un código. Un código de dados.

Es para que los frikis (los del rol, esos que matan gente) nos entendamos.

Quiere decir que tires un dado de sesenta y seis caras. O sea, dos de seis, y que uno haga de decenas. El otro, de unidades.

El de su vida hubiese marcado dos seises el día veintinueve.

Hubiera hecho un año que se hubiese jubilado.

Era un hombre bueno. Esa era su mayor virtud y su principal defecto. Muy pocas veces me permito recordar más de unos segundos. Hablo a veces de él, porque nadie se atreve a sacar ciertos temas si ando cerca (os amo por ello: me cuidáis, me cuidasteis). Le echo (claro) de menos.

Gerardo, que es un sabio, dice a menudo que no somos más que la suma de nuestros puntos de experiencia.

Es posible. Y está claro que hay cosas que nunca hubiese aprendido si no hubiesen empezado (en mi vida) con él.

Leo. Todos los días. Libros, porque en ellos están todas las soluciones. De aventuras, porque me enseñó a soñar. De historia, porque quiero saber quién soy (igual que él supo quién era). Tebeos. Porque existe belleza en todas partes, y no hay que avergonzarse de buscarla. No hay que avergonzarse: por eso, a veces (a veces), se compraba un chupachups.

Escribo. En mayúsculas, igual que hacía él, porque mi letra (como la suya) es nefasta. Sin faltas de ortografía. Porque ya no me puede dar en el dedo con la pluma mientras hago los deberes. A menudo. Porque no quiero guardarme nada. Él cometió ese error de la forma más dañina que puedo imaginar.

Tengo buena puntería con armas de fuego. Sé desmontar y limpiar una pistola, y calibres de diversas armas. Sé que el disparo debe sorprenderte, y que no hay que agarrar tenso. Sé montar un arco, sé que hay que protegerse las muñecas y sé cómo se tensa. Y cómo preparar una ballesta. Sé que nunca, nunca (niños: ¡nunca!) hay que soltar una pistola aunque la vaina (y no el casquillo) te salte ardiendo hacia la mano.

No tengo nada de oído musical. No sé entonar, aunque me gusten los tangos y los boleros. Y el latín. Y las películas de ciencia ficción. Por eso (porque también viene él) voy a todos los estrenos.

Me gusta la cerveza negra. Y las morenas. Y las mujeres de carácter. Conozco la diferencia entre mortero y almajaneque, y me encanta señalar errores en los demás.
Tengo el pelo rizado, y me salen bolsas en los ojos. Canas en la barba y no se me cae el pelo. Los gemelos muy gordos y los bíceps anchos, aunque nunca lograré marcar abdominales.

Me gusta más el mentalismo que la magia. Aunque él sólo fue espectador.

No he salido como él se imaginaba...

Pero en algún lugar, sonríe.

De eso (de eso siempre) estoy seguro.

¡Feliz cumpleaños!

Porque a mí ni Dios me quita la sonrisa

No han podido cosas más graves.
Mucho más.
Y sigo sonriendo.
¿Por qué?
Hay razones en Omote: por mis buyu. Por mi kohai (debo seguir por él), por mi kohaiesa (no puedo fallar, por ella), por el cinto negro, por el kimono blanco, por los brindis, por llegar más lejos, por desenvainar más rápido. Por los ocho (y, por mis cojones, diez) socios semanales. Por las mañanas. Por los enanos que han venido hoy, de lejos, del sur, y me han dado besos. Por los aplausos. Por la gente que lee el pensamiento. Por Juan. Por el Supremo y todo lo que enseñó. Por el Corinda. Por los niños que ven magia. Por las siete realidades alternativas.
Y hay razones en Ura: por el sen-no-sen, por la gente con la cabeza en su lugar. Por el equilibrio mental. Por el mindundi (que ya no lo es, señoras y señoritas). Por el señor de barba. Por las Palabras. Por la Poesía. Los duendes (hombre, y las Duendas). El Primer Escalón. La Flor. Los dados de diez caras (el rojo y el morado). La gente que se mantiene equilibrada sin tener que tomar pastillas. Los que no inventan historias, los que no mienten por hacer daño, las vacas, el mar, el segundo escalón. Y el sexto. Sobre todo, el sexto.
Y además, y además...
Hay una razón mejor que todas esas (preciso).
A mí, apunten, señoritas, ni Dios* me quita la sonrisa. No pudo gente mucho mejor que vosotras.
¡Y menos con esta crisis!
* el Emperador, claro.

lunes, diciembre 22, 2008

Mi flor favorita


A mí me encantan las flores.


No sé qué tiene regalar órganos sexuales muertos de vegetales a las chicas, pero siempre las hace sonreir.


Pero no me gustan por eso. Además, las tareas canallas ahora las lleva Gueño.


Hay una flor en especial que me gusta más que las demás.


¿Porque es más bella?


Lo es, pero no es por eso.


¿Porque es la que mejor huele?


Lo es... pero tampoco por eso (y créanme: lo es).


¿Se puede abrazar una Rosa sin clavarse las espinas?


Se puede: sólo tienen que encontrar una que no las tenga.


Yo encontré una así. Y por eso (por eso, sólo por eso) es por lo que la amo.


Porque hay muchas flores preciosas, y muchas que huelen bien.


Pero sólo existe una que sé (que siento) que nunca va a hacerme daño.


Esa (y no otra) es mi flor favorita.

La mejor razón

¿Que actualizo poco?

¡Claro!

Es que me paso el día
sonriendo.

lunes, diciembre 08, 2008

Hoy ten miedo de mí


¿Tienes miedo?

Yo también.

Y vértigo.

Hay una canción que dice (que cuenta, y se equivoca) "por favor, tenme miedo". La canta un mexicano de esos que cantan. He pensado en ella estos días. He pensado mucho estos días. ¿Cómo no? Tardo tres segundos en reiniciar todo el sistema. En pisar el mundo.

¿Tienes miedo?

No te preocupes: yo también.

En esa canción (en esa canción que se equivoca) advierten a la dama de que debería tener miedo. Tiembla mucho de miedo, mujer, dice el mexicano ese que canta.

Y yo tengo miedo. De equivocarme. De la velocidad. Del vértigo. De tu miedo. Del nuestro.

De no volver a verte.

Pero por eso la mesa de pintar está al lado de la ventana.

Miro al cielo y me acuerdo de ti.

Y sonrío.

Como si fuese idiota, con impaciencia, con nervios, con alegría, con el vértigo, con fotos, con impaciencia otra vez y otra vez con vértigo. Veinticuatro veces por minuto.

Me pierdo de memoria en un mar en el que dije que navegaría semanas sin tocar puerto, y pienso en zozobrar, y me asusto.

¿Tienes miedo?

Yo también.

Y sonríes tú, y se me pasa.

El mundo está recién pintado


Me he despertado ya cuatro veces, desde entonces.

Y me cuesta unos instantes. Yo lo llamo chequeo de realidad.

Recupero la consciencia, me entero de dónde estoy, regreso al universo. Durante dos segundos, no pienso, no caigo en la cuenta.

Y entonces, ay, me asalta. Un destello Azul.

Y me acuerdo.

En el segundo tres de cada despertar.

¿Con ella?

¿En serio?

Me levanto sonriendo y me apoyo en el mundo, despacito.

Que está recién pintado.

domingo, diciembre 07, 2008

49 horas con Gueño


Curioso, el personaje.

Es lo que tiene Europa.

Mandas a un mindundi, y te mandan un tío canalla.

Y europeo.

Y sin cobrarte los portes.

Y con sombrero: afortunadamente, ya se lo quita algunas veces, para dormir o saludar a las señoras (aunque no le inviten a desayunar, como a Rúben, líder de Palencia.

Qué fin de semana. Empezó el jueves, pero como no puedo pensar en ese día sin sonreir, y dado que le he prometido a una (la) chica Azul que pondría una cosa por escrito, nos dejamos el jueves para más tarde.

El viernes.

Se convocó en el piso una fiesta con la gente del trabajo. Esos que se ponen chalecos, paran gente y enrolan gente para las ONGs.

La gente de mi trabajo mola.

Porque somos todos modernos, porque somos todos jóvenes, porque somos todos desenfadados. Porque somos todos captadores.

La fiesta, en resumen, fue un bote de 9 euros por cabeza y un hasta las 6 de la mañana.

Gueño llegó a las 10. Por la noche.

Se ha ido a las 11. Por la noche. De hoy.

49 horas después.

Diría que es preciosa, que estoy contento, que estoy FURIOSO, que ¡qué barniz!, que hola, soy Michael Perry, que es preciosa, que me alegro de que se alegren, que la batalla ha sido FANTÁSTICA y que es un PECIO ESPACIAL.

Pero es hora de llamar al chino y pedir POLLO FRITO AL ESTILO CHINO.

Pero, Gueño, ¿a que es preciosa?

Me alegro de que te alegres.

lunes, diciembre 01, 2008

Veinticuatro veces por minuto


Clic.

La veo cada vez que cierro los ojos.

Cuando me duermo, cuando despierto, antes de levantarme, en la hora imprecisa que sucede al sueño, la veo.

Clic.

Con los ojos abiertos, no.

Otras cosas, Otros Mundos centran mi atención y trato de no pasar cada instante pensando en ella (viéndola).

Miro la Realidad.

Y parpadeo.

Clic.

24 veces por minuto.

Uno coma dos segundos de cada sexagésima vuelta de reloj. Mil ciento cincuenta y dos segundos de mis horas conscientes.

Clic.

Cuando cierro los ojos.

Y la veo.

Clic.

Y sonrío: veinticuatro veces por minuto.

domingo, noviembre 23, 2008

Azul (II) - ¿Te lo cuento?


¿Me callo?

¿Te lo cuento?

Son las cinco de la tarde y hace una hora que trato de dar forma a un borrador coherente para esta entrada, intentando averiguar qué decir, a quién decirlo, cómo hacerlo.

¿Me callo?

¿Te lo cuento?

Sonreías.

Ayer, o antes de ayer. Iluminando el mundo, sonreías.

Con los ojos... sonreías.

Ni te puedes imaginar lo que me alegro cuando pasa eso. Ni te puedes imaginar las ganas (las ganas, las muchas ganas) que tengo (y no te diré) de hacer que te ocurra eso todas las mañanas.

¿Te lo cuento?

Todo se vuelve gris en cuanto te doy la espalda, en cuanto dejo que te vayas, aunque todo está borroso cuando te tengo delante y no sé qué hacer, ni qué decir, ni si mirarte, ni siquiera si tocarte.

No puedo decir que esté acostumbrado.
No puedo decir que no me muera de miedo al saber al acostarme que seguiré sin saber qué hacer, ni qué decir, ni si mirarte.

Y sin embargo, cada rato que te cruzas en mi línea de visión (en mi inerme ángulo de tiro) no hay otra cosa que pueda, que quiera, que desee mirar. Que mire.

¿Te lo cuento?

Te marchaste en dirección contraria y ni siquiera pude darte un beso de despedida.

Al menos, al menos...

Me permito el excesivo lujo de imaginar que te fuiste a la cama sonriendo.

Con los ojos.

¿Te lo cuento?

jueves, noviembre 13, 2008

No sé si ya lo puse antes.

Lo vuelvo a poner, en un día que ha acabado con sensaciones ambiguas. Como todos los sonetos de este tipo (lo siento Dué: a mí la poesía me gusta así), se deshace en la boca.

Aunque pienso que... de momento, sólo
Azul, pasan los días y sigo lejos de llegar a puerto. El mar se extiende en todas direcciones, y la posibilidad de seguir un rumbo fijo (a Buen Lugar, en Buena Esperanza) sólo se sostiene por la voluntad del capitán, en este caso yo, en este caso poca.

Y no quiero escribir.

El soneto.

Va:



¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.


¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.


Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.


En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto
.

viernes, noviembre 07, 2008

El efecto observador


No me gusta la física.


Jokin lo sabe.

Él (una de las personas más inteligentes que conozco) tiene ese maravilloso don para entender el mundo reduciéndolo a trocitos. Entiende cosas como el campo gravitatorio, los cuantos, los fluidos y (yo jamás lo comprenderé) los circuitos.


Pero también tiene esa visión holística del mundo que me encanta compartir. Y ese delicioso punto humanista que tienen (han tenido) todas las “buenas mentes”, como las llamaba un señor sin corbata que conocí: Stephen Hawking, Galileo, sir Isaac. Avicena.

Todo en el universo está conectado.


No sé si es la causalidad de la que siempre hablan los creacionistas o es, como me imagino que diría el señor Haw
king, cuestión de las supercuerdas.

Jokin (quien siempre he creído que hubiese sido un brillante alquimista) me miraría y, tranquilamente, porque es un tipo que sabe lo que hace, me sacaría un par de cartas.


El carro.

Y la rueda.

Y ese es el caso. Si subirse o no al carro. Si girar o no la rueda.

Si me gustase la física, como Jokin sabe que no pasa, le preguntaría a él como ingeniero sobre rozamientos de ruedas, sobre velocidad de carros, y debatiríamos el tema hasta las tres de la mañana tomando cerveza y seguramente diseñásemos un vivo entre existencialista y esotérico, aunque eso sea imposible.

Pero no me gusta la física.


Así que la próxima vez que lo vea, en vez de como ingeniero, le preguntaré como amigo.
A ver si ve algo que no vea yo.

Que para eso (y yo nunca lo comprenderé) entiende los circuitos.

Cartas futuras


Estimados habitantes del futuro:

En cierta ocasión amé.

Aunque me dolía.

Amé hasta el dolor, hasta el susto, hasta no dormir.

En otra anterior, amé hasta la costumbre. Hasta la seguridad. Que es bueno. Y es escaso. Y no se me olvidará mientras queden violines.

He amado mucho, mucho, mucho. Y, siempre, sin excepción, apasionadamente. No conozco otra manera.

Estoy usando (Duenda, La Duenda lo sabe) el verbo amar en su acepción más amplia. En plan canalla. Pero la etimología no puede soslayarse. No puedo amar si no es con pasión. Y, como he dicho muchas veces hablando de modelos, de maquetas, puede que los detalles estén exagerados. Pero hay todo lo que hay.

Hoy, hace un rato, bajando una persiana, he pensado en mis abuelos, y más atrás, y en mis nietos, y más adelante. He pensado que conozco la historia de amor de mis abuelos, y la de la tata Iba, que se escapó de la casa donde estaba de criada en Marruecos la noche antes de que España devolviera la soberanía para casarse con un legionario que la amó (con pasión, hasta la costumbre y la seguridad) durante el resto de su vida.

Pero he pensado así mismo que no sé (y no sabré nunca) cómo o por qué se conocieron mis bisabuelos, mis tatarabuelos. Mi retatarabuela, una señora con dos partidas de nacimiento y que acabó apellidándose Verdié. Nadie me contará nunca si amó, si amó, si amó con pasión. Ya nadie se acuerda de su historia. Tengo dieciséis tatarbuelos de los que sólo me queda algún retrato, unos apellidos desgastados por el uso y alguna partida de nacimiento, con su muy posterior, o no tanto, acta de defunción.

No tengo ni idea de si tendré descendencia en algún momento.

Siempre, siempre he querido, pero no lo sé.

Si ocurriera, si a alguien en el futuro tiene ocasión de informarles, si por alguna casualidad mágica pudiera llegarles éste eco, que les llegue. Que se lo cuenten. Que sepan.

Que sepan que amé.

A novias, a amigos, a amigas, a enemigos, a hermanos de sangre y de kimono, a la gente rara que tira dados. En español, en inglés y un poquito en turco. No llegué a más. Pero llegué.

Amé.

Con pasión, aunque, sin, desde (y hasta) que me doliera.

Y contadles (por favor) que volvería a hacerlo.

¡Gracias!

Atentamente,

Max Verdié (caballero).

miércoles, noviembre 05, 2008

Max Verdié contra el Mundo Prisma


¿Qué les pasa a las canciones?

Pensaba que entendía algunas, pero era sólo porque las miraba desde una sola cara del Mundo Prisma.


Pese a lo que dice mi publicidad, no leo el pensamiento. No sé en qué pensaban sus autores cuando las escribieron. Sólo sé lo que pensé yo al oirlas. Y sé en quién pensaba.


Y resulta (oh, poridad de poridades) que lo que en una cara del prisma hablaba de que me sigue doliendo mucho, en la siguiente (o varias más alla) cara es una de esas cosas que, en los días nublados, hace que sonría así, como canalla.


Me siento en la Maxcueva de la soledad y miro Amalynth, el Mundo Prisma.

De fondo, una de
Melendi que antes era Verde y que ahora suena Azul.

Huele aire de primavera.

Quiero y no puedo (un Relato Asombroso de ciencia ficción)


Es la tercera vez que empiezo este borrador.

He parado la serie que estaba viendo, porque no atino con lo que quiero escribir.

Quiero poner que navegaría en tus ojos semanas y que no me preocuparía de tener miedo de no encontrar puerto, porque allí dentro nunca tendría miedo.

Quiero poner que me pareció (ayer, ayer, ayer) que te ponías nerviosa cuando te abracé y que sonreíste, y que casi me caigo al suelo como siempre que sonríes, y que cada vez me gusta más que lo hagas, y que lo hagas con los ojos.

Quiero poner que no puedo dejar de pensar en que ojalá todo lo que encuentro oliera como tú, confesarte que aprovecho para no olvidarlo cada vez que estás cerca, en cada beso, en cada giro (en cada broma).

Quiero poner A GRITOS todo lo que me ronda por la cabeza cuando estás cerca, cuando estás lejos, cuando estás y CUANDO NO ESTÁS. Quiero decir que te mordería y pondría un beso en cada casilla de beso de tu cuerpo y que veo setecientas veintitrés casillas por centímetro cuadrado. Quiero decir (lo puede afirmar cada estupidez que digo si andas cerca porque no me sé aguantar los nervios) que no sé qué decirte si andas cerca porque no me sé aguantar los nervios.

Quiero (y quiero) decir que hoy también voy a dormir poco porque o pongo algo por escrito o exploto, y que sé que me tengo que estar callado porque NO es prudente decir nada, y quiero decir (esto SÍ es una botella al mar) que NUNCA, que nunca, que nunca he sido paciente y que algún día cometeré una tontería porque no voy a ser capaz de esperar. O de estarme quietecito.

Quiero decir que no voy a decirte nada.

Y quiero decir que no tienes ni idea de nada de esto, y quiero decir que estaré callado y quiero decir y quiero poner que o me besas ya o dejaré de saber por qué demonios tengo boca.

Quiero.

Y no puedo.

domingo, noviembre 02, 2008

Azul


No te pongas triste.

Por favor.

O tendré que quedarme para asegurarme de que estás bien. De que no lloras. No llores. Por favor. Apenas me puedo controlar si me sonríes, apenas consigo separarme de ti los días que te veo y estás alegre. No me atrevería a dejarte sola si te encontrase (si te viese) llorando. Si te doliera algo. Cualquier cosa. Aunque no tengas ni idea de que me quedaría a tu lado con una sola palabra tuya, o sin ella si me atreviese a contarte esto. Pero no es prudente.

¿Sabes? Últimamente me ocupas mucho tiempo en la cabeza. Bailas,
preciosa, escurriéndote entre mis pensamientos, apareciendo en mi memoria y alegrándome el día cuando pienso en cosas que evitan que sonría. Siempre las espantas cuando te cuelas en lo que estoy pensando, y así se me pasan los días esperando los días en que te encuentro. Pensando en un día en que me atreva a hablarte de esto y a pedirte permiso para hacer que nada, nunca, vuelva a hacerte daño. Pero claro: no es prudente.

No te pongas triste.

Por favor.

martes, octubre 28, 2008

Cris por la mañana


La lluvia suele ponerme melancólico.

Es la hora de acurrucarse en un rincón, me relajo y huelo la madera.

Y hoy... sólo me siento mojado.

¿Qué tiene poseer cosas? ¿Por qué sentimos la necesidad de poseer lo que amamos? ¿Por qué nos volvemos tan bestias cuando lo perdemos? Todos sabéis qué es: queréis algo, lo poseéis y al poseerlo... lo perdemos.

Y cuando por fin has conquistado a la chica de tus sueños, lo primero que haces es tratar de cambiarla. Esa forma suya de peinarse... su manera de vestir. Cómo mastica el chicle. Y al poco tiempo, lo que te gustaba, lo que has cambiado y lo que no te gusta son... la misma cosa.

Como una acuarela bajo la lluvia.

_________________
Chis Stevens es un personaje de la serie "Doctor en Alaska" (Northern Exposure), interpretado por John Corbett (Mi gran boda griega) y doblado al español por Angel Quislán.

Es un ex-convicto de West Virginia que hace las veces de locutor en la cadena de radio de Cicely, K-Oso, con su programa estrella "Chris por la mañana". También es el inquieto y culto artista del pueblo, como demuestra en la inolvidable escena del lanzamiento de piano. Físico aficionado, filósofo vocacional, Chis es un personaje ecléctico que da un contrapunto perfecto al racional y perfeccionista Joel Fleischmann. También es consejero espiritual de los vecinos del singular pueblo y oficia como sacerdote, ordenación que obtuvo gracias a un anuncio de la revista "Rolling Stone".

lunes, octubre 27, 2008

3 ó más en 2d6


Esa era la tirada de salvación por armadura de los Marines Espaciales Exterminadores en la segunda edición de Warhammer 40.000.

Me explico.

Warhammer 40.000 es (era) un juego de estrategia. Se juega con miniaturas a escala 28 milímetros. Está ambientado en el gótico y siniestro universo del cuadragésimo primer milenio. Hay un imperio de la humanidad. Con un emperador moribundo, enclaustrado en un campo de estasis que impide que su cuerpo degeneré aún más.

Los Marines Espaciales son las mejores tropas de la humanidad. Humanos modificados genéticamente para ser más rápidos, más fuertes*, inmunes a la fatiga y al temor. Con entrenamiento superior y la mejor tecnología a su servicio.

Un perfecto ejemplo de esa tecnonología: las servoarmaduras de exterminador. Producto de un tiempo pasado en que el hombre domeñó la tecnología, sólo los mejores de cada Orden Capitular de los Marines pueden emplearla. Los primus inter pares de los primus de la humanidad.

Obtener un resultado de tres o más en dos dados de seis caras es francamente fácil. Sólo las armas más poderosas podían atravesar una armadura de este tipo. Como tanques de un solo hombre, cruzaban los campos de batalla en miniatura incólumes a todo cuanto ocurría a su alrededor. Inmunes a la fatiga y al temor, y protegidos por una de las mejores y más potentes piezas de tecnología que existían.

En el universo de Warhammer 40.000, hay armaduras que protegen de todo.

Sin embargo, en mi continuum, aún sigo esperando que Rafa modifique la Bañera del Tiempo y la convierta en un Transductor Dimensional. Así podré ir a Marte y comprar a los Adeptus Mecanicus un chisme de esos.

Tendría que ponerme el puerto estilo Matrix que los Marines llevan en la nuca para poder enchufarme a la armadura.

Pero valdría la pena, si así deja de hacerme heridas cada vez que es su turno de combate.

Tres o más.

En dos de seis.

* más seductores.

miércoles, octubre 22, 2008

Rojo (TD)


Es un viejo compañero.

Lo conocí por casualidad, hace unos años, porque mi hermana me pidió algo parecido a él. Sirvió perfectamente, y desde que lo encontré me ha acompañado siempre.

Ha cambiado de nombre, un poquito de look (sobre todo en la parte de arriba), pero por dentro sigue siendo el mismo.

Ninguno de los de su clase ha sido tan bueno como él. Todos venían con defectos. Algunos incluso hacían aguas, peligroso en su caso. Otros no conseguían lo que prometían o se venían abajo cuando trataban de cubrir partes oscuras o mal hechas.

El otro día (antes de trabajar) compré un bote nuevo de Rojo (TD) de Acrílicos Vallejo. No sé cuántos llevo. Hace 15 años del primero. Es un rojo intenso, casi granate, que por algún milagro de la química cubre perfectamente sobre negro. Los rojos y amarillos no lo hacen nunca. Ahora el catálogo lo llama "Rojo carmín" y su etiqueta dice "70908".

Hace un par de días lo estrené. Y un montón de imágenes que no me esperaba me asaltaron por sorpresa. El Hermano Andrés pronunciando "beige" como se escribe y llamando carmín al carmín y bermellón al bermellón, mi padre preguntando si no me interesaba más el modelismo militar, mi abuelo entendiendo perfectamente que todo esto no son más que soldaditos de plomo en plan moderno, mi prima Amparo mirándome pintar, Sabas y Cuco dándole caña a unos goblins en mi cuarto, mi primer y espantoso diorama, Pancete bautizado por Pove, y toda la gente que me he encontrado en el camino. Nos hemos reido, hemos llorado, hemos visto las estrellas y creado y destruido (alegremente y comiendo torreznos) más de un universo.

Hemos viajado a caballo y en naves espaciales. En cierta ocasión pulvericé un kraken con un solo rayo eléctrico.

¿Que por qué soy friki?

Porque os lo debo.

Por eso a los magos nos dibujan con sombrero.

Porque me habéis dado 70908 razones para quitármelo.

Fundido en Rojo (TD).

Es un viejo compañero.

__________________________
Podéis consultar la gama completa de Acrílicos Vallejo y todas su líneas (bellas artes, modelismo, restauración y demás) en su página web.

martes, octubre 21, 2008

El Problema es callarse


Me han llamado muchas cosas.

Sobre todo, chicas.

Sobre todo, los últimos dos años.

Pero nunca me habían llamado problema.

Un beso, P.R.


El problema no fue hallarte,
El problema es olvidarte.
El problema no es tu ausencia,
El problema es que te espero.
El problema no es problema,
El problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.


El problema no es que juegues,
El problema es que es conmigo.
Si me gustaste por ser libre,
Quién soy yo para cambiarte...
Si me quedé queriendo solo,
Comó hacer para obligarte.
El problema no es quererte...
Es que tú no sientas lo mismo.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo,
Cómo alejarme de ti, si estas tan lejos,
Cómo encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Cómo encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco
Cómo encontrar en la alacena los besos que no me diste,
Y cómo deshacerme de ti si no te tengo...
Cómo alejarme de ti si estas tan lejos.
Y es que el problema no es cambiarte:
El problema es que no quiero.

El problema no es que duela
El problema es que me gusta
El problema no es el daño
El problema son las huellas
El problema no es lo que haces
El problema es que lo olvido
El problema no es que digas
El problema es lo que callas.

Y cómo deshacerme de ti si no te tengo
Cómo alejarme de ti si estás tan lejos
Cómo encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos
Cómo encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco
Cómo encontrar en la alacena los besos que no me diste. (bis)

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo
Cómo alejarme de ti si estás tan lejos
El problema no fue hallarte
El problema es olvidarte
El problema no es que mientas
El problema es que te creo
El problema no es cambiarte
El problema es que no quiero
El problema no es quererte
Es que tu no sientas lo mismo
El problema no es que juegues
El problema es que es conmigo.


___________________

El problema es una canción de Ricardo Arjona, incluida en el disco "Santo Pecado", editado en el año 2002.

¿Tienes un minuto?


Le he dado a publicar por error.

Por eso sólo salía el título.

Gracias a los que pensábais que era una genialidad de la prosa.

No.

Sólo un título. A lo que iba:

Pensaba que querría escribir sobre ello, pero no lo haré. Resumo: Wesser and Partner nos ha mandado a seis a Burgos a hacer socios para AECC, la asociación española contra el cáncer.

Hemos hecho más de 130 en cuatro días.

No me gusta hablar del cáncer, como muchos sabéis. Hay una razón preciosa, y en alguna parte tuvieron que hacer túnicas de marca para un ángel que conozco, sobre una nube de Tous o de Versace.

Hablaré de otras cosas.

Hablaré de Pepe, el doble canalla de Edu el de Micrón, preocupado por el cunnilingus. Hablaré de Zuriñe, recién llegada a Aranda, que se paró aunque llevaba prisa. De doña Pilar, que ni se lo pensó y apuntará a Pablo, nieto, que hoy tiene 5 años, cuando sea mayor.

Hablaré de Anael, que ha decidido prescindir de una copa al mes para dárselo a gente que lo necesita más, y que es guapísimo. De la pareja de punkis que me pidieron un truco de magia, preciosa ella y sensible él, más allá de lo que crestas y apariencias quieren, en fin, aparentar. Del ninja del amor, que esconde mucho más de lo que muestra y se lo calla, porque es en el fondo un caballero.

Del peregrino de Oviedo que se paró con la bici y de la señora que se puso a llorar y no puedo olvidarme.

Y de Rubén, que me ha enseñado mucho más de lo que él piensa, y que sé que va a hacer un trabajo de lujo como jefe de grupo en Palencia.

De Álex, que contagia la sonrisa.

De Joni (¿cómo demonios lo escribes?), que ha enseñado trucos a un mago. Es bueno, y es escaso*.

De Sara... uno de mis más grandes errores prejuzgando. A veces hasta los telépatas se escapan. Como ella no lee este blog, me atrevo a decirlo. Quizá se lo cuente alguna vez.

Y de Celia, que sale preciosa en las fotos (por obvias razones) y que ha hecho que no me caiga. Cosa complicada en un Judoka.

¿Un minuto?

Para vosotros, los que queráis.

* Krahe dixit.