...es el principio y el fin.

martes, mayo 20, 2008

La última voz del General - parte primera

Un Relato Asombroso de La Viuda
por

Marcos Pastor (guionista y productor de APK)


El carruaje negro, de estilo antiguo, se detuvo en la puerta de la mansión.

El otoño italiano estaba siendo suave aquel año, y el final del atardecer era cálido y agradable. El conductor de la carroza aguardó a que los últimos rayos de sol rasparan las cumbres del horizonte. Cuando esto hubo ocurrido, descendió de su puesto con agilidad y abrió la puerta de la cabina de los pasajeros. Un hombre fornido de mediana estatura bajó del carruaje. Vestía de negro, de manera formal y algo anticuada. No parecía completamente cómodo con ese atavío.

- ¿Es aquí, Vincenzo? - preguntó, mirando a su alrededor.
- Sí, señor, ya hemos llegado. Deduzco que es la primera vez que viene – añadió el cochero.

La verdad es que es magnífica, pensó para sí el hombre vestido de negro. La mansión se yerguía sobre un pequeño promontorio rocoso en mitad de una enorme campiña. A pesar de sus sentidos agudos, aquel hombre tuvo problemas para siquiera apercibir el verdadero tamaño de aquella finca que parecía mezclar al menos una docena de estilos arquitectónicos.

“Mi señora, ya hemos llegado”, dijo mientras se dirigía al interior del carruaje. Una voz de mujer, suave y dulce, que parecía desplazarse por el aire como un carísimo y antiguo perfume, embriagó por unos segundos la atmósfera. “Ya lo veo, mi buen John. Ya lo veo”. La voz era pausada y calma, y pareció flotar como el éter unos instantes antes de desvanecerse. Luego agregó algo más. Vayamos dentro. No es cortés hacer esperar tanto.

*****

“El General la recibirá ahora”, dijo un elegante mayordomo en un exquisito italiano con acento de La Toscana. Dora, La Viuda, se levantó de la cama en la que estaba sentado leyendo. Las habitaciones de invitados de ese lugar siempre cambiaban de aspecto cada muy poco tiempo, según las disposiciones del General y el voluble capricho de Hermann, quien hacía las veces de jefe de protocolo y decorador de un lugar que, a lo largo de los siglos, se había convertido, casi, en un pequeño estado por derecho propio. Dora no había visto a Hermann aún, pero quería saludarle tan pronto como hubiese hablado con Marcus. Marcus Secundus, el General.

Se dirigió a la puerta y siguió al mayordomo, quien portaba una lámpara halógena con aspecto de antigua lámpara de petróleo. No es que Dora o aquel mayordomo necesitaran la luz para moverse por los oscuros pasillos de la enorme mansión, pero a Marcus siempre le había parecido un gesto cortés mandar hacer aquello, y no sería Dora quien le contrariase. La leve luz permitió al mayordomo ver el discreto y carísimo vestido de La Viuda, que hacía honor a su apodo. La falda por la rodilla y el velo deliciosamente colocado dejando escapar de forma cuidada y elegante algunos de los cabellos rizados de Dora apenas servía para acompañar la belleza casi etérea y sobrenatural de la encantadora criatura.

Recorrieron varios recodos de pasillo, en los que se sucedían cuadros y algunos objetos de arte. Ninguno con escenas bélicas y ningún arma expuesta. Contaban que el General guardaba todo lo relacionado con la guerra en una cámara secreta de la mansión de la que sólo él conocía la ubicación y la forma de entrar en ella. Una historia que a Dora le pareció fascinante cuando era... mucho más joven y a la que actualmente daba poca importancia. Había aprendido con el tiempo que mantener alejados los recuerdos dolorosos era una de las pocas formas útiles de evitar volverse loco con el paso y el peso de los siglos.

Al final del pasillo, en el extremo del ala este, una gran puerta de madera con un friso de piedra y un par de antorchas a los lados esperaba a Dora. Hacía un par de siglos que el friso era ilegible. Pax Imperium, o algo así, era lo que dijo en algún momento.

El mayordomo llamó dos veces. Esperó unos segundos a que alguien, con voz grave y cadenciosa preguntará en un italiano algo antiguo y extremadamente correcto quién era. El mayordomo respondió: “La señorita Dora, General. Usted la mandó llamar, señor”.

Se oyeron unos pasos firmes desde el interior de la habitación. Alguien aferró el enorme picaporte y se disponía a abrir la puerta.

Dora no estaba preparada para lo que ocurriría en el interior.

*****

Hola, Víctor. Fue lo primero que Dora, La Viuda, dijo tras la efusiva bienvenida del General. Marcus siempre era extremadamente amable y cariñoso con ella, como si fuese la única hija, si es que se pueden llamar hijas, que tuviera. Dora ignoraba por completo que era tremendamente parecida en cuerpo y carácter a Dimna, la única hija que Marcus tuvo antes de convertirse en lo que era ahora, dos mil años atrás. También se unía al hecho de que Dora aún no lo había traicionado, intentado matar o renegado de él.

Dora se acercó a su hermano Víctor. Era alto y delgado, de cabello negro y ojos castaños, y de tez morena pese a la Enseñanza. El proceso solía empalidecer a quienes sobrevivían a él, y a quienes no les ocurría solían ser tildados de débiles o incapaces. Víctor era una clarísima excepción. El saludo entre hermanos resultó algo frío. Si bien siempre habían compartido el amor, respeto y lealtad que debían al General, nunca habían logrado entenderse entre ellos. Pero ambos se respetaban, al menos en presencia de quien era un padre para ellos.

¿Para qué me habéis mandado llamar, señor?, dijo Dora. Víctor asintió, como confirmando que él también deseaba saberlo. Ambos miraron hacia Marcus, quien pulsó un interruptor que encenció una lámpara de araña tres metros más arriba. La luz rebotó en las incrustaciones de bronce de la mesa de roble y mostró una estancia circular rodeada de estanterías repletas de libros, un armario cerrado y varios documentos sobre la mesa. Marcus se acercó a sus dos muchachos mientras la luz, no muy intensa, decoraba las canas de sus sienes y su barba, dándole un aspecto atemporal, como sacado de algún antiguo libro de historia. Se sentó, desabrochando los botones de una americana gris hecha a medida y soltó el cierre del broche que llevaba cerrando el cuello de la camisa. Lo depositó en la mesa y miró a sus expectantes interlocutores.

Los miró con expresión triste y una sonrisa apenas esbozada.

Sentaos, pequeños, dijo. Hoy estoy muy cansado.

Víctor tampoco estaba preparado para lo que iba a ocurrir.


(concluye en "La última voz del General - parte segunda")

La Viuda es un personaje de APK – El Juego de Rol en Vivo, interpretado por la avellanita (La Bella Anita). Una misteriosa y hermosísima vampiresa victoriana atrapada en el devenir del tiempo, algo enloquecida por la lenta e insidiosa acción de la vida eterna, incapaz de amar y atrapada en tramas de lujo, misterio, engaño y embrujo. Debemos a Ana el tremendo honor de haber hecho de este personaje algo único y riquísimo en matices, alejándolo de la estética y los clichés de Ann Rice y el juego de rol "Vampiro: La mascarada".

Marcus Secundus, por su parte... ya se habló de él. Un tipo elegante.

domingo, mayo 18, 2008

En la costa suiza

Os obligado decirlo: volvió Javier Krahe al Café España.

Lo curioso del evento fue la persona con la que fui: mi madre. Quién no sólo se lo pasó bomba sino que sorprendió a propio y extraños coreando dos de las canciones que, resultó, se sabía.

Dieron las doce durante el concierto y resultó que era el cumpleaños de mi tío y padrino, a quien, con permiso de Krahe, dedico la siguiente

CANCIÓN

También habrá que saltar a la pata coja,
y habrá que coleccionar sellos de Nigeria,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá también que apretar una tuerca floja
y habrá que ir a trabajar,
no todo va a ser follar,
por una miseria.

Y habrá también que llevar a arreglar el coche
y habrá que quitarle el polvo a la biblioteca,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá que cerrar el bar al morir la noche
y habrá también que pagar,
no todo va a ser follar,
lo de la hipoteca.

No todo va a ser follar,
ya follé el año pasado
a la orillita del mar
con una mujer sin par
que después me dio de lado,
lo recuerdo, algo tocado
pero sin dramatizar,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar.

También habrá que llamar a la pobre Alicia,
y habrá que modificar la ronda nocturna,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá que desmenuzar la última noticia
y habrá que depositar,
no todo va a ser follar,
el voto en la urna.

Y habrá también que comprarse unos calcetines,
también habrá que regar esos cuatro tiestos,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá que documentarse sobre los delfines
y habrá también que firmar,
no todo va a ser follar,
muchos manifiestos.

No todo va a ser follar,
ya follé el año pasado
a la orillita del mar
con una mujer sin par
que después me dio de lado,
lo recuerdo, trastornado
pero sin exagerar,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar.

También habrá que invitar a una barbacoa,
y habrá también que acercarse hasta el quinto pino,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá que intentar cruzar Núñez de Balboa
y habrá que ir a consultar,
no todo va a ser follar,
a un buen otorrino.

También habrá que admirar a la mona Chita,
y habrá también que jugar a pares o nones,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
y habrá que resucitar por la mañanita
y habrá también que cantar,
no todo va a ser follar,
muchas más canciones.

No todo va a ser follar,
ya follé el año pasado
a la orillita del mar
con una mujer sin par
que después me dio de lado,
lo recuerdo, obsesionado
pero sin llorar,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar.

viernes, mayo 09, 2008

La Antigua Era

Mucho ha que no se recuerda.
Antes de este blog, existió otro.
Eran otros tiempos. No hay mucho: algún soneto, fotos de algún señor de 28 milímetros, alguna de Sabina y un montón de errores que provocaron que me cambiara a este.
Pero oye, aguantó como un machote.

Semblanza I - Álvaro Jimeno de Medina

(Según dice Lope que un tercero le contó)


Podría ser guapo si él quisiera, o feo si más se descuidara, más sin embargo, tenía algún encanto extraño que agradaba a las mujeres, pese a que la que más le interesaba, pareciese ajena a los intereses del muchacho, cual siempre ocurre a quienes se tildan de poetas.

No porque él se tildara de aquello, si no más bien porque sí lo parecía, su ingenio era vivo y rápido, y una deliciosa sensibilidad envolvía cuanto escribía en verso, cuando lograba sacarse de encima ese ánimo socarrón y dado a la provocación que solía envolver cuanto salía de su boca, más viva de lo que debiera.

Pese a todo, no era un cojitranco indefenso, o un petimetre acobardado, pues el vivo genio que hostentaba iba respaldado, cuando necesario fuere, de una toledana de acero recio que según cuenta le regaló su tío, el mismo que le enseñara a dar forma y manera a los sonetos.Este tío suyo era tema del q gustaba hablar, exagerar incluso, dicen las lenguas q mal le quieren, puesto que oyéndole hablar parece que el hermano de su padre hubiera conquistado Jerusalén él solo y sin ayuda alguna.

Narra con frecuencia que fue su tío, que antes de poeta fue soldado, quien le enseñara a manejar la filosa antes que a hilvanar poemas, a clavar un par de cuartas de metal en el pecho de un enemigo, que una daga caliente... en el corazón femenino de la dama que tocare. Habilidad la cual, todo hay que decirlo, le salvó en más de una ocasión de tener que retractarse de aquellas cosas que su lengua rápida soltaba antes que su cabeza sumara dos y dos y se apercibiera de que cuatro son demasiados enemigos para un hombre solo.

Categoría de armadura: CERO

En el juego de rol "Dragones y Mazmorras", en aquella segunda edición a la que jugábamos en tiempos en que los veranos duraban para siempre, las reglas para armaduras eran muy curiosas. Se resumen en que las armaduras no te protegen del daño, sino que cuanto mejor es tu armadura, más difícil es que te impacte alguien que te ataque.

Empezaban en 10 (ninguna armadura) y acababan en categoría de armadura -10 (dragones milenarios y esas gentes de mal vivir). Si miran mi perfil, verán que reza en un punto "CA 0". Eso significa que tengo una armadura ciertamente buena. Una buena armadura de acero élfico, quizá con escudo, quizá mágica ella o mágico él, y evidentemente sin yelmo, porque soy mentalista* además de guapo, y se me tiene que ver la cara.

Pero antes, la experiencia: en aquel entrañable juego, los personajes mejoraban sus capacidades ascendiendo de nivel. Esto se lograba o bien por la freudiana vía de matar bichos (cada monstruo muerto otorgaba "puntos de experiencia"), o bien por otras menos sangrientas: descubrimiento de objetos mágicos, resolución de enigmas y misterios, buena interpretación, esas cosas que hacen mejor la vida del aventurero capaz. Con las subidas de nivel, llegaban de forma intrínseca al personaje conjuros más poderosos, mayores habilidades de combate, el acceso a oscuros lenguajes y secretos de las Potencias Ultraterrenas, habilidades fabulosas como Esconderse en las Sombras y Vaciar Bolsillos. Toda una batería de poderes y potestades.

Pero por mucho que viajases de aventura en aventura, por muchos combates, melés, traiciones, puñaladas por la espalda, vueltas, revueltas, asesinos en masa de orcos inocentes, por muchos niveles que subieses, tu categoría de armadura siempre era la misma: 10. Ninguna armadura.

Había que irse de compras y adquirir protecciones, hallar mágicas cotas de mallas, revestirse de conjuros de Sacerdote o de Hechicero. Pero por mucho que avanzases, tu armadura siempre era la misma.

Por muchas heridas que recibieras, no te endurecías.

Por muchas heridas.

Es curioso que lo único que sí pasa en la vida real no se reflejase en el juego.

Pero claro, por eso es fantasía.


* sí, Gerardo, ya sé que esto es de Rolemaster.

Un caballero español en la corte del Rey Arturo

Este año no habrá campo de trabajo.

Habrá quizá, otra cosa.

De momento no se sabe, pero me parece mucha casualidad que me lo hayan contado justo ahora...

Seguiremos informando.

viernes, mayo 02, 2008

Brujulario II - Tabla de desencuentros aleatorios

Tira 1d20:

1-5: Cuando llegas, La Dama ya se ha marchado. No hay combate. Tira Cordura. 1d20 si pasas la tirada, 1 punto si no la pasas.

6-10: La Dama aparece con una Amiga. La Amiga es Inmune a la Psicología. No puede ser humillada ni desbandada. Amiga: APR Único, AT 1, GAC0 2, D 3d10/3d10/1d10 (acústico y aliento), CA Lacoste, DG 1 y pico, IM 20m (40 sin tacones), AL Molesto Auténtico.

10-12: La Dama aparece con un aparente humano de nivel 0, denominado Novio. En realidad, se comporta como un Semiogro. Novio: APR Único, AT 3, GAC0 12, D 1d10/2d10/1d8, CA 5 (camiseta ajustada), DG 3, IM 15m, AL Neutral Sumiso.

13-14: Te llega un SMS de Una Dama cortando contigo porque va a enrollarse con un tal Yoni. Tira con -5 en la tabla de salvación como si fuera contra Venenos. El Yoni es un Fantasma. Fantasma: APR 1d3, AT 2, GAC0 7, D 3d6/3d10/3d10 (arma mágica tuneada), CA 4, DG 4, IM 20m (25 volando voy, volando vengo), AL Caótico Penoso.

15-17: La Dama resulta inmune a las flores que le has regalado. Además, huye presa del pánico. Cualquier perseguidor tirará la tirada de Persecución con -5 y perderá la iniciativa en el siguiente turno.

18-19: La Dama resulta ser un espectacular travesti, antiguo Clérigo/Guerrero (Hermano de la Salle/Sumotori) de niveles 7/5.

20: No hay encuento. Y por mucho que sigas tirando, va a seguir así. Al menos, en Pendragón había reglas para esto.

Me dejaste

Una de Ricardo Arjona. De esos que hacen canciones de amor sin decir mariconadas.

Gracias a Dios.
Que ya era hora.


Me dejaste un beso en la gaveta
Y un brasier tirado en el sofá,
Un ataque de celos en la mesa,
Y tu perfume pegado en la pared,
Me dejaste el mundo de cabeza,
Y un grito en el contestador,
Que anunciaba con toda certeza,
Que esta vez se te acabo el amor,
Me dejaste un pero y un porque,
Unos cuantos insultos y un adiós,
Una duda flotando en mi cabeza,
Y la promesa de no volver jamás,
Lo que siento lo gurdo en la nevera,
Por si un día decides regresar.

Que hago con este cementerio de sueños,
Y con toda mi mitad,
Con esta deuda de afectos,
Y con tanta libertad.

Que hago con este insomnio en las noches,
Y mi falta de apetito,
Donde meto los reproches,
Y tu foto si la pongo o la quito.


Me vendiste un sueño al 2 x 1,
Y me dejaste solo realidad,
Una casa minada de recuerdos,
Y el dentífrico aplastado a la mitad,
Me dejaste el tiempo que perdí, te llevaste mi despertador,
Me dejaste la ropa interior, que te di para quitártela,
Lo que siento será cuestión de tiempo,
Para ver si se queda o se va.

Que hago con este insomnio en las noches,
Y mi falta de apetito,
Donde meto los reproches,
Y tu foto si la pongo o la quito.
Que hago con este insomnio en las noches,
Y mi falta de apetito,
Donde meto los reproches,
Y tu foto si la pongo o la quito.

martes, abril 22, 2008

Encontrando el amor



He encontrado el amor.

Y resulta, coño, que no estaba tan lejos.

No ha sido como en las canciones de Sabina, o como en los relatos de Borges, o los poemas del Siglo de Oro. No ha sido leyenda urbana, ni mágico, ni épico-español, ni doloroso.

Lo curioso es que siempre ha estado allí, esperando, callada, sin hacer ruido. Bueno, no siempre. Pero sí un tiempo, un tiempo bastante largo en el que yo no le había hecho demasiado caso.

Qué cosas.

A veces, el amor aparece en lugares en los que has mirado antes y no te habías fijado.

Pues yo he encontrado el amor.

En una caja de galletas.

Y ni siquiera había galletas.

lunes, abril 21, 2008

Semblanza II

Don Maximiliano de Verdié i Morer-Dos Espadas, conde de Buenalmedina, nacido en Valencia en 1828, licenciado en Historia por la Universidad de Valencia y en Literatura por la Universidad Autónoma de Barcelona, con una especialidad en Gramática. Posee otros títulos nobiliaros menores, entre los que destaca ser miembro de la Orden de Sant Jordi. De joven quiso ser actor, con una obvia y rotunda negativa por parte de su padre, don Cipriano Verdié. Esta vocación frustrada se hace patente en su obra literaria, donde abundan las obras de teatro en general y las que tratan de jóvenes con sueños y aspiraciones que se ven truncadas por el destino. Su pasión por el teatro se puede apreciar en sus ademanes y maneras, y más de una vez se le ha tachado de ser algo "teatral" en su expresión oral. Ni que decir tiene que jamás se lo ha tomado como un insulto.

Fue destacado como diplomático a instancias de Isabel II en persona, desarrollando dicha actividad en Francia, Bélgica e Inglaterra.

Ya retirado de la vida diplomática, se dedica a mantener el museo en que ha convertido el castillo de su familia y a atender los negocios que, como dueño de gran parte de las tierras de Buenalmedina y sus pedanías cercanas (Almàssera y San Fausto dels Terrats) necesitan su atención.

Es miembro de la Real Academia de la Lengua Española desde 1875, donde ostenta el sillón "uve mayúscula".

jueves, abril 17, 2008

¡Aventura!

¡Emoción!

¡Intriga!

¡Sumérjase en el electrizante universo de La Puerta del Infierno!


¡Adelante! ¿Quiere conocer nuevas aventuras del descarado James Babylon? ¿Desea averiguar los pormenores del trepidante trabajo de Alexander Sharian? ¿Ansía conocer los peligros que acechan a aquellos que invocan al Gusano de la Mente sin las precauciones adecuadas? ¿Teme quedar prendado de la belleza preternatural de la misteriosa Eva?

¡Ahora puede!



Con nuestra APASIONANTE y SORPRENDENTE serie de relatos cortos basados en el APASIONANTE y SORPRENDENTE universo de APK – El Juego de Rol en Vivo, usted podrá:

++ Conocer los entresijos de la sociedad vampírica. Descubra los antiguos secretos de los descendientes de La Estirpe Manchada. Comparta escenario con la bellísima Viuda, con el firme General Secundus, el esquivo Civateo o el temido Nósphoros, el Portador de Enfermedades.

++ Estremecerse ante los extraordinarios casos de los que se encarga James Babylon, el menos ortodoxo y el más canalla investigador de lo oculto que hayan visto los tiempos. Sorpréndase con las historias de horror y misterio que podrían ocurrirle a usted mismo... si conociera las pistas adecuadas.

++ Descubrir las aterradoras verdades que se esconden en los sótanos de La Tecnomancia. Tiemble al enterarse de las inhumanas consecuencias de la más desalmada investigación mágica al servicio de Oscuros Intereses. Sienta en su propia piel la angustia de los Vítreos y otras criaturas arcanas al ser empleadas como batería viviente por la más siniestra de las órdenes de la magia.

++ Fascinarse con los planes inmortales de los demonios de Goethia. Sea testigo de su enfrentamiento eterno con los Segundos Nacidos, quienes viven una guerra infinita a través de los siglos divididos en dos bandos desde Las Guerras Celestiales.


¡Todo esto y mucho, mucho más!

¡Adquiéralos ya antes de que se agoten!


De los guionistas de “APK – El Juego de Rol en Vivo”, “La Puerta del Infierno” y “Morir en Tiempos Revueltos” llegan los...


RELATOS ASOMBROSOS

Una nueva serie de Trepidantes Aventuras, presentando...

Sitio para otro más, un Relato Asombroso de James Babylon.

Paraguas para un amigo, un Relato Asombroso de Claudio, el Artesano.

La última voz del General, un Relato Asombroso de Marcus Secundus y Dora, La Viuda.

En las garras de la Mantícora, un Relato Asombroso de Alexander Sharian.

El baile de Eva, un Relato Asombroso de la bella Eva.

¡Prisioneros de la Tecnomancia!, un Relato Asombroso de El Mimodemonio.

Mirando a los ojos de la muerte, un Relato Asombroso de Al Korán, el Nigromante (con la aparición estelar de El Echador de Cartas).

El secreto de la Casa de los Espejos, un Relato Asombroso de Vidrios.

Contra el demonio del Círculo Interior, un Relato Asombroso de Marchosias, el Gusano de la Mente (con la aparición estelar de Los Jugadores de Ajedrez y El Traficante de Nombres).

Cincuenta y nueve sombreros puestos, un Relato Asombroso de James Babylon, Alexander Sharian y Jack el Pardo.


¡Adquiéralos AHORA!

Sitio para otro más

Una Relato Asombroso de James Babylon
por

Marcos Pastor (guionista y productor de APK)


El coche había tardado casi dos horas en llegar desde la ciudad. El viaje había sido incómodo, como lo son siempre en un vehículo cuya suspensión brilla por su ausencia, y Babylon había intentado arrancarle algunas palabras al conductor que lo había recogido en la autopista, pero la conversación amable es un bien escaso a la una de la madrugada. Una llovizna escasa pero pertinaz empapaba con calma los cristales. Babylon miró de reojo al hombre del volante. Pese a la oscuridad, la barba pelirroja de tres días y el fuerte olor a tabaco y sudor no eran una compañía agradable. La luna y las luces del escaso tráfico se reflejaban en las gotas del capó. Babylon pensó en encender un cigarrillo, pero el gesto malhumorado del hombre pelirrojo le contuvo. Además, pensó sonriendo para sí, un poco de mono nunca viene mal. Poco después, sin embargo, el automóvil se detuvo. Es aquí, dijo el conductor, sin dirigir siquiera una mirada a su interlocutor. Babylon miró por la ventanilla y vió un puente a través de la lluvia, justo al borde del arcén. El asfalto dejaba paso al barro de forma abrupta y Babylon se alegró de llevar sus viejas botas. Abrió la puerta y bajó. El agua que caía le salpicó el rostro y se subió el cuello de la gabardina mientras contemplaba el panorama. Apenas se veía nada desde donde estaba, apenas la tenue marca del camino que salía desde el puente. Se giró. Con un simple gracias se despidió de quien lo trajo, el cual arrancó rápidamente y no respondió.

*****
Las afueras del pueblo a esta hora eran más bien poco halagüeñas. Solamente un puente y un breve camino separaba a Babylon de su destino. A lo lejos, recortada por la escasa luz de la luna, se veía el campanario de una iglesia. Según las indicaciones que le dieron, Babylon tendría que atravesar el pueblo entero hasta la mansión donde era requerido. Un paseo largo a estas horas. Empezó a caminar, y a mitad del puente, unos siete u ocho metros, metió las manos en los bolsillos y notó un puño americano y un paquete de tabaco. Maldijo sin nombrar a ningún demonio en particular por no llevar paraguas y no poder fumar bajo la lluvia. Sonrió, pensando en el mono. La primera casa del pueblo estaba separada más o menos veinte metros de la siguiente. Un perro viejo se despertó cuando pasó por la cerca, pero no hizo ruido alguno. Babylon dijo “buenas noches, pequeño”, y prosiguió su camino. Al entrar en el pueblo, sólo el campanario le servía de guía. Había silencio. Quizás demasiado, y el susurro del viento en las copas de los árboles que rodeaban el pueblo no eran precisamente tranquilizadores. Notó cómo sus pantalones se empezaban a mojar por la lluvia y se abrochó la gabardina. El frío parecía aumentar por momentos. Dentro del bolsillo aferró el puño americano, gélido al tacto en una noche como aquella.

*****

Al llegar a la puerta de la mansión, la lluvia, presagio curioso, remitió. Babylon se aventuró a encender un cigarrillo en lo que observaba. Le sorprendió ver la verja entreabierta, y le llamó la atención una única ventana encendida. Contó los pisos, el tercero y penúltimo, en una esquina del edificio. Una buena casucha, pensó mientras se acercaba abría la puerta de la verja. Caminó por el suelo de gravilla que llegaba hasta la puerta y creyó oír el ruido de un coche de caballos. ¿A estas horas? Dio una penúltima calada al cigarrillo, subió los siete largos escalones que iban de la gravilla a la puerta y llamó. Primero al timbre, que sonó como un gato siendo despellejado y después, dos veces, a la pesada aldaba de bronce. Esperó impacientemente bajo la ya casi inexistente lluvia. Al cabo de uno o dos minutos, tiempo suficiente para encender otro cigarrillo, oyó unos paso pausados acercarse a la puerta. El descorrer de una cadena lo siguió. Otra y otra tercera y el ruido de dos pesados pestillos dio el contrapunto final. Babylon esperó el chirrido de rigor, que, para su sorpresa, no se produjo. El pesado portón de roble se abrió lo suficiente como para dejar ver la cara adusta de una anciana con el pelo recogido, y una cuarta cadena que no había sido descorrida a la altura de su cuello. ¿Sí?, dijo. ¿Qué deseaba? No son horas de...

Babylon interrumpió a la señora mientras apagaba indolentemente el cigarro en el mármol blanco del dintel. Soy Babylon, guapetona. James Babylon. ¿Me deja pasar o tengo que tirarle un beso?

*****
El exorcismo no había sido sencillo. La abuela se desmayó entre los vómitos de la posesa, la madre llevaba loca un par de semanas y el padre se había tirado desde la torre del ala este hacía una. No sé, joder, pensó, por qué siempre esperan tanto. Luego pasa lo que pasa. Babylon estaba sentado en la cama de una habitación de invitados, fumando un cigarrillo mientras pensaba en lo que había pasado. Miraba su camisa empapada en flemas y la biblia casi calcinada que habían usado. Joder con la niña, pensó. Se ha ventilado ella solita todos los putos salmos. Contruyen estas putas mansiones donde les sale de los cojones. Y repito: luego pasa lo que pasa. Se tocó la cara en el lugar donde la niña le había propinado un espectacular puñetazo en un descuido de uno de los sirvientes. Un moratón precioso le esperaba mañana por la mañana. Y para colmo, una de las velas le había salpicado en el antebrazo y trozos del espejo que usó le habían hecho varios cortes superficiales cerca de la quemadura. Por qué coño, pensó casi en voz alta, tengo que llevar camisas de manga corta debajo de la puta gabardina. Joder. Se tumbó en la cama apurando los restos del cigarrillo y miró el reloj. Le sirvió de poco. Siempre se paran al empezar un exorcismo, y esta vez no era una excepción. Meditabundo para sí cayó en la cuenta de que tenía calor, estando en calzoncillos y camiseta interior, destapado sobre el lecho. Los veranos de por aquí son siempre tracioneros. Apagó la colilla contra la pared, la arrojó al suelo intentando hacer puntería en un lavabo del siglo XIX en el otro extremo de la habitación. El suelo y el somier crepitaron con su movimiento. Los restos casi humeantes del cigarrillo golpearon el borde de la bacinilla del lavabo y cayeron al suelo. Se tapó con la sábana. Muy cansado, James Babylon empezó a dormir.

*****

El calor era casi insoportable. Un calor húmedo y pegajoso que había empapado la ropa interior de Babylon. Se despertó incómodo ignorante del tiempo que hubiera pasado. No mucho, dedujo, por la oscuridad fuera de la ventana y lo poco adormecido que se encontraba. Se quitó la sábana de encima con un gesto agresivo, buscó el paquete de tabaco de la mesilla. La luz de un fósforo iluminó la estancia rasgando la luz de la luna llena unos segundos. Babylon tosió tras la primera calada y una húmeda expectoración cayo al suelo. Los hilos plateados de luz entraban por la ventana de forma nítida. Babylon se puso de pie y caminó hacia el alféizar. El suelo de madera crujía en cada paso y oyó un suave relincho antes de llegar al marco de la ventana. Se apoyó en él mientras daba una calada. Miró hacia el patio de gravilla. Allí, a unos cincuenta metros un coche de caballos de color negro, de estilo antiguo, permanecía quieto. De madera, elegantemente lacado aunque algo gastado por el uso. Dos caballos negros estaban sujetos a él. Mientras Babylon miraba, uno de ellos levantaba alternativamente cada una de sus patas delanteras. Relinchó no muy fuertemente, aunque lo oyó con total claridad en el denso silencio que parecía embeber la noche. El otro caballo, como respondiéndole, agitó la cabeza y relinchó a su vez, muy suave. El cochero, vestido de negro, con capa y un viejo y ajado sombrero de copa, como sintiendo la mirada de Babylon giró la cabeza hacia él. Sus miradas se cruzaron. Babylon vio a la clara luz de la luna llena el pálido rostro del cochero, en agresivo contraste con la espesa barba negra, larga y descuidada. Los ojos claros, casi metálicos del cochero miraban a los suyos. A pesar de la distancia, Babylon distinguió un pendiente en su oreja izquierda y un diente de oro en la boca que le sonreía. El cochero se dirigió, sin lugar a dudas, a Babylon. No pareció gritar, aunque Babylon oyó la voz perfectamente. ¿Sube?, dijo.

Aún queda sitio para otro más.

Babylon sintió un escalofrío, sin saber por qué. Dejó caer el cigarro sobre el alféizar, y en medio de un grito ahogado se despertó. Era de día y tenía la manta puesta. Debían de ser las doce de la mañana. Así que se levantó y se vistió para bajar a tomar su merecido y opíparo desayuno. Pensando en el coche de caballos imaginó que habría sido un sueño. No lo hubiese hecho si hubiese visto una colilla y su respectiva quemadura en el marco de la ventana.

*****

Tras el desayuno, mientras regresaba al pueblo para subirse al primer autobús que pasara (que seguro que sería el correcto), aprovechó para fijarse en la gravilla del patio. Desde luego, no había ninguna marca. Ni de ruedas, ni de cascos, ni cagadas de caballo, pensó. Sonrió mientras encendía un cigarrillo. Un sueño, se decía. Volvió la vista atrás al cruzar la pesada verja de metal que tan tétrica le pareciera anoche. Un sueño. Uno raro.

Caminando llegó a la plaza principal del pueblo, subió a un autobús mientras tiraba al suelo una colilla más, se sentó en el tercer asiento que encontró libre y miró por la ventanilla. Desde donde estaba se veía el torreón de la mansión alejarse poco a poco. Pensó en la pobre niña, en la abuela desmayada, en la madre loca... y en el coche de caballos. Los recuerdos se desvanecían a la vez que lo hacían las casas para dar paso a la verde y montañosa campiña. Se inclinó en el asiento y cerró los ojos.
No volvió a pensar en lo sucedido.

Hasta cuarenta y seis días después.

*****

La llegada a la Ciudad de Cristal fue tranquila. Viajar en avión siempre le resultaba divertido, sobre todo por las azafatas. Se despidió de una, un poco escandalosamente para la media inglesa y se dirigió a la parada de taxis para subirse en uno. Centroeuropa es un lugar tranquilo, pensó mientras encendía su cuarto cigarrillo desde que salió del avión. Un aeropuerto sencillo en la sencilla capital de un país sencillo. Tosió levemente tras la primera calada. Al hotel Coliseo, dijo al conductor. Muy amable y educado, el taxista preguntó a Babylon si viajaba por negocios o por placer. ¿Preguntan siempre lo mismo todos los taxistas del multiverso? Supongo que un poco de ambos, respondió. El taxista pensó si todos los viajeros del multiverso respondían lo mismo a esa pregunta, no dijo nada más y doce minutos después aparcó frente a la puerta del hotel Coliseo.

*****

Babylon acudió a recepción. No solía registrarse en los hoteles, obviamente, pero esta vez iba con todos los gastos pagados, así que decidió darse el gusto. Le atendió un muchacho joven y muy educado que le atendió con eficacia. Verificó la reserva, le indicó que firmara en el libro de visitas en la casilla correspondiente y le entregó la llave de la habitación 1409. Piso catorce, pensó mientras tosía y sacaba otro cigarrillo. ¿Precisa el señor del servicio de un botones?, le preguntó el lampiño recepcionista. No, no, respondió Babylon. Jimmy viaja ligero, añadió, mientras encontraba con la mirada uno de los cinco ascensores del edificio, el más cercano a él, curiosamente. Se acercó tranquilamente al grupo de gente que esperaba allí, mientras buscaba dónde tirar la colilla cuando se abriese el ascensor. El indicador de encima de la puerta indicaba piso nueve, y bajando. Tardaría aún unos segundos. Dio otra calada, y el humo se disipó despacio al expelerlo. Una calada más. Piso cinco y bajando. Otra calada. Piso cuatro. La apuró lo que pudo, mientras comprobaba, piso tres, que no había ceniceros junto a las puertas gemelas. Piso dos, expulsó el humo y piso uno, una calada final, planta baja.

La puerta empezó a abrirse.

La gente entró de golpe, con prisa, siempre tienen prisa en los hoteles, pensó Babylon. Se dispuso a entrar, el último, en el gran ascensor del hotel. Cuando estaba a punto de cruzar la puerta, se atragantó violentamente con el humo que tenía en los pulmones. Tosió. Volvió a toser, y mientras un picor de garganta y una leve secreción del lacrimal le molestaban, miraba al ascensorista por segunda vez.

Era pálido.

Mucho.

La mente de James Babylon recordó algo que ocurrió exactamente cuarenta y seis días antes.

Y la espesa barba negra, larga y descuidada, hacía un agresivo contraste con el rostro del ascensorista. Le miró a los ojos. Los ojos claros, casi metálicos del hombre miraban a los suyos. A pesar de la tos y el par de lágrimas, Babylon distinguió un pendiente en su oreja izquierda y un diente de oro en la boca que le sonreía. El ascensorista se dirigió, sin lugar a dudas, a Babylon. No pareció gritar, aunque Babylon oyó la voz perfectamente. ¿Sube?, dijo.

Aún queda sitio para otro más.

*****

No. Tos. Subiré, tos, en el siguiente. Como usted quiera, dijo el ascensorista. Sonrió mientras un diente de oro centelleaba en su boca. Las puertas se cerraron lentamente, y Babylon se apoyó en la pared para recuperarse de la tos. Decidió hacer un esfuerzo y subir los catorce pisos andando, aunque sabía que iba a tardar una eternidad. Se dirigió a una de las escaleras del ala correspondiente a su habitación mientras buscaba levemente febril la cajetilla de tabaco. Mientras empezaba a encencer un cigarrillo junto a un cartel de no fumar, al pie de la escalera, oyó un espectacular estruendo detrás de él en el mismo instante en que pisaba el décimo escalón, poco antes del primer recodo. Se giró.

Una algarabía se dirigía hacia el ascensor que había estado a punto de coger. Uno de los encargados de recepción corría hacia allá seguido de dos botones, y se abrieron paso entre la gente, casi a empujones. Babylon permaneció de pie en el recodo de la escalera. Pocos minutos después, un tercer botones se acercaba con una palanca, mientras el gerente pedía calma a gritos al cada vez mayor grupo de gente que se amontonaba junto a la puerta del ascensor.

Babylon se sentó en el décimo tercer escalón, el primero del recodo, mientras los botones abrían las puertas. Tres o cuatro cadáveres cayeron sobre ellos en el momento que tuvieron hueco suficiente. Los demás cadáveres, destrozados entre un amasijo de ropa, sangre y metal apenas se movieron. Babylon ni siquiera se molestó en mirar. Acabó de encender el cigarrillo y dio una profunda calada. No tosió esta vez.

Sí, pensó. Su mirada se posó en el cigarrillo, lo sostuvo frente a sus ojos y lo tiró contra el suelo. Se levantó, se giró y comenzó a subir el primero de los catorce pisos.

Después de todo, se dijo, no me vendrá mal un poco de ejercicio.

FIN

Próximamente: Paraguas para un amigo, un Relato Asombroso de Claudio, el Artesano.

James Babylon es un personaje de APK – El Juego de Rol en Vivo, interpretado por el inefable Samuel Tascón. Un exorcista y cazador de demonios canalla, fumador y alcohólico, colaborador ocasional de programas de ocultismo de horario nocturno, rockero vocacional y ocasional visitante del Infierno. Aunque originalmente estaba basado en el personaje de la línea Vertigo de DC Comics John Constantine, ha crecido y evolucionado hasta tener personalidad propia y un carácter diferente al del personaje original. De hecho, no es bisexual, ni rubio ni se parece a Sting.

Ah, y lleva perilla.

lunes, abril 14, 2008

¿Tiene usted hora?

Parece que fue ayer cuando empezamos.

Tímidos y bastante torpes, pergeñando, a pincelada gruesa, los trazos de un universo que, por poco, no se nos escapaba de las manos. Quién nos iba a decir (profetas en tierra extraña) que ibamos a acabar como acabamos, como estamos acabando, como se acabó. De un plumazo, paf, y adios al mundo. ¿Por nuestra voluntad? ¿O han tenido que ver las decisiones de gente fuera de nosotros? Quién sabe. Personaje a personaje, llega un momento en que uno ya no sabe ni quién es. O dónde está.

Vino y se marchó gente, se unieron nuevos personajes al Gran Juego de Rol que es la vida. Algunos cambiaron, algunos permanecieron, y muchos opinan y opinaron sobre todo lo que nos ha ocurrido. Visto desde donde estoy, me parece increíble el camino recorrido.

Y, curiosamente, aunque se acaba, aunque se acabó, volvería a empezar de nuevo, o a retomarlo desde el final, sea cual sea ese.

Y otro día, que no ahora, hablo de APK

Algo viejo y algo nuevo

Mentira.

En ambos casos.

El primero de Miguel Hernández. Se titula como el primer verso. Curiosa costumbre que nunca he compartido. La imagen, de www.cosasminimas.com.

A ti, llamada impropiamente Rosa,
impropiamente, Rosa, impropiamente,
rosa desde los pies hasta le frente
que te deshojarás al ser esposa.

Propia de rosas es tu piel de rosa,
de cáliz y de pétalo caliente;
pero es tu piel de rosa indiferente
otra rosada y diferente cosa.

Te llamas Rosa; si lo eres, dime:
¿dónde están las espinas, los dolores,
con qué todas las rosas se defienden?

Por ser esposo de una rosa gime
mi cuerpo de claveles labradores,
y ansias de ser rosal de ti lo encienden.


AUNQUE EXAGERO

Me muero sin parar, y mientras muero
juego a poner tu cara en otras tantas
(no me mires así, que no sé cuántas)
florecillas de paso en el tintero.

Cansado de esperar, curao de espanto,
hablándole de ti incluso a las plantas
y ni siquiera entiendo cómo aguantas
ese tantísimo aguantarte tanto.

Y vuelvo a no dormir mientras recuento
recuerdos en minutos fugitivos
que ignoro si son ciertos o lo invento.

Me muero sin parar, y aunque exagero,
nos intento ordenar mientras escribo
dejando algo de sangre en el tintero.

domingo, marzo 30, 2008

Y yo con estos pelos

No me había dado cuenta.

Pero ya han pasado diez años, mes arriba, abajo.

Hace diez años que no me peino.

Desde que empecé a dejarme el pelo largo, por una decisión improvisada hablando con un compañero de colegio. Y me lo dejé. Largo. Mucho.

Ahora veo las fotos y me parto claro. Me quedaba horrible y parecía un jevi con toda su pelambre si me ponía camisetas negras.

Luego me lo corté, y empecé a llevar los rizos como quedaran al secarse, pero nunca me volví a pasar un peine.

Joder, me encanta mi pelo.

Y como me lo miro mucho, porque me paro en todos los espejos, me dio una alegría el otro día.

Me he encontrado una cana en la patilla derecha.

Y buscando, me he encontrado varias en la barba.

Es genial.

Porque me dejé barba para parecerme a él.

Y seguro que se alegra, ande donde ande.

Con el abuelo, supongo. Que llevaba perilla.

Pero lo de la perilla... ya os lo cuento mañana.

martes, marzo 18, 2008

Otro día más que ahora


Quizá sea mañana cuando pueda
despertarme pensando en otra cosa,
otra cosa distinta, una graciosa,
que tengo la memoria en almoneda.

Quizá sea mañana, e igual la rueda
termina de girar y va y se posa,
azar de tanta libertad forzosa
y vuelvo a llamar piel a lo que es seda.

Igual mañana mudo la corteza
y dejo de marear esta semana
al puto corazón, que ya era hora.

Igual, pero es que es cierta la certeza
que amanezco sabiendo que mañana
será sólo otro día más que ahora.

lunes, marzo 17, 2008

Uniforme de Gala

Hace unos años, un disco me dió una sorpresa. Resultaba que Antonio Gala no me daba asco. Vino, y no se fue.


VIENE Y SE VA....

Viene y se va, caliente de oleaje,
arrastrando su gracia por mi arena.
Viene y se va, dejándome la pena
que, por no venir solo, aquí me traje.

Viene y se va. Para tan breve viaje
talé el jazmín, segué la yerbabuena.
Ya no sé si me salva o me condena:
sé que se va y se lleva mi paisaje.

Sé que se va y me quedo frente al muro
de la lamentación y del olvido,
oscuro el sol y el corazón oscuro.

Viene y se va. Yo nunca lo despido.
Al oído del alma le murmuro:
-"Gracias, bien mío, por haber venido".-

jueves, marzo 13, 2008

La Bañera del tiempo (II)

¿Qué mueve al hombre cuerdo a desafiar a los cimientos de la realidad? Supongo que no existe una causa verdadera para el hombre que se encuentre en sus cabales, pero la sombra insidiosa de la locura, las maneras de aquellos que danzan entre la fina línea de lo noble y lo malvado acechan en todo hombre, y sobre todo, en todo hombre brillante.

Cuando lo conocí, recuerdo perfectamente, me pareció un hombre curiosamente excéntrico. Sin embargo, con el tiempo (siempre el tiempo) y el trato, descubrí una exquisita lógica en su forma de proceder, en su forma de observar el mundo y entenderlo. En su forma de amarlo, y por qué no decirlo, en la manera que tenía de desafiarlo.

Solíamos quedar todas las semanas, con esa costumbre y seguridad que da la amistad, conversando hasta altas horas de la noche, de temas siempre polémicos y las más veces, de escabrosa moral. No sé si lo hacía por gusto o simplemente por una poderosa curiosidad intelectual. En cierta ocasión, ignoro si animado por los vapores del chianti o por el miedo a algo que no puedo entender y que entreví en sus ojos, me dijo que un día nos citaríamos y él no aparecería. Que no me preocupase, que él estaría bien, aunque más lejos de lo que yo sabría imaginar. Me dijo que regresaría, pero que no lo esperase. Y que habría un regalo para mi. La conversación entonces dió un giro y sus palabras pasaron a formar parte del pasado. Del tiempo pasado.

Nunca lo entendí del todo, y jamás volvió a tratar el tema. Como si no hubiese sucedido.

Pero...
La semana pasada me cité con él, cual hiciéramos todas las anteriores.

Quedamos en un lugar apartado, como solíamos, como a él y a mi nos gustaba. No sabría indicar por qué, pero lo sospeché todo el trayecto de ida y lo supe de forma visceral en cuanto llegué. Él es, o era, un hombre de extrema puntualidad, al contrario que yo. Sólo eran cinco o diez minutos, pero él no se encontraba allí.

En el lugar del encuentro había una maceta, con una planta. Una planta con una extraña flor doble de color encarnado, y un tallo grueso y áspero. Y una nota: "éste es el regalo."

Ningún botánico ha sabido decirme qué planta es, o a qué familia pertenece.

Imagino que es de ese lugar lejano que no puedo imaginar. Que no sé imaginar.

Sé que regresará, y desoyendo su consejo, esperaré.

Después de todo, es sólo cuestión de tiempo.

De tiempo.

miércoles, marzo 05, 2008

Ahora no es buen momento

Parece ser que ahora no es buen momento.

Pasan las horas, pasan los días, pasan las oportunidades. En La Vida Es Una Tómbola, volumen 12, las papeletas sin premiar van cayendo a la basura. ¡Amiguitos! ¡Pasen y jueguen, que nunca toca! Es lo que tiene andar rebotando: o te vas a un lado, o al contrario. Y he descubierto un curioso detalle: nada rebota si no lo empujan primero.

Imaginen lo cansado que sería jugar un partido de fútbol en el que sólo uno de ustedes fuese el que moviese la pelota. Rebota, rebota, que en tu culo explota.

Pues bueno. El Verónico Mitad ya está cansado de esperar.

Parece ser que ahora no es buen momento. Debe de ser por el Euribor.

miércoles, febrero 27, 2008

La bañera del tiempo (I)


A falta de un nombre mejor, lo llamaré "el viajero a través del tiempo".


Sé, pues así me fue contado, que no es la primera vez que se emplea este término para referirse a alguien, si es que puede hablarse de primeras veces en lo que a viajeros del tiempo se refiere.


No diré su nombre real, claro, ni haré referencia ninguna al lugar donde vivía, o trabajaba. Ignoro quién ni cuando leerá esto, y es tan frágil el entretejido del tiempo que no quisiera perder de mi memoria estos episodios o borrarlos de la existencia, quizá tan sencillo sea. En tres idiomas escribo esto. Uno es el español, por ser mi lengua materna. Otra es el gumún, por saber que será la que más uso y alcance vaya a lograr, y es la tercera el latín, pues así me lo pidió alguien importante. He introducido, lo siento, errores deliberados en el empleo de estas lenguas, para no arrojar pista alguna sobre cuándo fueron escritos, o cuándo nació y vivió quien esto escribe.


Pese a mi anonimato y el del viajero a través del tiempo, si indicaré que su oficio y formación eran las propias de quien ejerce de ingeniero. No sé si quien lea esto conocerá el término, o si en su época o lugar existe tal profesión o alguna similar. Son quienes solucionan problemas. Conocen las leyes de la física y la naturaleza y saben pergeñar y diseñar los artilugios que solucionen los contratiempos a los que el hombre, a diario, se enfrenta en su lucha contra la naturaleza. Fue este conocimiento de los mecanismos que hacen funcionar el mundo y la realidad lo que condujo al viajero a través del tiempo a ser capaz de crear el dispositivo, el artilugio que le permitió quebrar a voluntad las corrientes que hacen avanzar el tempo y el ritmo del universo.


Sin embargo, que un hombre posea capacidad para hacer algo es baladí en lo que a esta historia se refiere. Lo que realmente la vuelve importante son las causas que condujeron al viajero a través del tiempo a desear moverse y viajar (si moverse y viajar son verbo apropiado) de una forma que tan antinatural le resulta al ser humano.


Así pues, he aquí el proverbial leit motiv: ¿qué mueve a un hombre cuerdo a querer viajar a través del tiempo?


(continuará)

Jugar a ser cangrejo

De dos en dos, y bien desparejados
caminan sin la mano dos idiotas,
la dama en zapatitos y él en botas,
no sea que coincidan sus estados.

Se sientan al ladito y separados
pudriéndose el amor con cuentagotas,
ella obsesionada al dar la nota,
no sea que dirán, los innombrados.

Por si acaso, dice él, yo me he comprado
un relojillo de esos digitales,
y así, pues pierdo el tiempo controlado.

Que tanto ping-pong va a pillarnos viejos,
que paso de vestirnos con retales,
que paso de jugar a ser cangrejo.

martes, febrero 26, 2008

La vida en negro

Hace veintiún años, me pusieron un kimono blanco, con un cinturón blanco.

El sábado, sobre un kimono negro me pusieron un cinturón negro.

Hay una curiosa teoría sobre los colores de los cinturones que se le ocurrió a Kawaishi sensei, uno de los grandes del Judo clásico. Es un pelín vanidoso que me la cuente a mi mismo, así que me callaré.

Recuerdo perfectamente el primer día que vi un tatami. Me bajó mi madre a la mazmorra donde entrena Judo Lourdes, para que lo viera, porque no me habían comprado el kimonillo aún. Todos mis compañeros de clase empezaron ese día, menos yo. Lloré la mitad del camino de vuelta a casa.

Casi lloro en el de vuelta a casa de hoy. Parece que el negro no da súper-poderes.

Noticia sin más que os importa bastante poco. Pero o digo algo o reviento.

Gracias a los que fueron a verme... es más importante de lo que pensáis. A los habituales y a los que fueron sólo ese día. Besos y abrazos.

Y como dice un maestro, mientras tanto, seguimos entrenando.

Y ruede la rueda, y gire la
noria...

martes, febrero 05, 2008

Un niño loco vestido de negro

Eran otros tiempos.

Los tebeos que leíamos eran de la década anterior, o más atrás, y normalmente prestados por un primo mayor que ya no los quería. Las historias estaban mezcladas e incompletas, las traducciones eran absurdas y los nombres de los personajes incluso variaban de número en número. Así eran los superhéroes en los ochenta.

Vale, vale. Era el final de los ochenta, pero eran los ochenta.

Había algo extrañamente mágico, algo poderoso en aquellos señores con poderes vestidos en estrechísimos trajes. Algo que hacía comprensible que se vistiesen de licra, que volasen y que lanzasen rayos. Tenía yo, antes de entender el Multiverso, la idea curioso de que en algún lugar, en algún momento, todo eso estaba ocurriendo. De verdad. Algunas veces, incluso, al salir del colegio miraba hacia arriba, con la esperanza de ver al doctor Octopus peleando con Spiderman, ignorante de que Manhattan estaba demasiado lejos, y que el fragmento de posibilidad que separaba el mundo de Peter Perker del mío era demasiado improbable.

Luego llegaron las series regulares, historias hiladas unas detrás de otras y la dolorosa realidad de que algunos héroes no vivían en los mismos universos. Nunca sabríamos (¡aunque yo SÍ lo sabía!) quién ganaría si se pegaban Superman y El Artista Antes Conocido Como La Masa, o Batman y el Capitán Estados Unidos. Años más tarde todo eso se solucionaría. Y con el tiempo y la edad, comencé a fijarme en un señor que antes nos había pasado casi desapercibido. Confieso que una película tuvo mucho que ver, y la cantidad de juguetitos que de él vendieron. Era un niño, casi como nosotros, que, afectadísimo tras el asesinato de sus padres y decide convertirse en un soberbio atleta, un experto criminólogo y vestirse de cuero negro y sólo salir por las noches a defender la justicia y evitar el crimen.

Me costó varios años entender que Batman estaba tan loco como los criminales a los que perseguía. Gente que desde el punto de vista del niño en su República Feliz eran malos porque mataban gente y estaban desfigurados y estaban obsesionados por cargarse al niño loco vestido de murciélago, ya mayor.

Por supuesto, llegaron otros. Unos tíos de pelos raros que buscaban bolas de dragón por el mundo apartaron a los de las capas y la licra durante dos o tres años. Pero los buenos villanos siempre vuelven. Y cuando volvieron, el mundo, o quizá mi visión de él ya no era la misma.

Batman, el niño loco vestido de negro ahora era exactamente eso, un adulto frustrado incapaz de superar un brutal asesinato, y había una extraña lógica detrás de lo que los tíos desfigurados hacía al matar gente, atracar bancos o, esquivando el Comics Code, violando a jóvenes ayudantes. En el mundo real había gente que mataba y no era malvada, y gente que debería defender la justicia que sí lo era. ¿Por qué no iba a ser así en el mundo del niño loco vestido de negro?

Hoy sigo sin poder vivir sin ellos. Por eso, aunque ya no salgo del colegio, a veces miro hacia arriba por las noches, y nunca busco estrellas.

Siempre espero ver una sombra fugitiva en la esquina de alguna azotea, para que me recuerde que a un fragmento de posibilidad de aquí, a una leve distancia vibratoria, en algún punto del multiverso, Batman sigue persiguiendo al Joker.

Pero el Joker se escapa, y siempre vuelve.

Los buenos villanos siempre vuelven.

lunes, febrero 04, 2008

Que me sobren los motivos

Me lo preguntan a veces. Imagino que es normal. Habló mucho de él, lo escucho mucho, le investigo, me aprendo de memoria su vida y obras, y me influye, este señor. ¿Cuál es tu canción favorita de Sabina?

Qué barbaridad.

De las casi (¡casi!) cuatrocientas canciones que ha escrito este señor, hay muchas buenas. Muchísimas. Hay un buen puñado de grandes, e incluso alguna escrita regular. La prisa, o la desgana, supongo.

El caso es que me es imposible escoger sólo una, al menos así de golpe. Pero estas cosas me dan por rachas. De las muchas que tiene que metería en un Grandes Éxitos (o Grandes Fracasos, que vaya temas nos pone veces El Flaco), cada temporada la que más me gusta es una. Una y sólo una.
Una, ya ven. Y durante ese tiempo, hasta que sé tocarla o me olvido del asunto, como diría su Primo el Nano, no hago otra cosa que pensar en ella. La canturreo, la susurro, trato de aprenderla, todo el día con ella en la cabeza.

Pero a veces, me pasa a veces, que caigo en la cuenta de que hay canciones que tienen dueño, y que no son mías.

Y que no voy a poder volver a escucharlas otra vez.

Ni a tocarlas.

Aunque me sobren los motivos.

lunes, enero 28, 2008

Torero

Qué dúo. Julio Iglesias con El Puma.

Y dice:

Llévatela contigo que a mi
me está volviendo loco;
menuda hembra,
como és,
mucha experiencia
hay que tener
para domarla un poco.

Llévatela contigo que a mi
también me vuelve loco;
también la quiero
conquistar
pero es tan brava
que al final
no puedo yo tampoco.

Torero,
para estar a su lado
hay que ser torero
y medir la distancia
que va a su cuerpo.

No hay que andar confiado
ya en su terreno
porque,
porque pueden herirte
sus ojos negros.

Torero
hay que ser tan valiente
como un torero
para ir sin capote
a robarle un beso.

Para hablarle de cerca,
sin burladero,
hay que ser
torero,
torero,
torero.

jueves, enero 17, 2008

En Tierras Infinitas

Hablé hace poco con una pagana.

Una de esas neojipis que adoran a La Gran Diosa y quieren casarse por un ritual celta, y demás. En fin, cada cual es libre de buscarse la espiritualidad por la rendija que más le convenga. Algunos leemos a chinos muertos en busca de la iluminación mientras esquivamos palos que nos vienen por la espalda. Pues eso.

Esta muchacha es una de esas que hacen que te replantees puntos de vista, y, sobre todo, perspectivas. Lo cual es una de las grandes ventajas de los frikis. Cuando cientos de personas se preguntan por sus vidas anteriores en este universo, nosotros, mirando desde un pedestal de Uru, miramos alrededor de este planeta, intentando vibrar en consonancia con otros. Miramos a las Tierras Infinitas. Un mano a mano con el Multiverso.

Aunque que existan universos infinitos no significa que existan todos los que podamos imaginar, somos libres en el pensamiento. En uno de esos universos, soy un legendario espadachín.

Y me puedo acercar a Ella, desenvainar, y de un corte, abrir la cajita de metal que lleva en el ombligo, donde mete a presión sus emociones.

Pero eso es en un universo paralelo.

Otros Mundos.

¿Y si...?

viernes, enero 11, 2008

El año de la rata

Saltar. Trepar. Esquivar. Desplazarse en silencio. Ropa negra. En primer lugar, quitarse la armadura. En segundo, correr bajo las estrellas, que serán mis ojos.
En el lejano oriente, de donde venía el rey Melchor, la rata, el año de la rata simboliza la astucia, la supervivencia, el triunfo... y la elegancia.
Ignoro qué tiene de mágica una tierra que logra ver todo eso en una alimaña que propagó por toda europa la peste negra, pero me alegro: son virtudes que nos serán necesarias este año entrante, que amenaza largo a la par que satisfactorio. Como dice mi risueño kohai, cuando los ecos de sensei lleguen al universitario, nos vamos a hartar de arrastrar los cojones por el suelo.
¿Tiene sentido aprender formas de combate de hace 800 años?
Les aseguro que sí. ´
Próximamente, La Vida en Negro.
¡Feliz año de la rata!

lunes, enero 07, 2008

Los sueños en la casa de La Bruja

Soy mago.

Eso ya lo sabéis. Por eso, imagino, comozco a menudo a gente extraña. Conozco un Ingeniero de la Muerte, un Bufón Cósmico y a un dios vaca. Cojones, que conozco varios ninjas. Conozco un señor que tiene un demonio tatuado en el brazo y una armadura al lado de la cama.

Pero no pierdo la capacidad de sorprenderme.

El último verano, conocí a una bruja.

Una amiga de francia y yo hemos ido a visitarla el día de año nuevo, y los siguientes. La memoria se oxida a veces, pero nunca el corazón. Hemos habitado en su casa, y dormido allí. Y, al menos yo, soñado. He pensado en
el caballo de cartón, y en cómo sería cabalgarlo, me he acordado de trozos del verano que se habían enfriado un poco, de errores que cometí y no puedo cambiar y de emociones que no fueron culpa mía. Como en la vieja canción, me encanta y me jode verte tan guapa. Me haces una pregunta curiosa cuya respuesta ya conoces, y me empiezo a poner a pensar en universos alternativos. Mala costumbre, pero imposible de reprimir. Ahora, cada vez que entre en un Carrefuá me reiré viendo los carritos pequeños.
¿Lo demás? En privado, caballeros.
Ah, y he visto monumentos.
Jodeg.
__________________________
"Los sueños en la casa de la bruja" es un relato de terror cósmico de H.P. Lovecraft. Qué equivocado andaba el amigo.

jueves, diciembre 20, 2007

Las Horas Buenas

Omedeto.

Aprendí la palabra antes de ayer, de boca de un discípulo (así lo llama mi hermano) que se torna, de vez en cuando en el maestro.

Significa "enhorabuena".

Y en español, "enhorabuena" no significa solo "felicidades".

Significa que algo bueno te está ocurriendo en esa hora, en ese momento concreto. En ese día.

Para unos pocos allegados (que ya han llegado, guiño, gueño), hubo una Hora Buena hace poco, momento en el que traspasaron una barrera que pasa del sexto al quinto. A mitad de un camino.

Alguno maestros zen afirman que la mitad del camino es momento idóneo para detenerse. Para pararse a reflexionar. El final del camino está lo suficientemente lejos para tomarnos ese descanso de perspectiva, y el principio queda lo suficientemente lejos como para que nadie quiera dejar de caminar. No porque haya sido fácil, sino porque has llegado más lejos de lo que pensabas cuando empezaste a caminar. El lugar donde te encuentras está más allá del horizonte que se veía al levantar el pie del primer paso. La mitad del camino es una Hora Buena. Debe ser el invierno, y que ha nevado, pero me sentía zen esta tarde. Hay quien se siente poeta del siglo diecinueve, pero no es mi caso hoy. Viejas costumbres que encuentran nuevos corazones que habitar. Viejas prácticas repetidas en personas nuevas.

Nuevos caminantes que recorren un camino ya recorrido por otros, que no están tan lejos.

Imagino que eso es a lo que se refería Lope cuando hablaba de la inmortalidad. Imagino que es a lo que se refiere Hatsumi cuando habla de vida, y budo, y de infinitud.

Sé que es a lo que me refiero yo, que me encantan Los Inmortales.

Bienvenidos a un nuevo trayecto de un camino infinito, chicos.

Omedeto.

En Hora Buena.

lunes, diciembre 10, 2007

Estados Alterados de Inconsciencia

Esta que veis de rostro amondongado,
alta de pechos y ademán brioso,
es Dulcinea, reina del Toboso,
de quien fue el gran Quijote aficionado.

Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra, y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado.

Culpa de «Rocinante». ¡Oh dura estrella!
Que esta manchega dama, y este invito
andante caballero, en tiernos años,

ella dejó, muriendo, de ser bella:
y él, aunque queda en mármoles escrito,
no pudo huir de amor, iras y engaños.

_________________________________________

Espero que no me suceda como a don Quijote y esté viendo (y mirando) visiones. A ojo de buen cubero, que diría El Artesano, me parece que no. Pero cuando el objeto que miras, y su perspectiva, está tan cerca del foco de visión, es normal que se produzcan errores, aunque no diviso ninguno.

¿Náufrago de nuevo? Parece ser que La Isla Interminable se acabó del todo, habiéndome dejado una sinpar habilidad para nadar. Ahora, con flotador, me paseo a la deriva dando vueltas en una isla en la que, si bien no vivo (aún) he dejado una caseta construida para los ratos que paso por allí, que empiezan a ser bastantes, y sospechosos habituales.

La Zíngara la vió, y dice que es maja.

Ya veremos.

De momento, APK3: Un paseo por el parque.

martes, diciembre 04, 2007

Vane cierra las cortinas


Cuando Dios va y le cierra las ventanas,
Vanesita le pone unas cortinas
que se abren cuando el alba se avecina
y la pintan de luz por las mañanas.

La Prince Guapa (que jamás decide)
le pide al Mago Guapo de este cuento
que deciden cuidarse en plan discreto
evitando arrumacos que reinciden.

Que no se preocupe usted, princesa,
que el cuento no termina en este caso
con la palabra FIN en las esquinas.

Que Momo empieza un cuento con Vanesa,
y cuando el mundo va y le da un portazo
mi Princesa va y descorre las cortinas.

lunes, diciembre 03, 2007

¡Ad Gladios!

Eres Marcvs Secvndvs, o al menos ese es el nombre al que respondes desde hace siglos. Tu verdadero nombre es Antonivs Primvs, y eres hijo de un senador romano, de quien tomaste tu nombre actual. Ya desde joven decidiste que la vida política no era para ti, y emprendiste una carrera militar de gran éxito, comenzando con el grado de centurión gracias al rango que caracterizaba a tu familia. Te distinguiste en diversas campañas durante la Guerra de las Galias y llegaste a servir a las órdenes del estratega más genial que nunca hayas conocido: Cayo Julio César. Lo apoyaste firmemente durante la guerra civil contra la facción conservadora de la República Romana, apoyo el cual te valió el ascenso a general.

Pero no sólo eso. Además de tu gran habilidad como estratega, un augur venido de una lejana isla de Grecia te ofreció sus servicios. Su aspecto era repugnante, de baja estatura y cubierto de pústulas y bubas que supuraban a veces, sólo se dejaba ver de noche, permanentemente encapuchado. Su nombre: El Civateo. Sin embargo, pese a su aspecto deforme, su habilidad como vidente estaba fuera de toda duda. Siempre claro y conciso, a diferencia de los adivinos menores que envolvían sus juegos de salón entre palabras vanas y poesía de tabernae. Con su ayuda, pronto tuviste gran éxito en las batallas en la Germania Citerior, conquistando, para mayor gloria de tu imperio enormes extensiones y ricas provincias. Sin embargo, cierto día El Civateo desapareció. La noche anterior te narró una extraña historia sobre murciélagos que no entendiste del todo, y te advirtió que la próxima vez que lo vieras nunca sería olvidada. Al poco de marcharse, una bruja del norte ocupó su lugar. El nombre con el que se presentó fue Gasthira.

Los meses pasaron, el imperio se expandía. La noche antes de regresar a Roma tras las campaña de Britannia, El Civateo regresó a tu vida. De noche, como un ladrón, entró en tu tienda de campaña. Te golpeó con una fuerza inusitada para un hombre de su edad y constitución. Se agachó para colocarse a la altura del suelo en que yacías tras el golpe. Sus palabras nunca se te olvidarán: “Soy El Civateo, discípulo de Nósphoros, el Portador de Enfermedades”. Y acto seguido te mordió en el cuello. Paralizado, sentiste como la sangre y la vida abandonaban tu cuerpo.

Y moriste.

O eso creías. Varios días después te despertaste en un túmulo en algún bosque perdido de Germania, con El Civateo a tu lado. Te explicó tu nueva condición, te enseñó a sobrevivir a ojos de los mortales, te presentó a tus hermanos… y once años después te traicionó. Pero esa es otra historia.

Como inmortal, has visto el auge y caída de vidas, de hombres, de imperios y dinastía. Has sabido emplear todo ese tiempo para amasar una increíble fortuna y una enorme red de influencias. Pero a veces, cuando la sangre que has bebido tiene demasiado vino y comienzas a delirar melancólicamente en latín sin darte cuenta, rememoras una vida antigua, una vida perdida, donde todo era más sencillo y el sonido de una trompeta anunciaba el amanecer de un nuevo día de campaña…

lunes, noviembre 26, 2007

Mandarina con tomate

Hoy voy a hablarles de ella, que llevo retraso y ha sido su comple.



Ella es una fruta pequeña que huele bien y que da besos.



Es una Mandarina.



Tien aproximadamente cero coma seis veces el tamaño de una persona normal, pero es sólo para los que la ven de lejos. Los que la tenemos cerca a menudo nos damos cuenta de que expande en nuestras vidas hasta ocupar huecos que creías olvidado y que se vuelven insustituíbles. ¿La única pega?



Que cuando no está, la echamos de menos.



Es una Mandarina tan única que estaría dispuesto a matar por sólo uno de sus gajos.



Qué grande es, esta pequeña.

Jû no Kokoro - Gentileza del Corazón


Perdonen el retraso. Días, pausas, giros argumentales, reposiciones de series anteriores, estrés emocional: ya saben.

El miércoles pasado fui a la oficina. Es una oficina pequeña, nos conocemos todos, pese a que los free-lance apenas pisamos por allí. Mi colegio, Nuestra Señora de Lourdes, queda al lado.

Y dentro de él, el pequeño recinto con un tatami, tapiz y vestuarios donde hace tiempo, mucho de calendario y poco en la memoria, practicaba el arte del Judo.

Siempre, mierda, siempre me pongo nervioso cuando me acerco allí a saludar. Hace siete años que cambié el kimono blanco por uno negro, dentro de el cual había exactamente lo que buscaba, pero regresar allí, atravesar el patio, bajar las escaleras, llamar a la puerta, ver a quien fuera mi maestro durante catorce años... siempre me provoca eso que los japoneses llaman temblor en el kokoro.

El kokoro no es el alma. No es el espíritu, no es el corazón. Es una palabra que emplean para referirse a esas emociones que están en el alma, en el espíritu, en el corazón. Llamé a la puerta de Judo Lourdes.

Pedro, mi antiguo entrenador abrió. Yo me esperaba lo de siempre: un saludo cordial, un poco de risa por haberme cambiado a un arte marcial que ellos consideran extraña, desfasada, algo... risoria, quizá.

Pero no. Me miró, me reconoció pese a la gorra, el pelo corto, la rasta, la barba... coño, Marcos. Dijo.

Y me abrazó. De esa manera que abrazan los maestros a los alumnos que deciden recorrer su propio camino pero regresan a saludar quitándose el sombrero. Imagino que así pasaba antes, igual que en los tebeos de Usagi, cuando un samurái volvía a casa de su maestro y saludaba: temblor en el kokoro. La sincera preocupación de quien te enseñó tiempo atrás siempre calienta por dentro.

La calidez, bienvenida en esta época del año, me acompañó hasta a casa.

Jû no Kokoro.

Gentileza del Corazón.
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Los ideogramas kanji de la imagen dicen "jûdo". El Judo es un arte de lucha japonés, basado principalmente en presas, lanzamientos y luxaciones. Jigoro Kano, su primer Gran Maestro fundó en 1882 el Kodokan (templo para el recto camino), donde comenzaría a desarrollar este arte basándose en diversas escuelas de Jûjutsu, el arte marcial nipón propio de la casta guerrera samurái. Jûdo o Judo significa "el camino de la suavidad" o "el camino de la gentileza".

miércoles, octubre 31, 2007

Súbanse al tren de la bruja

Suban, súbanse.

Ella quiere acurrucarse en un rincón y quedarse dormidita, quieta y callada sin que pasen los años.

Dice que está triste y que nadie la quiere, que le duele el mundo y la boca, por las costuras.

Dice que se le gastan las ganas, que no encuentra quien la escuche y que le faltan mimos.

¿Y saben qué?

Que yo la he visto reír, y llorar, y bailar, y cantar, y revolcarse en la arena como la más preciosa de las niñas grandes, y recortarme el corazón en cartulina, y la he visto sonreír y alegrarse y envenenarme los males con una energía capaz de devorar el universo, cuando ella quiera, como ella quiera, donde ella quiera.

Ella, que quiere acurrucarse en un rincón y quedarse dormidita, quieta y callada sin que pasen los años, que dice que está triste y que nadie la quiere, se confunde y se equivoca.

Porque yo la he visto como acabo de contarles, y sé que desde entonces, cada amanecer me resulta más sencillo cuando pienso en ella, cuando recuerdo a la jipi más bonita que me he encontrado nunca sonriendo y bailando y recortando corazones y todo eso que les acabo de contar. Y cada vez que entro al vestuario a ponerme la ropa de matar y mi bota ninja esconde, en mi tobillo, una pulsera que me regaló, muda testigo de que los días (¡qué regalo!) que pasamos juntos no han sido producto de mi imaginación, que ocurrió de verdad y que ni puedo ni quiero olvidarlos nunca.

Y hoy cumple años y estará más guapa que nunca.

¿A qué cojones esperan?

Súbanse al tren de la bruja.

lunes, octubre 29, 2007

Unirse, Bucear, Esquivar


Unirse, Bucear, Esquivar...

Unirse a la energía de un ataque, sumando nuestro movimiento al nuestro, volviendo inútil un intento de hacernos daño, venciendo sin tener que matar a nadie...

Bucear por debajo de él, por debajo de aquello, encogiéndonos hasta casi desaparecer, para crecer en el último momento permaneciendo tan pequeños que no se nos pueda ver...

Esquivar, de manera tan sutil que parezcamos indefensos, buscando una apertura en la guardia que nos deje entrever el punto débil que nos dara la clave de la victoria...

Unirse, Bucear, Esquivar...

Unirse a la intención malvada de un enemigo, volviendo su movimiento una futil intentona al sumarnos a él, al ser uno, al tomar el control de su cuerpo sin que él lo sepa, y a través del cuerpo controlar su espíritu...

Bucear, y sumergirnos, llegar más profundo sin quedarnos en el hálito superficial del músculo, ofreciendo nuestro espacio vital, multiplicando nuestro equilibrio mientras robamos el suyo de manera tan sutil que nadie puede percibirlo...

Esquivar, con el gesto, con la mirada, con el cuerpo con el movimiento, golpeando, agarrando, soltando, saliendo, antes, después, durante, venciendo siempre con nueve dioses demonio...

Unirse, Bucear, Esquivar...

martes, octubre 16, 2007

Regreso a La Puerta del Infierno

Disculpen la tardanza.

Pero la creación de personajes para el rol en vivo de este sábado me consume toda gana de escribir.

En número:

Tenemos 52 personajes elaborados para los jugadores, ideas para otros 50, 22 personajes no jugadores para interpretar nosotros, arcos argumentales a corto, medio y largo plazo, una lista con 165 objetos mágicos, la historia de todos ellos con sus conocimientos, motivaciones, contactos y posesiones, 2 nombres para cada uno, un barril de 30 litros del que durante la fiesta saldrán 50 cachis que beberán las 41 personas que asisten a la sesión.

Pero gracias a tanto esfuerzo creativo de entidades sobrenaturales, mi novela avanza viento en popa. Seguro que una persona Pequeña se alegra de eso.
Ah, y El Abuelo me ofreció un estrambótico trabajo.
Ya les contaré.

lunes, octubre 01, 2007

La máquina de imaginar

Malkhut. Atardecer del séptimo días tras el equinoccio de otoño.

Ya has venido,
y yo he leído,
me has hablado
y yo he amado,
me has querido
y yo he besado
me has dejado
y yo he llorado.


La Luz se derrama desde Kéfer hacia la décima esfera en forma de imparable ola empapando toda séfira.

Montado en La Máquina de Imaginar no paro de ver señales de La Obra en cada lugar e instante que miro. He empezado a estudiarlo por la base, Crowley vendrá pronto.

De momento abrí un libro viejo y me encontré ese poema. No sé quién lo hizo, y ya es tarde para preguntar al anterior propietario, aunque me lo acabaré encontrando si lo que creo sobre este viaje es cierto.

Hacia arriba.

Rayo que sube.

Malkhut. Cuatro minutos más tarde.

jueves, septiembre 27, 2007

Se agradece

"Muchas gracias por la canción."

"Quisiera escucharla."

"Yo, cuando tengo atribulado el corazón y me duelen las dudas, vuelvo al principio. Al comienzo de aquellas cosas que me hacen feliz. Está la magia, y vuelvo a mis primeros libros, a la búsqueda de esa sensación unívoca e irrepetible de estar viendo lo imposible delante de los ojos. Están las artes marciales, y vuelvo a esa sensación de autodescubrimiento y de conexión con el mundo que da el cansancio y el aprender a hacer daño, que extrañamente te hace ser el primero en querer evitarlo."

"Y está la poesía."

"Y en medio del maremágnum de libros antiguos, y de viejas palabras, tras los discos de Sabina, después de los libros de Juan Luis Panero, más allá de Lope, me lo encuentro a él."

"Quevedo nunca me engaña."

"Parece que cualquier cosa que yo sienta, cualquier sentimiento que me haya pasado por las vísceras, ya lo haya tenido él. Y más grande. Y mejor. Y con una pasmosa nitidez que me hace quedarme buscando el mundo entre sonetos."

"Hay uno para esta noche:"


¡Fue sueño ayer: mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; y poco después, humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo,
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa, soy peligro sumo;
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.


"Un beso, Florecilla."

martes, septiembre 18, 2007

Quisiera yo saber

Eso quisiera saber.

Qué tal va a resultar mi nueva novia. Es una de esas hijas bastardas de Les Paul, con tres pastillas de bobinado doble. Para eso del blues.

Demasiadas emociones este verano como para acabarlas con un tango. A golpe de pentatónica hago caso a mi buen amigo Rockbert, que es roquero, y le pongo acordes de potencia a las canciones de autor que me salían.

Lloro menos, me río más y me burlo de mi mismo, que buena falta me hacía. El otro día mientras le daba clase de guitarra, La Mandarina me llamó "canalla". Vean la entrada anterior.

Y pasen por la SEMINRI. Las jornadas de rol de Valladolid han resucitado, y debo decir, como hizo aquel, que se han levantado.

Y han andado.

Lo de pintarme el ojo va creando tradición, y no se me acaban las excusas.

Y a todo esto, me confundieron con Melendi.

Volantes pa´ la falda, mi Gitana.

Y haganme caso: subanse al tren de La Bruja.

Y cojan El Ascensor.

sábado, septiembre 01, 2007

El golfo

Un café, mire usted.

Pa un primo hermano. Corto de café.


Largo de Quijano.




EL GOLFO
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Me llaman golfo,
me llaman chulo,
me llaman tantas cosas en la vida que me aburro,
ya no me importa
lo que me llamen
y mi conciencia dice "dejales que hablen".

También se dice
que soy canalla
y siempre alguno lo vocea y no se calla
no sé que ganan
con las mentiras
así me toca levantarme mientras viva.

Dejo que cuenten
me río
yo sólo, se ríen los míos,
dejales que se entretengan
que digan
que mientan
que inventen mis líos.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

Tampoco es
que sea un bendito
pero nada que ver con tanto como han dicho.

Me ven despierto
y estoy dormido,
me ven de farra y estoy con libros que no he leído
me ven con una,
me ven con otra,
pero la lista de mis conquistas es más bien corta.

No soy de fiesta
ni soy de bares
pero se cuenta que yo las copas las tomo a pares.



Dejo que cuenten
me río
yo sólo, se ríen los míos,
dejales que se entretengan
que digan
que mientan
que inventen mis líos.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

No me preocupa
que cuenten
que digan
que inventen de mi,
no me interesan los falsos amables
que no paran de sonreír.

Toda una vida escuchando historietas
por aquí, por allí,
llega un momento
que dices
que pobres cuentistas
que no saben qué decir.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

Golfo siempre he sido
pero golfo comedido,
¡sólo me critican los que no me han conocido!
¿Sabes qué te digo?
¡Que me quiten lo vivido!
Y lo de chulo ya se sabe,
se me nota en los andares.

viernes, agosto 24, 2007

Yavanna

Lo que son las cosas.

Y el azar.

Me la encontré por pura casualidad ayer tras comer en casa de mi madre. Sigue igual de preciosa que siempre, con todas esas curvas en el mismo sitio, pero ha cambiado mucho. Pasamos toda la tarde juntos y ha dormido en casa.

Resulta que ahora pasa de los boleros, y, como me ha pasado a mi, ha descubierto a Bob Dylan, y sólo le interesa el rock, el blues, el folk... dice que ya nada de tangos, ni de rumbas.

Me había olvidado por completo de como era tocarla, del ronroneo suave que gime cuando la acaricias despacio y por encima, estando ella tumbada, estando yo sentado.

Parece que la vida nos ha cambiado a ambos (hace ya unos cuantos años). Se llama Yavanna y es una coreana preciosa.

Tiene seis cuerdas.

De acero.

Lo que son las cosas.

Y el azar.

martes, agosto 21, 2007

Tangled up in magenta



Hay tanto que contar este verano que he decidido no hacerlo.

No podría soportar otra vez las emociones.

A mitad de sus asimilación y proceso, les dejo con el tito Bob. Esta canción (que me aclaró diversas cosas y me abrió una puerta) no se titularía así si el amigo Dylan la hubiese visto a ella con su vestido magenta.

Incapaz de olvidar a una princesa a la que (sospecho, imagino, temo) no volveré a ver nunca, y por la que casi me traiciono a mí mismo, pienso en ella escuchando una canción cuyo título ella me tradujo, dándome un significado que sólo podía hablar de ella. Pasarán años y ella, perfecta, preciosa e intocable, como son las princesas que sólo existen en los cuentos, se quedará congelada en mi memoria, testigo muda de lo que no me atreví a hacer.

A veces es mejor quedarnos soñando con las estrellas que haberlas tocado. Y quizá haberlas roto.

La canción.

Sin ella.

TANGLED UP IN BLUE
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Early one mornin' the sun was shinin',
I was layin' in bed
Wond'rin' if she'd changed at all
If her hair was still red.
Her folks they said our lives together
Sure was gonna be rough
They never did like Mama's homemade dress
Papa's bankbook wasn't big enough.
And I was standin' on the side of the road
Rain fallin' on my shoes
Heading out for the East Coast
Lord knows I've paid some dues gettin' through,
Tangled up in blue.

She was married when we first met
Soon to be divorced
I helped her out of a jam, I guess,
But I used a little too much force.
We drove that car as far as we could
Abandoned it out West
Split up on a dark sad night
Both agreeing it was best.
She turned around to look at me
As I was walkin' away
I heard her say over my shoulder,
"We'll meet again someday on the avenue,"
Tangled up in blue.

I had a job in the great north woods
Working as a cook for a spell
But I never did like it all that much
And one day the ax just fell.
So I drifted down to New Orleans
Where I happened to be employed
Workin' for a while on a fishin' boat
Right outside of Delacroix.
But all the while I was alone
The past was close behind,
I seen a lot of women
But she never escaped my mind, and I just grew
Tangled up in blue.

She was workin' in a topless place
And I stopped in for a beer,
I just kept lookin' at the side of her face
In the spotlight so clear.
And later on as the crowd thinned out
I's just about to do the same,
She was standing there in back of my chair
Said to me, "Don't I know your name?"
I muttered somethin' underneath my breath,
She studied the lines on my face.
I must admit I felt a little uneasy
When she bent down to tie the laces of my shoe,
Tangled up in blue.

She lit a burner on the stove and offered me a pipe
"I thought you'd never say hello," she said
"You look like the silent type."
Then she opened up a book of poems
And handed it to me
Written by an Italian poet
From the thirteenth century.
And every one of them words rang true
And glowed like burnin' coal
Pourin' off of every page
Like it was written in my soul from me to you,
Tangled up in blue.

I lived with them on Montague Street
In a basement down the stairs,
There was music in the cafes at night
And revolution in the air.
Then he started into dealing with slaves
And something inside of him died.
She had to sell everything she owned
And froze up inside.
And when finally the bottom fell out
I became withdrawn,
The only thing I knew how to do
Was to keep on keepin' on like a bird that flew,
Tangled up in blue.

So now I'm goin' back again,
I got to get to her somehow.
All the people we used to know
They're an illusion to me now.
Some are mathematicians
Some are carpenter's wives.
Don't know how it all got started,
I don't know what they're doin' with their lives.
But me, I'm still on the road
Headin' for another joint
We always did feel the same,
We just saw it from a different point of view,
Tangled up in blue.