...es el principio y el fin.

lunes, diciembre 08, 2008

El mundo está recién pintado


Me he despertado ya cuatro veces, desde entonces.

Y me cuesta unos instantes. Yo lo llamo chequeo de realidad.

Recupero la consciencia, me entero de dónde estoy, regreso al universo. Durante dos segundos, no pienso, no caigo en la cuenta.

Y entonces, ay, me asalta. Un destello Azul.

Y me acuerdo.

En el segundo tres de cada despertar.

¿Con ella?

¿En serio?

Me levanto sonriendo y me apoyo en el mundo, despacito.

Que está recién pintado.

domingo, diciembre 07, 2008

49 horas con Gueño


Curioso, el personaje.

Es lo que tiene Europa.

Mandas a un mindundi, y te mandan un tío canalla.

Y europeo.

Y sin cobrarte los portes.

Y con sombrero: afortunadamente, ya se lo quita algunas veces, para dormir o saludar a las señoras (aunque no le inviten a desayunar, como a Rúben, líder de Palencia.

Qué fin de semana. Empezó el jueves, pero como no puedo pensar en ese día sin sonreir, y dado que le he prometido a una (la) chica Azul que pondría una cosa por escrito, nos dejamos el jueves para más tarde.

El viernes.

Se convocó en el piso una fiesta con la gente del trabajo. Esos que se ponen chalecos, paran gente y enrolan gente para las ONGs.

La gente de mi trabajo mola.

Porque somos todos modernos, porque somos todos jóvenes, porque somos todos desenfadados. Porque somos todos captadores.

La fiesta, en resumen, fue un bote de 9 euros por cabeza y un hasta las 6 de la mañana.

Gueño llegó a las 10. Por la noche.

Se ha ido a las 11. Por la noche. De hoy.

49 horas después.

Diría que es preciosa, que estoy contento, que estoy FURIOSO, que ¡qué barniz!, que hola, soy Michael Perry, que es preciosa, que me alegro de que se alegren, que la batalla ha sido FANTÁSTICA y que es un PECIO ESPACIAL.

Pero es hora de llamar al chino y pedir POLLO FRITO AL ESTILO CHINO.

Pero, Gueño, ¿a que es preciosa?

Me alegro de que te alegres.

lunes, diciembre 01, 2008

Veinticuatro veces por minuto


Clic.

La veo cada vez que cierro los ojos.

Cuando me duermo, cuando despierto, antes de levantarme, en la hora imprecisa que sucede al sueño, la veo.

Clic.

Con los ojos abiertos, no.

Otras cosas, Otros Mundos centran mi atención y trato de no pasar cada instante pensando en ella (viéndola).

Miro la Realidad.

Y parpadeo.

Clic.

24 veces por minuto.

Uno coma dos segundos de cada sexagésima vuelta de reloj. Mil ciento cincuenta y dos segundos de mis horas conscientes.

Clic.

Cuando cierro los ojos.

Y la veo.

Clic.

Y sonrío: veinticuatro veces por minuto.

domingo, noviembre 23, 2008

Azul (II) - ¿Te lo cuento?


¿Me callo?

¿Te lo cuento?

Son las cinco de la tarde y hace una hora que trato de dar forma a un borrador coherente para esta entrada, intentando averiguar qué decir, a quién decirlo, cómo hacerlo.

¿Me callo?

¿Te lo cuento?

Sonreías.

Ayer, o antes de ayer. Iluminando el mundo, sonreías.

Con los ojos... sonreías.

Ni te puedes imaginar lo que me alegro cuando pasa eso. Ni te puedes imaginar las ganas (las ganas, las muchas ganas) que tengo (y no te diré) de hacer que te ocurra eso todas las mañanas.

¿Te lo cuento?

Todo se vuelve gris en cuanto te doy la espalda, en cuanto dejo que te vayas, aunque todo está borroso cuando te tengo delante y no sé qué hacer, ni qué decir, ni si mirarte, ni siquiera si tocarte.

No puedo decir que esté acostumbrado.
No puedo decir que no me muera de miedo al saber al acostarme que seguiré sin saber qué hacer, ni qué decir, ni si mirarte.

Y sin embargo, cada rato que te cruzas en mi línea de visión (en mi inerme ángulo de tiro) no hay otra cosa que pueda, que quiera, que desee mirar. Que mire.

¿Te lo cuento?

Te marchaste en dirección contraria y ni siquiera pude darte un beso de despedida.

Al menos, al menos...

Me permito el excesivo lujo de imaginar que te fuiste a la cama sonriendo.

Con los ojos.

¿Te lo cuento?

jueves, noviembre 13, 2008

No sé si ya lo puse antes.

Lo vuelvo a poner, en un día que ha acabado con sensaciones ambiguas. Como todos los sonetos de este tipo (lo siento Dué: a mí la poesía me gusta así), se deshace en la boca.

Aunque pienso que... de momento, sólo
Azul, pasan los días y sigo lejos de llegar a puerto. El mar se extiende en todas direcciones, y la posibilidad de seguir un rumbo fijo (a Buen Lugar, en Buena Esperanza) sólo se sostiene por la voluntad del capitán, en este caso yo, en este caso poca.

Y no quiero escribir.

El soneto.

Va:



¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.


¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.


Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.


En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto
.

viernes, noviembre 07, 2008

El efecto observador


No me gusta la física.


Jokin lo sabe.

Él (una de las personas más inteligentes que conozco) tiene ese maravilloso don para entender el mundo reduciéndolo a trocitos. Entiende cosas como el campo gravitatorio, los cuantos, los fluidos y (yo jamás lo comprenderé) los circuitos.


Pero también tiene esa visión holística del mundo que me encanta compartir. Y ese delicioso punto humanista que tienen (han tenido) todas las “buenas mentes”, como las llamaba un señor sin corbata que conocí: Stephen Hawking, Galileo, sir Isaac. Avicena.

Todo en el universo está conectado.


No sé si es la causalidad de la que siempre hablan los creacionistas o es, como me imagino que diría el señor Haw
king, cuestión de las supercuerdas.

Jokin (quien siempre he creído que hubiese sido un brillante alquimista) me miraría y, tranquilamente, porque es un tipo que sabe lo que hace, me sacaría un par de cartas.


El carro.

Y la rueda.

Y ese es el caso. Si subirse o no al carro. Si girar o no la rueda.

Si me gustase la física, como Jokin sabe que no pasa, le preguntaría a él como ingeniero sobre rozamientos de ruedas, sobre velocidad de carros, y debatiríamos el tema hasta las tres de la mañana tomando cerveza y seguramente diseñásemos un vivo entre existencialista y esotérico, aunque eso sea imposible.

Pero no me gusta la física.


Así que la próxima vez que lo vea, en vez de como ingeniero, le preguntaré como amigo.
A ver si ve algo que no vea yo.

Que para eso (y yo nunca lo comprenderé) entiende los circuitos.

Cartas futuras


Estimados habitantes del futuro:

En cierta ocasión amé.

Aunque me dolía.

Amé hasta el dolor, hasta el susto, hasta no dormir.

En otra anterior, amé hasta la costumbre. Hasta la seguridad. Que es bueno. Y es escaso. Y no se me olvidará mientras queden violines.

He amado mucho, mucho, mucho. Y, siempre, sin excepción, apasionadamente. No conozco otra manera.

Estoy usando (Duenda, La Duenda lo sabe) el verbo amar en su acepción más amplia. En plan canalla. Pero la etimología no puede soslayarse. No puedo amar si no es con pasión. Y, como he dicho muchas veces hablando de modelos, de maquetas, puede que los detalles estén exagerados. Pero hay todo lo que hay.

Hoy, hace un rato, bajando una persiana, he pensado en mis abuelos, y más atrás, y en mis nietos, y más adelante. He pensado que conozco la historia de amor de mis abuelos, y la de la tata Iba, que se escapó de la casa donde estaba de criada en Marruecos la noche antes de que España devolviera la soberanía para casarse con un legionario que la amó (con pasión, hasta la costumbre y la seguridad) durante el resto de su vida.

Pero he pensado así mismo que no sé (y no sabré nunca) cómo o por qué se conocieron mis bisabuelos, mis tatarabuelos. Mi retatarabuela, una señora con dos partidas de nacimiento y que acabó apellidándose Verdié. Nadie me contará nunca si amó, si amó, si amó con pasión. Ya nadie se acuerda de su historia. Tengo dieciséis tatarbuelos de los que sólo me queda algún retrato, unos apellidos desgastados por el uso y alguna partida de nacimiento, con su muy posterior, o no tanto, acta de defunción.

No tengo ni idea de si tendré descendencia en algún momento.

Siempre, siempre he querido, pero no lo sé.

Si ocurriera, si a alguien en el futuro tiene ocasión de informarles, si por alguna casualidad mágica pudiera llegarles éste eco, que les llegue. Que se lo cuenten. Que sepan.

Que sepan que amé.

A novias, a amigos, a amigas, a enemigos, a hermanos de sangre y de kimono, a la gente rara que tira dados. En español, en inglés y un poquito en turco. No llegué a más. Pero llegué.

Amé.

Con pasión, aunque, sin, desde (y hasta) que me doliera.

Y contadles (por favor) que volvería a hacerlo.

¡Gracias!

Atentamente,

Max Verdié (caballero).

miércoles, noviembre 05, 2008

Max Verdié contra el Mundo Prisma


¿Qué les pasa a las canciones?

Pensaba que entendía algunas, pero era sólo porque las miraba desde una sola cara del Mundo Prisma.


Pese a lo que dice mi publicidad, no leo el pensamiento. No sé en qué pensaban sus autores cuando las escribieron. Sólo sé lo que pensé yo al oirlas. Y sé en quién pensaba.


Y resulta (oh, poridad de poridades) que lo que en una cara del prisma hablaba de que me sigue doliendo mucho, en la siguiente (o varias más alla) cara es una de esas cosas que, en los días nublados, hace que sonría así, como canalla.


Me siento en la Maxcueva de la soledad y miro Amalynth, el Mundo Prisma.

De fondo, una de
Melendi que antes era Verde y que ahora suena Azul.

Huele aire de primavera.

Quiero y no puedo (un Relato Asombroso de ciencia ficción)


Es la tercera vez que empiezo este borrador.

He parado la serie que estaba viendo, porque no atino con lo que quiero escribir.

Quiero poner que navegaría en tus ojos semanas y que no me preocuparía de tener miedo de no encontrar puerto, porque allí dentro nunca tendría miedo.

Quiero poner que me pareció (ayer, ayer, ayer) que te ponías nerviosa cuando te abracé y que sonreíste, y que casi me caigo al suelo como siempre que sonríes, y que cada vez me gusta más que lo hagas, y que lo hagas con los ojos.

Quiero poner que no puedo dejar de pensar en que ojalá todo lo que encuentro oliera como tú, confesarte que aprovecho para no olvidarlo cada vez que estás cerca, en cada beso, en cada giro (en cada broma).

Quiero poner A GRITOS todo lo que me ronda por la cabeza cuando estás cerca, cuando estás lejos, cuando estás y CUANDO NO ESTÁS. Quiero decir que te mordería y pondría un beso en cada casilla de beso de tu cuerpo y que veo setecientas veintitrés casillas por centímetro cuadrado. Quiero decir (lo puede afirmar cada estupidez que digo si andas cerca porque no me sé aguantar los nervios) que no sé qué decirte si andas cerca porque no me sé aguantar los nervios.

Quiero (y quiero) decir que hoy también voy a dormir poco porque o pongo algo por escrito o exploto, y que sé que me tengo que estar callado porque NO es prudente decir nada, y quiero decir (esto SÍ es una botella al mar) que NUNCA, que nunca, que nunca he sido paciente y que algún día cometeré una tontería porque no voy a ser capaz de esperar. O de estarme quietecito.

Quiero decir que no voy a decirte nada.

Y quiero decir que no tienes ni idea de nada de esto, y quiero decir que estaré callado y quiero decir y quiero poner que o me besas ya o dejaré de saber por qué demonios tengo boca.

Quiero.

Y no puedo.

domingo, noviembre 02, 2008

Azul


No te pongas triste.

Por favor.

O tendré que quedarme para asegurarme de que estás bien. De que no lloras. No llores. Por favor. Apenas me puedo controlar si me sonríes, apenas consigo separarme de ti los días que te veo y estás alegre. No me atrevería a dejarte sola si te encontrase (si te viese) llorando. Si te doliera algo. Cualquier cosa. Aunque no tengas ni idea de que me quedaría a tu lado con una sola palabra tuya, o sin ella si me atreviese a contarte esto. Pero no es prudente.

¿Sabes? Últimamente me ocupas mucho tiempo en la cabeza. Bailas,
preciosa, escurriéndote entre mis pensamientos, apareciendo en mi memoria y alegrándome el día cuando pienso en cosas que evitan que sonría. Siempre las espantas cuando te cuelas en lo que estoy pensando, y así se me pasan los días esperando los días en que te encuentro. Pensando en un día en que me atreva a hablarte de esto y a pedirte permiso para hacer que nada, nunca, vuelva a hacerte daño. Pero claro: no es prudente.

No te pongas triste.

Por favor.

martes, octubre 28, 2008

Cris por la mañana


La lluvia suele ponerme melancólico.

Es la hora de acurrucarse en un rincón, me relajo y huelo la madera.

Y hoy... sólo me siento mojado.

¿Qué tiene poseer cosas? ¿Por qué sentimos la necesidad de poseer lo que amamos? ¿Por qué nos volvemos tan bestias cuando lo perdemos? Todos sabéis qué es: queréis algo, lo poseéis y al poseerlo... lo perdemos.

Y cuando por fin has conquistado a la chica de tus sueños, lo primero que haces es tratar de cambiarla. Esa forma suya de peinarse... su manera de vestir. Cómo mastica el chicle. Y al poco tiempo, lo que te gustaba, lo que has cambiado y lo que no te gusta son... la misma cosa.

Como una acuarela bajo la lluvia.

_________________
Chis Stevens es un personaje de la serie "Doctor en Alaska" (Northern Exposure), interpretado por John Corbett (Mi gran boda griega) y doblado al español por Angel Quislán.

Es un ex-convicto de West Virginia que hace las veces de locutor en la cadena de radio de Cicely, K-Oso, con su programa estrella "Chris por la mañana". También es el inquieto y culto artista del pueblo, como demuestra en la inolvidable escena del lanzamiento de piano. Físico aficionado, filósofo vocacional, Chis es un personaje ecléctico que da un contrapunto perfecto al racional y perfeccionista Joel Fleischmann. También es consejero espiritual de los vecinos del singular pueblo y oficia como sacerdote, ordenación que obtuvo gracias a un anuncio de la revista "Rolling Stone".

lunes, octubre 27, 2008

3 ó más en 2d6


Esa era la tirada de salvación por armadura de los Marines Espaciales Exterminadores en la segunda edición de Warhammer 40.000.

Me explico.

Warhammer 40.000 es (era) un juego de estrategia. Se juega con miniaturas a escala 28 milímetros. Está ambientado en el gótico y siniestro universo del cuadragésimo primer milenio. Hay un imperio de la humanidad. Con un emperador moribundo, enclaustrado en un campo de estasis que impide que su cuerpo degeneré aún más.

Los Marines Espaciales son las mejores tropas de la humanidad. Humanos modificados genéticamente para ser más rápidos, más fuertes*, inmunes a la fatiga y al temor. Con entrenamiento superior y la mejor tecnología a su servicio.

Un perfecto ejemplo de esa tecnonología: las servoarmaduras de exterminador. Producto de un tiempo pasado en que el hombre domeñó la tecnología, sólo los mejores de cada Orden Capitular de los Marines pueden emplearla. Los primus inter pares de los primus de la humanidad.

Obtener un resultado de tres o más en dos dados de seis caras es francamente fácil. Sólo las armas más poderosas podían atravesar una armadura de este tipo. Como tanques de un solo hombre, cruzaban los campos de batalla en miniatura incólumes a todo cuanto ocurría a su alrededor. Inmunes a la fatiga y al temor, y protegidos por una de las mejores y más potentes piezas de tecnología que existían.

En el universo de Warhammer 40.000, hay armaduras que protegen de todo.

Sin embargo, en mi continuum, aún sigo esperando que Rafa modifique la Bañera del Tiempo y la convierta en un Transductor Dimensional. Así podré ir a Marte y comprar a los Adeptus Mecanicus un chisme de esos.

Tendría que ponerme el puerto estilo Matrix que los Marines llevan en la nuca para poder enchufarme a la armadura.

Pero valdría la pena, si así deja de hacerme heridas cada vez que es su turno de combate.

Tres o más.

En dos de seis.

* más seductores.

miércoles, octubre 22, 2008

Rojo (TD)


Es un viejo compañero.

Lo conocí por casualidad, hace unos años, porque mi hermana me pidió algo parecido a él. Sirvió perfectamente, y desde que lo encontré me ha acompañado siempre.

Ha cambiado de nombre, un poquito de look (sobre todo en la parte de arriba), pero por dentro sigue siendo el mismo.

Ninguno de los de su clase ha sido tan bueno como él. Todos venían con defectos. Algunos incluso hacían aguas, peligroso en su caso. Otros no conseguían lo que prometían o se venían abajo cuando trataban de cubrir partes oscuras o mal hechas.

El otro día (antes de trabajar) compré un bote nuevo de Rojo (TD) de Acrílicos Vallejo. No sé cuántos llevo. Hace 15 años del primero. Es un rojo intenso, casi granate, que por algún milagro de la química cubre perfectamente sobre negro. Los rojos y amarillos no lo hacen nunca. Ahora el catálogo lo llama "Rojo carmín" y su etiqueta dice "70908".

Hace un par de días lo estrené. Y un montón de imágenes que no me esperaba me asaltaron por sorpresa. El Hermano Andrés pronunciando "beige" como se escribe y llamando carmín al carmín y bermellón al bermellón, mi padre preguntando si no me interesaba más el modelismo militar, mi abuelo entendiendo perfectamente que todo esto no son más que soldaditos de plomo en plan moderno, mi prima Amparo mirándome pintar, Sabas y Cuco dándole caña a unos goblins en mi cuarto, mi primer y espantoso diorama, Pancete bautizado por Pove, y toda la gente que me he encontrado en el camino. Nos hemos reido, hemos llorado, hemos visto las estrellas y creado y destruido (alegremente y comiendo torreznos) más de un universo.

Hemos viajado a caballo y en naves espaciales. En cierta ocasión pulvericé un kraken con un solo rayo eléctrico.

¿Que por qué soy friki?

Porque os lo debo.

Por eso a los magos nos dibujan con sombrero.

Porque me habéis dado 70908 razones para quitármelo.

Fundido en Rojo (TD).

Es un viejo compañero.

__________________________
Podéis consultar la gama completa de Acrílicos Vallejo y todas su líneas (bellas artes, modelismo, restauración y demás) en su página web.

martes, octubre 21, 2008

El Problema es callarse


Me han llamado muchas cosas.

Sobre todo, chicas.

Sobre todo, los últimos dos años.

Pero nunca me habían llamado problema.

Un beso, P.R.


El problema no fue hallarte,
El problema es olvidarte.
El problema no es tu ausencia,
El problema es que te espero.
El problema no es problema,
El problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.


El problema no es que juegues,
El problema es que es conmigo.
Si me gustaste por ser libre,
Quién soy yo para cambiarte...
Si me quedé queriendo solo,
Comó hacer para obligarte.
El problema no es quererte...
Es que tú no sientas lo mismo.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo,
Cómo alejarme de ti, si estas tan lejos,
Cómo encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Cómo encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco
Cómo encontrar en la alacena los besos que no me diste,
Y cómo deshacerme de ti si no te tengo...
Cómo alejarme de ti si estas tan lejos.
Y es que el problema no es cambiarte:
El problema es que no quiero.

El problema no es que duela
El problema es que me gusta
El problema no es el daño
El problema son las huellas
El problema no es lo que haces
El problema es que lo olvido
El problema no es que digas
El problema es lo que callas.

Y cómo deshacerme de ti si no te tengo
Cómo alejarme de ti si estás tan lejos
Cómo encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos
Cómo encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco
Cómo encontrar en la alacena los besos que no me diste. (bis)

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo
Cómo alejarme de ti si estás tan lejos
El problema no fue hallarte
El problema es olvidarte
El problema no es que mientas
El problema es que te creo
El problema no es cambiarte
El problema es que no quiero
El problema no es quererte
Es que tu no sientas lo mismo
El problema no es que juegues
El problema es que es conmigo.


___________________

El problema es una canción de Ricardo Arjona, incluida en el disco "Santo Pecado", editado en el año 2002.

¿Tienes un minuto?


Le he dado a publicar por error.

Por eso sólo salía el título.

Gracias a los que pensábais que era una genialidad de la prosa.

No.

Sólo un título. A lo que iba:

Pensaba que querría escribir sobre ello, pero no lo haré. Resumo: Wesser and Partner nos ha mandado a seis a Burgos a hacer socios para AECC, la asociación española contra el cáncer.

Hemos hecho más de 130 en cuatro días.

No me gusta hablar del cáncer, como muchos sabéis. Hay una razón preciosa, y en alguna parte tuvieron que hacer túnicas de marca para un ángel que conozco, sobre una nube de Tous o de Versace.

Hablaré de otras cosas.

Hablaré de Pepe, el doble canalla de Edu el de Micrón, preocupado por el cunnilingus. Hablaré de Zuriñe, recién llegada a Aranda, que se paró aunque llevaba prisa. De doña Pilar, que ni se lo pensó y apuntará a Pablo, nieto, que hoy tiene 5 años, cuando sea mayor.

Hablaré de Anael, que ha decidido prescindir de una copa al mes para dárselo a gente que lo necesita más, y que es guapísimo. De la pareja de punkis que me pidieron un truco de magia, preciosa ella y sensible él, más allá de lo que crestas y apariencias quieren, en fin, aparentar. Del ninja del amor, que esconde mucho más de lo que muestra y se lo calla, porque es en el fondo un caballero.

Del peregrino de Oviedo que se paró con la bici y de la señora que se puso a llorar y no puedo olvidarme.

Y de Rubén, que me ha enseñado mucho más de lo que él piensa, y que sé que va a hacer un trabajo de lujo como jefe de grupo en Palencia.

De Álex, que contagia la sonrisa.

De Joni (¿cómo demonios lo escribes?), que ha enseñado trucos a un mago. Es bueno, y es escaso*.

De Sara... uno de mis más grandes errores prejuzgando. A veces hasta los telépatas se escapan. Como ella no lee este blog, me atrevo a decirlo. Quizá se lo cuente alguna vez.

Y de Celia, que sale preciosa en las fotos (por obvias razones) y que ha hecho que no me caiga. Cosa complicada en un Judoka.

¿Un minuto?

Para vosotros, los que queráis.

* Krahe dixit.

martes, octubre 07, 2008

Aquí, unos amigos


Me los presentaron en una fiesta. Qué noche la de aquel día.

Son:

Andras, Señora del Amor Mentiroso, Quien Comanda en el Placer y en el Dolor, Poseedora del Látigo Negro y de Seis Verdades Que No Se Pueden Nombrar.
Marchosias, Dueño del Engaño, la Serpiente de Lengua Envenenada, Gusano de La Mente.
Sofonías, Demonio del Contagio, Amo de Nueve Pestes, Señor y Esclavo de las Moscas, Mil Veces Es el Horror
Kheras, La sangre en el vino, Estertor de Almas, El Primer Nacido Maldito, Todo el Veneno
Ioch, Señor de las 7 Legiones, Portador de las 7 Palabras Vengadoras, Seis Mil Seiscientas Veces Maldito
Iarendras, La luz bajo la sombra, Manto de Oscuridad, La Semilla de Sangre Negra
Nezareh, Insidiosa Marca Irreverente, El Falso Testimonio, Semilla infecta de un millar de retoños
Blophoreh, Gran Señor Sobre el Río de Sangre, Adorado en el trono de bronce, Ira de la sangre en los ojos
Cernonías, Blasfemia de catorce cuernos, Dueño La Piel de Hierro, La Pezuña que Rezuma Dolor, El Violador
Doch, Dolor Regente
Eupherah, La Esfinge de Mil Veces la Amargura, Hambre Que Devora las Entrañas, Pestilente Montón de Cadáveres, La Sed.
Fornesias, Doce Veces Devora el Alma, La Obscenidad Bajo el Pecado, Pesadilla de Mil Nombres en la Oscuridad, Trece Veces Trece Arranca la Piel
Gallash, Conde de la Pirámide Negra
Hondnoh, La Palabra Retorcida, El Que Maldice Pudriendo el Alma, Padre de Los Gusanos, Esperma en la Tierra
Iermadena, El Sepulcro Blanqueado, Mercader de Espinas, El Abismo Bajo el Pozo de Brea, Insaciable es en su Oscuridad
Jhermate, La Torre Caída, Cárcel de Cien Mil Esclavos, Garganta Que Ruge y Devora los Lamentos, El Asesino
Khronías, Padre del Aullido, El Millón de Escarabajos, Lobo de Piel de Cordero
Laemarches, Capellán del Odio, Gran Campana de Metal Negro, Cantor de Obscenas Letanías, El Mil Sesenta Veces Hereje
Maraxe, El Dolor Escondido
Nerphal, Semilla del Odio, Estómago Lleno de Piedras, Lamprea de Almas, Fuente y Sed Eterna de la Sangre
Gnemorah, Ladrón de Nombres, Esclavizador de Almas, Brujo de Mil Padres y Cien Mil Bastardos, La Gran Bola de Fuego
Samodai, La Espada Negra de la Sed de Almas, Mil Cuernos en su Cabeza, Alaben su Pérfido Nombre, General de nueve legiones
Orphaneas, Cuyo Nombre se Escribió en los Pilares de Diamante del Infierno, Enemigo del Enemigo, Orgulloso en su Crueldad, Siempre Maldito
Perth, La Última Voz, El Matador de Dioses, Heraldo Negro de Todas las Legiones, La Araña
Rendrash, La Lanza Maldita Bañada en Sangre, Vestido con la Piel de sus Enemigos, Los Mil Ojos del Cazador, Nadie Huye de su Hambre
Trandias, Rey de Nueve Coronas, El Sabio Muerto, Gobierna Sobre el Trono de Lamentos
Umoradeh, La Señora de Piel Morada, La Visión Aterradora que Arrancará los Ojos, Grito de los Muertos
Valphor, Tocado por el Odio, La Mirada Insidiosa, Cáncer del Espíritu, Devorador de Cuerpos, El Ejecutor
Wotenas, La Maza Que Cae Entre Relámpagos, Grito Inmortal en la Batalla, Padre de Todos los Soldados Muertos
Basheena, La Danza Macabra del Placer, Mil Abrazos del Leproso, Orgía de Todo el Dolor
Xápharas, Permanente Bruja, Indecisión Constante, Cáncer del Alma y del Espíritu, Sangre del Corazón
Yermonías, Interés de Oscura Voluntad, Dueño de la Torre de Obsidiana, Pilar Maestro del Aullido, Arquitecto de Torturas, Sangre en sus Manos y en el Tiempo
Zephth, El Horror Tentacular, La Bestia de Mil Lugares
Pigmasius, Venido de Ninguna Parte, Heraldo de la Estirpe Manchada, El Gran Devorador, Su Palabra es Ley
Namaán, La Pezuña Ensangrentada en Llamas, Bronce A Través de las Entrañas, El Sol Oscuro
Berash, La Carne Muerta, La Voz de Mando Más Allá de las Estrellas, La Luna Negra
Dashkhamanda, Barón del Imperio, Augur de Dolor y Tempestades, Miedo Errante
Mikhtam, Dueña de la Oscura Simetría, El Damero Maldito, Reina de Cincuenta Legiones Esclavas, La Mano
Barn, El Toro Alado, Bestia Hambrienta Que Bebe Ríos, Mariscal de la Sangre Negra, La Última Hueste
Khorad, El Amante Sin Nombre, Portador de la Semilla Infecta, Huérfano de las Estrellas, Cáncer de las Entrañas
Jhabrán, El Único, Bufón Negro, El Grito
Válghar, El Dañino Intelecto Desatado, Los Ojos del Daño Que No Cesan de Observar, Luz de Fuego Negro, El Enjambre
_______________
Los 42 demonios de Goethia son personajes del universo de APK y La Puerta del Infierno, y de sus respectivos juegos de rol en vivo, juegos de rol tradicional, relatos, novelas, cortos de cine y largometrajes (se habló incluso de una serie de televisión). Han aparecido también en naipes, botas, ganado, herramientas de soldadura, amperios, barbas y en un sinfín de lugares. Varios de ellos fueron interpretados con genialidad, dando mucho más de lo que esperábamos, durante las sesiones de rol en vivo de 2007-08. Gracias a Sara, Rafa, Marina, Elisa, Loretxo, Ana, Rober, Chuso, Otero y a todo el mundo de Dentro de la Pirámide.

Y a Alan Moore.

Por las ideas.

lunes, septiembre 29, 2008

La Ley de Tarkel



Me quedo con:
los Marines Espaciales, los kimonos negros, mis Dos Hermanos Pequeños, Estalia, don Francisco, los duendes, las chicas de ojos tristes, las siestas, el mar, el rocanrol y los boleros, las morenas de ojos azules, el momento en que empieza caer la lluvia, la Misma Cerveza Que Bebía Mi Padre, los trece de febrero, mi vitrina, la Edad de Oro, los Recién Descubiertos (y no os voy a citar a todos), la barbocracia, los disfraces, el buen tiempo, los campos de trabajo, levantarse tarde, las noches que duran todo el día, el Pocho´s Pub, la piscina y todos los de dentro, los calcetines de colores desparejados, las gafas de pasta, los vampiros, el clan McLeod, la luna roja con Rosita, Cartago, Tortilla, Rol en Vivo a las Tres de la Mañana, las crónicas mutantes, El Jugador Blanco y el Jugador Negro, los cuatro apocalipsis, la Sociedad Helio, la mujer más Pequeña del Mundo, la Gentileza del Corazón, los veranos de mil días, las corbatillas, el Espacio Orkoide y los Dominios Orkos, las chapas, los espejos, los torreznos y La Suerte, el País del Fin del Mundo, los toreadores, las flores que no pinchan, la gente que canta sin tener demasiada voz y en plan canalla, Hulk Hogan, los dados de diez caras, mi barba con perilla, el chocolate, La Musa de Rizos por el Norte, las películas de tiros, las francesas, El Grande, el niño loco vestido de negro (y su amigo), la Ley de Tarkel, mi bandera con una calavera, mi pendiente y mi Princesa Pirata de los Arrabales.

Se borra: no entrenar por tonterías, la resaca de Salou, el hacerlo todo a medias, la gente que miente sin abrir la boca, los dieciocho de noviembre.

Gana lo que mola.

Por goleada.

Círculos.

Círculos.

Círculos, para el ojo poco observador.

Comienzan en el punto en que terminan, siempre iguales. Siempre diferentes. Yugen: desenfocados. Imprecisos, pero tremendamente detallados.

Visto de frente, el ciclo comienza y recomienza siempre en el mismo punto, es que entiendes que son espirales, y que sólo se repite el viaje si no te molestas en encontrar la perspectiva.

Estaciones.

Estaciones.

Estaciones, que dividen el círculo en trocitos.

Pedazos que entendemos mejor, y les podemos poner nombre. Y así sabemos a qué atenernos aunque cada instante nuevo sea una sorpresa. Banpen Fugyo: esperar lo inesperado. Y dejarse sorprender.

No hay más que cerrar los ojos y oler el mundo cuando llueven las primeras gotas: irrepetibles aunque parecidas, las Estaciones no serán nunca las mismas.

Momentos.

Momentos.

Momentos, cada uno único y perfecto.

Se agolpan esperando suceder, unos duelen y con otros nos reímos. Acaban, y más rápido que un reyón, proclaman monarca al instante siguiente. Omedeto: En Hora Buena. Y también en las malas.

A veces está el error de dejar pasar uno pequeño pensando en el mayor, y se va, se pierde y no volvemos a encontrarlo. Se gastan los que no empleemos. ¡Atrápalos!

Círculos.

Círculos.

Círculos...

El Asunto Del Hombre Sin Zapato


He intentado estos días escribir canciones.

No lo hago bien, pero es divertido. La culpa la tiene un disco nuevo que ha salido. Me han entrado ganas.

A veces pasa, diría una.

Lo malo es que sólo se me ocurre un tema, pero sobre ese no debería escribir. Para paliar el ansia, hago sonetos montado en la bici de los endecasílabos, como diría otra que es más Pequeña. El resultado es estrictamente cerebral. Como siempre. Escribo vivos, también. Juegos de rol en vivo. Nunca se me ha dado bien desarrollar ideas, sólo tenerlas, y la imagen de Tarkel sin un zapato atado a una silla con otros cinco tipos, encerrados en una habitación sin que nadie sepa de qué va todo, me persigue. ¿Cómo acabará El Asunto del Hombre sin Zapato? Hay un final sorpresa, pero no puede contarse por aquí.

El mundo crece bajo nuestros pies, inexorable, una fuerza irresistible que no podemos detener. El peso de la realidad (matrículas, trabajos, alquileres) lucha un duro mano a mano con la fantasía misteriosa que acecha y vive debajo de la realidad. A veces creo vislumbrar un patrón invisible y casi imperceptible que se arrasta bajo las capas de lo mundano, incomprensible aunque al alcance de la mano.

Otras veces, creo que leo demasiado libros de Vampiro.

El mundo, digo, crece. También el de dentro. Cada idea nueva se suma a las anteriores, cada imagen se añade al cuadro entero, y nunca se detiene la rueda que lo mueve todo.

La belleza, igual que la sabiduría, acecha en cada brizna de la existencia. Todo funciona muy deprisa y acabamos convirtiéndonos en usuarios del sistema de usar y tirar. Todo está poco claro y se nos vuelve impreciso, y se suman días que se van perdiendo, aunque el tiempo (muy, muy despacio) arregla, inerme, heridas (en la rodilla, en otro sitios) que se dejan para luego.

No queda otro remedio que seguir caminando, aunque duela la rodilla, aunque cada vez me la miro (y toco) menos.

Estos días he intentado escribir canciones.

Y sólo me ha salido esto.

Y El Asunto del Hombre sin Zapato.

jueves, septiembre 25, 2008

Un violinista en tu tejado

Eres tan dura
como la piedra de mi mechero.
Me asaltan dudas
de si te quiero.
Eres tan fría como el agua
que baja libre de la montaña.

Y no lo entiendo:
fue tan efímero
el caminar de tu dedo en mi espalda dibujando un corazón
Y pido al cielo
que sepa comprender
estos ataques de celos
que me entran si yo no te vuelvo a ver.

Le pido a la luna
que alumbre tu vida,
que la mía ya hace tiempo que yace fundida.
Con lo que me cuesta
querer sólo al rato,
mejor no te quiero, será más barato.
Cansado de ser el triste violinista que está en tu tejado,
tocando pa´l inglés siempre desafinado.

Eres tan tenue
como la luz que alumbra en mi vida,
la más madura fruta prohibida,
tan diferente
y parecida
a la tormenta que se llevó mi vida

Y no lo entiendo...
Fue tan efímero
el caminar de tu dedo en mi espalda dibujando un corazón.
Y pido al cielo
que sepa comprender
estos ataques de celos
que me entran si yo no te vuelvo a ver.

Le pido a la luna
que alumbre tu vida,
que la mía ya hace tiempo que yace fundida.
con lo que me cuesta,
querer sólo al rato
mejor no te quiero, será más barato.
Cansado de ser el triste violinista que está en tu tejado.
Tocando pa’l inglés siempre desafinado. (bis)

Mientras rebusco en tu basura
nos van creciendo los enanos
de este un circo que un día montamos,
pero que no quepa duda,
muy pronto estaré liberado
porque el tiempo todo lo cura,
porque un clavo saca otro clavo...
Siempre desafinado,
mientras rebusco en tu basura,
nos van creciendo los enanos
de este circo que un día montamos,
pero que no quepa duda...
_____________
De Melendi, del último. Que no siempre hace que entren ganas de bailar.

Ya no sé hacer canciones


De todas formas, no he sabido nunca.

Escribí muchas (algunas) en una época anterior, cuando todo estaba más claro y los Marines Espaciales llevaban servoarmaduras modelo 6. Jesús, el otro que cantaba, desapareció del mundo y asoma la oreja muy de vez en cuando. Sé, que me lo han contado, que le va bien aunque siempre que me lo cruzo parece un poco triste por dentro.

Igual es que llega el otoño.

Le prometí a La Duenda que nos juntaríamos algunas veces para hacer canciones. Nunca se fíen de lo que les prometa un pirata.

Me he bajado el último del Melendi.

Y escucho las letras y pienso en que cada vez estoy más lejos de lo que quería ser en diez años el chico de pelo largo que tenía Marines Espaciales con servoarmaduras modelo 6. No soy el que quería ser, y cuando los Marines lleven servoarmaduras modelo 8, quiero ser otro que ni me imaginaba cuando la modelo 6...
He hecho cosas que jamás pensaba que haría, y dejado de hacer otras que pensaba que eran inevitables.

Y he metido la pata. Muchas veces, como para toda la vida.

Y me he encontrado gente maravillosa, y sigo teniendo la curiosa certeza de que todo irá bien, pero, con las primeras canas empiezo a darme cuenta: al destino hay que empujarlo.

No hay canciones en el mío. Hay otras cosas (aplausos, quiero creer, magia, espero, fantasía siempre, gente de negro) y espero que vayan ocurriendo.

Que alguien me pregunte dentro de diez años si todavía no sé hacer canciones.

De todas formas, no he sabido nunca.

miércoles, septiembre 24, 2008

Mi nombre es Alcázar




El aire frío del otoño castellano se arremolinaba. Viento, barriendo hojas y diarios.

- En serio, no te atreves - dijo, mirando desafiante a su compañero.
- Pues claro, idiota - le interpeló, visiblemente ofendido - además, es mentira que esté encantado.

El teatro se erguía firme y poderoso, casi irreal, como rodeado entre la bruma. Ninguno de los dos muchachos sabía que llevaba abandonado sólo treinta años, pero no lo hubiesen creído de haberlo sabido. Viejos carteles que aparentaban un siglo de edad caían vencidos por la edad, presa del tiempo. Sucios cristales rotos atestiguaban que nadie había pasado desde hacía mucho por una taquilla en la que una rata se afanaba en morder un cucaracha, únicos y mudos testigos de una gloria ya caduca.

- Pues yo te digo que sí está encantado - se jactó el primero de los muchachos, subiendo la cremallera de su abrigo - me lo ha dicho mi hermano mayor.
- Tu hermano mayor es un mentiroso, y además es un cobarde - le espetó el segundo, mientras se quitaba el gorro y miraba uno de los altos ventanales, quizá calculando cómo trepar hasta él.

El viento frío de la noche de Valladolid mecía viejos papeles en la acera. Restos de diarios con noticias que los muchachos no entenderían, pistas y claves de una ciudad hace tiempo rendida al sopor, a la desidia, donde los días eran cada vez más cortos y los hilos que manejaban su devenir cada vez más oscuros. Más imprecisos. Más tenebrosos. A lo lejos, lo que los muchachos creyeron un perro aulló a la luna. Hubieran regresado corriendo a sus casas presas del pánico de haber sabido a qué se debía el aullido.

- Pues digo que no te atreves.

*******

Salió sangre.

Poca, y fue más el susto que la herida.

El muchacho se miró las heridas de las manos, la piel levantada y la carne enrojecida. Apenas un rasguño, pensó, para haber caído del ventanal.

- Carlos, ¿estás bien? ¿Te has matao? - la voz venía de fuera, de la calle - dime, mierda.
- No, subnormal, no me he matado - respondió Carlos desde dentro - esto está hecho una mierda, todo está lleno de polvo, como en las pelis esas de blanco y negro de fantasmas - dijo, aparentando menos miedo del que tenía.

Carlos miró en derredor. La luz era escasa, aunque la claridad de la luna y algunas farolas lejanas dejaban caer hilos de luz en el vestíbulo del viejo, muy viejo teatro. Un busto de Lope de Vega le observaba inerte desde una esquina. Los techos eran altos, muy altos, y una lámpara de telaraña resistía colgando el embate de las décadas. Aunque no intacta. A varios metros, abajo y más adelante, su gemela aparentaba en el suelo haber tenido menos suerte.Carlos había esperado ratas, cucarachas, quizá murciélagos, aunque sólo los hubiera visto en las películas.

No lo encontró.

En su lugar, una pálida atmósfera irreal empapaba el lugar. Lo ralentizaba. Todo allí era viejo y roto, y una capa de polvo como de estrellas cubría cada palmo del vestíbulo.

- Carlos, ¿qué haces? - dijo el muchacho fuera, pero Carlos ya no le prestaba atención.

La aire preternatural de aquel vestíbulo tenía un matiz irreal, como si fuese un escenario sacado de una fotografía antigua. En el más absoluto de los silencios, Carlos creyó oír un voz, profunda, grave y lejana reverberando en el suelo, en las columnas. En el mundo. En el viento muerto del interior del vestíbulo.

Caminó, hacia la entrada al escenario.

Carlos dejó de pensar en el dolor de sus manos en el mismo momento en que alguien más olió su sangre.

*****

- ¿Quién anda ahí? – el rugido era monstruoso, la voz que lo profería retumbaba en toda la sala del teatro haciendo agitarse las lámparas, haciendo temblar el suelo - ¿Quién? ¿Quién se atreve?

Carlos ni siquiera se pudo mover. El pánico, el horror, le mordieron los nervios y quedó paralizado. Su pulso se aceleró. Aquello excitó más a la critura.

La corpulenta bestia con voz de hombre avanzó hacia él, atravesando el teatro en línea recta. Si Carlos, si sus esfínteres no hubiesen adquirido vida propia, podría haber olido a varios metros el hedor podrido que brotaba del montruo.

- ¡Maldita sea! ¿Quién eres, niño? – si el rugido no hubiese estado teñido de la violencia de una amenaza de muerte, quizá Carlos hubiese percibido la perfecta entonación y el timbre poderoso, disfrazados de horror y hambre antinatural.

La criatura arrancó una butaca de un zarpazo en su inexorable avance. Otra. Dos más. Como el bosque ante una máquina imparable, Carlos vió a la bestia deforestar aquel teatro. El polvo que cubría los asientos se enmarañaba en una nube imprecisa, y Carlos empezó a llorar por el polvo, por el miedo. Sobre todo por el miedo.

El enorme ser se erguía frente a Carlos. Se arrodilló. Su cara, su fétido aliento y una purulenta colección de pústulas se colocaron a la altura del rostro de Carlos.

La voz grave del engendro ahora sonaba calmada, reconfortante, firme. Aquello sólo contribuyó a asustar más a Carlos.

- No, no, no… - dijo el gigantesco encapuchado – no tienes que preocuparte más. ¿Cómo te llamas?

Carlos no respondió.

El grotesco Goliat volvió a hablar. Profundo y solemnte. Poderoso.

- Mi nombre es Alcázar.

*****

El amigo de Carlos oyó un grito espantoso, pero muy breve, llegando asordinado desde las tripas del teatro abandonado.

Un escalofrío le recorrió el espinazo de arriba abajo. Pensó en correr. Pensó en ir a casa. Pensó en huir. Pensó en dar explicaciones a sus padres mañana, y a los padres de Carlos pasado mañana, pensó mucho y pensó rápido.

Un olor fétido le sorprendió, y poco después dejó de pensar.

Nadie había cerca, así que nadie oyó nada.

A lo lejos, algo que no era un perro aullaba a la luna.

Algunas horas después, rayana el alba, un borracho oiría una voz grave y profunda, cargada de atormentado sentimiento cantar con timbre excepcional un siniestro miserere.

Pero esa es otra historia.

El aire frío del otoño castellano se arremolinaba.

Viento, barriendo hojas y diarios.

martes, septiembre 16, 2008

Náyade



Me alegro.

Mucho.

Ya hablé de ella. En el blog, me refiero.

En la realidad, alternativa o no, lo hago a menudo. Muchos conocéis parte de su historia porque yo os la he contado, porque a veces me acuerdo de ella, porque generalmente, aunque no lo diga, no la olvido. Ni quiero ni podría. Ni debo.

Hay gente que pasa por la vida.

Y gente que se queda.

Ella vive en Inglaterra desde hace algunos años, en un lugar que llaman Swindon. Antes lo hacía en Valladolid, mi isla favorita, y antes de aquello, como Afrodita, nació en un lugar al lado del mar, que sus habitantes llaman Santander.

Como ya sabéis, como suelo contar, creo, se me ocurre que la gente que tiene Nombre en las historias no ha venido (no está) por casualidad. Dios no juega a los dados ni consulta tablas de críticos. Hay muy pocas cosas que sucedan sin razón.

A muchas personas les ha sucedido Bea. Como un faro, nos ilumina trozos del camino que ya no veíamos, que creíamos perdidos y resulta que el recorrido es mucho más sencillo de lo que creíamos. Que nos cura
con palabras la tormenta.

No sé qué casualidad mágica ha colocado a Bea en mi vida, y demasiado a menudo pienso que no sé qué hacer para mantenerla en ella. Por alguna razón que me es ajena, ella ha decidido quedarse y hacerme de faro cada vez que hablo con ella. Tiene el curioso título (y ella se está enterando mientras lee) de ser una de las dos únicas personas del mundo de quien acepto que me echen la bronca.

Y, cómo contarlo, no sé cómo devolverle todo lo que ella me ha dado.

Buscaré en la chistera.

Cómo me alegro.

¡Muá!

miércoles, septiembre 10, 2008

Los tengo a cienes

Es viejo.

Mucho. Hace cinco o seis, pero a veces me parece que hace mil años. En cierta ocasión amé a una princesa del reino vegetal (con violín). Era una patatita. La vi hace poco. Estaba preciosa y modernísima.

Y feliz.

Así da gusto reencontrar personas.

Es viejo, pero aquí lo pongo. A veces hacer limpieza hace sonreír.

Un beso, Patati.

LOS TENGO A CIENES
(a una patatita a un violín pegada)
En el mismo huequito que tu sienes
se esconde, chiquitín, el que suscribe.
¿Un verso para tí? Los tengo a cienes
cada vez que me alquilas el Caribe,

un trocito del mar de la impaciencia,
que deja empapadito al que naufraga
en el puerto privado de tus bragas,
paraíso terrenal, por excelencia.

Y luego a reposar nuestros ardores
en un campo de amor de Coliflores,
los dos manga por hombro y desnuditos.

Con que fíjese usted, menuda historia,
un graffitti que ha puesto en mi memoria
un violín travïeso y redondito.

martes, septiembre 09, 2008

Blam

Suele ser divertido creer en teorías divertidas. La de las tierras alternativas (la de los tebeos, la de Terry Pratchett, la de Stephen Hawking) en concreto. Siempre, cada vez que tomamos decisiones, cada vez que hay posibilidades de que ocurra algo, el multiverso se mueve y allí, a un latido de vibración, a una fracción de posibilidad de nosotros, está un universo en el que ha ocurrido algo que en el nuestro no.

Suele ser divertido.

Y a veces, en fin, no.

A veces es espantoso.

Se conocieron un viernes. Ya se habían visto antes, pero apenas habían hablado. Tenían constancia de su respectiva existencia, simplemente. ¿Sabes? Ni siquiera se caían bien. Es algo normal con la gente inestable. Si dos cosas que se mueven mucho se ponen cerca, algo chocará con algo.

Y chocó, claro, en esas pequeñas ocasiones que les dieron constancia de las respectivas existencias. Los pequeños roces son incómodos, y tardan en olvidarse. Ese viernes se rozaban, recordando la constancia que se tenían, que se tuvieron.

Y eran inestables y se movían mucho.

Y, por azar, por curiosidad, por miedo al resto del mundo, por hambre y por sed, por falta y por exceso de muchas cosas, por chulería, por el vino, porque les picaba y se rascaron (el uno al otro) o por cualquier causa que se te ocurra: se acabaron enganchando, porque se movían mucho, y acabaron muy cerca el uno del otro.

Como diría mi amigo el capitán Sepherius, que nunca ha amado pero le han herido muchas más veces que a mí, el gran, el gran problema de mirar a alguien de cerca es que acabas viendo los huecos que lleva en la armadura. Y sin ropa, es muy fácil ver y hacer heridas y son muchas las ganas de evitar hacer más y de acariciar alrededor para que duela menos.

No se puede hablar mucho de los momentos en que no se puede hablar mucho porque está la boca, y todas las bocas, ocupadas en asuntos más urgentes.

No lo haré.

Después de, ella recogió las piezas de la armadura y con ella puesta se marchó.

Él la acompañó a la puerta. Con la coraza (tres o más en dos de seis) puesta y aprestada, aunque él la llevaba a medias. Él dejó caer un adiós que ella recogió sin mirar atrás y fue al ascensor, mientras el cerró la puerta.

Era muy pesada.

Se cerró despacio.

Blam.

El eco reverberó en el marco, en la pared, en la escalera, en el edificio. En el universo.

Uno o dos días después él recibiría un mensaje con noticias peores sobre todo esto, aunque entonces lo ingnoraba.

Mejor.

Mucho mejor.

Ya tenía bastante con el blam.

Blam.

Allí al lado, a un latido de vibración, a una fracción de posibilidad, ella se quedó a dormir y les amaneció el atardecer. Él odió la teoría espantosa de las tierras alternativas (la de los tebeos, la de Terry Pratchett, la de Stephen Hawking) y a la pareja desnuda de armaduras del universo contiguo y regresó a la cama.

La cama, como las pizzas y las ganas son la sustancia del multiverso que más rápido pierde el calor. Se metió y encogió por el frío y trató de dormir.

No pudo.

Los últimos ecos del blam rebotaban en sus tímpanos, en su estómago, en todo su universo, definiendo lo que no iba a pasar.

Insomne, pasaron uno o dos días.

Sonó su móvil.

Era un mensaje nuevo.

Hay teorías espantosas.

Blam.

martes, agosto 26, 2008

Me regalan un sombrero


El texto íntegro y exacto dice:

"Te regalo un sombrero"

"Te regalo una varita"

"Marcos eres grazioso"

"- Te regalo una maqueta (tachón)"

"Marco esres muy gracioso"

"Marcos te reg"

"Te regalo un manicomio"

"Marcos se que eres gracioso y divertido."

"Te regalo un conejo"

"TE REGALO UNA BALLENA"

Eso pone en el papel que me han rellenado y dado hoy los niños del taller de juegos cooperativos.

Pues eso.

¡Que ahora tengo una ballena!

domingo, agosto 24, 2008

Todos menos Batman


Todo el mundo (excepto, quizá, Batman) tiene miedo cuando contempla los ojos del abismo.

Hay absimos pequeñitos, que se superan de un salto, y otros enormes que en apariencia sólo pueden salvarse con superpoderes. Yo, por una sencilla cuestión de clase y categoría, sí tengo superpoderes. Leo la mente y me fundo con las sombras, habilidades tremendamente útiles para pedir pizzas o llegar el primero a por los canapés de una fiesta.

Además, entre mis amigos hay otros del mismo clan ninja, incluyendo a un miembro de la antigua raza de los Yeti, un científico loco, trasunto de un tardío y jovencito doctor Frankenstein y el Lex Luthor pre-crisis. Hay un avatar de un dios cornudo en la tierra, algún que otro viajero del tiempo y adoradores del metal. Muy grandes.

De todo hay en la viña del señor.

Somos un poco demasiado cómodos para montar un supergrupo (lo cual tiene que ser, además, carísimo) y se me hacen caca las tripitas pensando en una hipoteca sobre la Atalaya de la Liga de la Justicia, una Magocueva o la Mansión de los Vengadores*. Pero lo pasamos bien.

Sin embargo, siento algún que otro estertor de retrocontinuidad.

Alguien, alguien poderoso en una escala que no entiendo reajusta nuestras historias para albergar hechos que no hemos vivido, para encontrarnos cosas que nunca antes vimos... aunque recordemos haberlo hecho. Es tremendo pensar que alguien, alguien poderoso en una escala que no entiendo pueda jugar así con los hilos de nuestras vidas, pero como bien sabe Harvey Dent, todo tiene dos caras.

Son las realidades infinitas.

Infinitas.

Y sin embargo... quienquiera que haya leído los suficientes tebeos sabrá que al final, todo vuelve a repetirse. Lois Lane siempre se acaba cruzando con Superman de alguna manera, los padres de un jovencísimo Bruce Wayne son brutalmente asesinados delante de sus ojos, el Capitán América lidera La Venganza de la Reina en lugar de Los Vengadores y Ojo de Halcón confunde a Flash con El Zumbador.

La gente, la gente importante, la que tiene nombre en las historias, vuelve a cruzarse. Siempre.

¿Que de qué hablo?

Hablo de que no me creo, amigos, que nos hayan puesto aquí por azar.

Digo que en otra de las 13, 52 ó infinitas realidades separadas a un latido de vibración, habéis sido tan grandes que el universo decide que tenemos que seguir encontrándonos en ésta.

Y ese abismo es el que me da miedo (porque no soy Batman) mirar.

Y sin embargo, sonrío, os miro al otro lado y salto.

Arriba.

Arriba y fuera.

_________________________________
* Porque la verdad, con la de sitios solitarios con buen tiempo que hay por el mundo, no se le ocurre al papanatas del granjero más que plantar su villa en el polo norte. Con dos pelotas.

sábado, agosto 23, 2008

La Falsa Moneda


Es un truco.

Consiste en hacer creer al espectador que la moneda que él te ha entregado es falsa.

Por alguna extraña analogía, cuyo origen me es ajeno, se llama también así a la técnica de fingir que no recuerdas el nombre de una chica que te han presentado ese día. De eficacia probada, si no se abusa.

Grandes expertos la emplearon antes que yo.

¿Dónde puede aprenderse más?

En los apuntes.

En el libro de las tres eses. Shinobi Sensual Secrets.

Ayer vi a Fanto. Hacía ya más de dos años. Mi mentor en el arte del amor ahora vive en Madrid (si es que allí se puede vivir), lleva barba y entra a las pijas. Practica Judo en lugar de Nin Jutsu y sale con camisa.

Pero poco más ha cambiado.

Lo mejor de reencontrarse con con viejos amigos es la maravillosa sensación de que algo ha vuelto a casa.

De que todo está bien.

De que habrá otra copa en otro lugar.

Y de que seguimos estupendos.

¿Más pruebas? Septiembre. Madrid.

Lovin´ Ryu.

Guarden a sus hijas, que llegamos.

lunes, agosto 18, 2008

Me levanté meado una mañana...


...pues con niños me acosté.

En fin.

Días mezclados, como corresponde al espacio inter-ciclos que vivimos los veranos.

Los calendarios, por una razón más bien cabalística mueren y empiezan en navidades. Pero nosotros, magos de a pie, los empezamos con los cursos académicos, como todo el mundo.

El intersticio entre curso y curso es un lugar sin dioses ni leyes. Y siempre, siempre, una etapa de cambios.

Unos, para bien.

Otros, paraván.

Pero llega septiembre, que siempre criba y pone en orden, este curso/ciclo estrenando trabajo. ¿Me haré por fin el tatuaje? ¿Adquiriré un katana digno de mis ancestros? A ver si entrenamos ya, que nos estamos, diría Samu, volviendo gordos interiores.

Y yo a ver si espabilo. Que una cosa es recuperar los poderes, pero, como me dijo un maestro verde "has de aprender el control".

Procuraré no acostarme con más niños, señoría.

La culpa es del Merinos.

Cojones.

lunes, agosto 04, 2008

Que se pongan el sombrero


Porque empiezan mañana.


Son 18 niños que van a ser alumnos de un taller de magia, dos días a la semana, hasta final de Agosto.

¿Cómo saldrá? El año pasado fue inolvidable y tremendamente sorpresivo. Y es complicado sorprender a un ninja. Y más a uno que lee el pensamiento. Pero así fue.

También hay un taller de juegos colaborativos. Hay que enseñarles a jugar sin competir. Un furioso coro de voces me grita "¡rol! ¡vivos! ¡mortal coil!". Pues claro, hombre. Hay que adoctrinar a las nuevas generaciones.

Vuelvo a tener ganas de hacer cosas después de un espantoso y casi vegetal año. Al menos he descubierto los dobles fondos de algunas personas y recuperado la vista y la objetividad, en lo que al pulso (y su órgano) se refieren. Como excusa diré que me había suplantado un skrull (parece ser que está de moda).

No me gusta Superman, ya lo sabéis.

Pero ¡arriba!

¡Arriba, arriba y fuera!

____________
Si tienes menos de 13 años y quieres ser mago, ve a visitarme al centro civico Bailarín Vicente Escudero. Se aceptan ingenieras guapas de color rosa, frutos secos, cítricos pequeños, vacas, samu-rais, presidentes, duendas, arquitectos, bucaneros... toda esa panda.

viernes, agosto 01, 2008

Tortilla, ya no estamos en Kansas


Ni en Calamocha.

El viento se lleva el último campo de trabajo, convirtiendo en memoria lo que era presente, justo antes de la resaca y de llamarse nostalgia.

Ha, como le dije a David, estado bien.

Hemos hecho frente a un campo totalmente desorganizado y le hemos sacado provecho. Nos hemos reído, hemos llorado, hemos visto (¡tenían un rex!) dinusaurios, hemos sido cebados a discreción por doña Rosario, hemos hecho la fiesta, hemos nadado, y, dicen unos carteles, limpiado una parte de un río, cerca de un puente romano donde se hacen calvos, y que se llama Jiloca.

No ha estado mal.

Terminó muy bien lo que empezaba regular, y se han grabado momentos (en la cabeza, porque no me fío de las fotos) que no podremos olvidar. Un perro llamado Tortilla, al señor Bitar con gafas de judío y fez de Pakistán, mesié Paul con un perrito de globo en el paquete, los escotes (nunca suficientemente rumoreados) de Mapi, la nerviosísima Marta que resultó ser de pega, la tortuga gigante y la tortuga francesa, el descubrimiento inesperado de que los guardabosques de Dragones y Mazmorras sí que existen y se llaman Paco, los disfraces de ánima, la anaconda, el superheroico rescate de Anita en medio de la marisma.

Nos lo montamos en plan pajillero. Con lo que había y como pudimos. Y así, a pelo, hicimos un taller de defensa personal, uno de masajes, una noche de los talentos en la que Luis no pudo mear y un falso estriptis que nadie vengó.
No fue tan mala idea incumplir las normas de la campística, y llevar en el calcetín a Blonca. Con o.

Y, como la dama Pelirrubia me dijo una vez, me levanté una mañana y vi que la herida ya no estaba.

Me duele, sí. Pero sólo cuando aprieto.

¿Quién ha dicho culo?

sábado, julio 12, 2008

Cerrado por reforma


Ellos se levantarán en un par de horas para hacer un gotonpo.
Como los jedi, irán en mi pensamiento.
Apenas he dormido (una hora), como siempre que tengo, ay, viaje al día siguiente.
Por eso pienso mal y tengo palpitaciones.
He descargado chistes de Eugenio para quedarme frito en el autobús. Va a ser mala idea, y llegaré, dormido y carcajeante a Calamocha, Teruel.
Allí otras veintitantas personas de varios países nos esperan a La Kohaiesa y a mí para eso del campo de trabajo.
Yo ya llevo siete.
Alguien huele a rancio. Jubilese, abuelo.
Son veinte días, ya volvemos.
Mientras tanto, corazón cerrado por reforma.

viernes, julio 11, 2008

Vacaciones en Tierra-7 (inventario)

Me encanta alargar mi indolente adolescencia.

En un catársico estertor, quemo mis últimos cartuchos de veranos en tierras paralelas: séptimo (y muy seguramente, esta vez sí) último campo de trabajo.

La ley, señores, está para respetarla. Por eso son leyes. Las del hombre las ponen los hombres y las de Dios las pone Dios. Las del Universo estaban ya cuando llegamos. Igual que las de los campos de trabajo.

Sí, claro. Me voy a Teruel. Este campo de trabajo rompe casi todas las Leyes de la Campística, dogma de mi veraniega fe particular los últimos diez años.

Y, como todas las leyes, no es más que cuestión de tiempo encontrar una razón estupenda para saltárselas.

A la torera.

Lo hago por alguien a quien no sabía que iba a echar tanto de menos. En parte por enfado, por culpa de los pérfidos Albioneses, y en parte por impulso. Surgió una noche de fiesta y decidimos apuntarnos. Ella nunca ha ido a ninguno, y me parece una estupenda manera de pasar el testigo. Nos lo vamos a pasar (cuánto te echo de menos, Bruja) pirata.

Ni a la playa, ni al sur, y además, acompañado.

Cuando quebranten la ley, asegurense de hacerlo a lo grande.

¿Qué me llevo? He elaborado el siguiente

Inventario

de ropas, útiles, trastos y telares
que me llevo al campo de trabajo

++ Sesenta camisetas. Tres por día. En algo tendremos que parecernos mi hermano el Alemán y yo.
++ Catorce calzoncillos. En mi opinión, demasiados. Ha sido idea del Botas.
++ Un condón. Lavable. Que hay crisis.
++ El MP4 que llevé el año pasado. Con la misma música, para echarla de menos aunque sea Bruja. Ella cree que se lo digo a todas.
++ Botas, deportivas, sandalias y chanchuflas. Si no sabes lo que es una chanchufla es que no has vivido.
++ Cosas de magia y de andar leyendo el pensamiento. Porque hacer trampas, como las tiritas, siempre viene bien.
++ Un cuaderno. Y un boli. Para hacer sonetos si se tercia.
++ Una baraja buena. Para no romper. Una baraja mala. Para las boquillas de los palitos de la risa. Ja.
++ La Men´s Health de este mes. Si ha podido Pablo Motos, podré yo.
++ El móvil. Línea cortada, que, repito, hay crisis.
++ La camisa de latino. Ha visto romperse más corazones que yo. Su historia hasta que me fue legada es apasionante.
++ Pantalones de marcar paquete. Fundamentales.
++ Omamori. Para hacerme el internacional.
++ Diccionario de inglés. Nunca sabes a quién tendrás que insultar.
++ Una kohai. Para usar de porteadora. Sin ella, no existiría este viaje. Blanpin: ¡QUE NOS VAMOS!

miércoles, julio 09, 2008

¡Hombre soldar máquina!


Qué a gusto.

Hoy ha sido un buen día.

Pero antes... verbigracia, los antecedentes.

Hace un año compré un reproductor de MP3. Esos que llaman MP4. En un segunda mano, de esos extraños productos que tienen a estrenar. El día antes de irme a un campo de trabajo. Lo llené de música, de la cual apenas escuchaba la mitad y, el último día del campo, la hembra de la clavija donde se insertan los auriculares se soltó.

Maldita sea.

Mis vacaciones fueron más largas que las dos semanas de aquel campo de trabajo: pasé unos días antes en Cartagena haciendo el punki con Cris y Poncho, y tras el campo fui a Granada y me perdí entre lunares. Cuando regresé, la efímera garantía de un mes ya había expirado.

Mis habilidades mecánicas son escasas. Traté de repararlo como todo lo que me estropea: ignorando el problema. Así que el reproductor fue condenado al ostracismo durante casi un año. Además, me regalaron un Ipod, al cual maldigo.

El caso... es que no voy a llevarme el Ipod al campo de trabajo. No sólo es probable que lo pierda, sino que lo odio. No consigo domeñar el programa maldito que rige sus tripas.

Así que he rendido un curioso tributo.

He cogido su soldador, y me he alegrado al ver que aún quedaba estaño útil para soldar.

He desmontado el aparado, pegado la hembra donde se inserta el auricular y soldado sus bornes, o como se llamen.

Luego, lo he vuelto a montar.

Suena perfectamente, como el día que lo compré.

Ni siquiera me voy a molestar en cambiar la música. Así sonreiré cada vez que escuche el nenúfar solitario, aunque no esté mi Bruja.

He recogido el soldador y lo he guardado.

En alguna parte, mi padre se ha alegrado mucho.

lunes, julio 07, 2008


Un Relato Asombroso

sobre La Gata


por


Marcos Pastor

guionista y productor de APK


Santiago es una ciudad antigua, en medio de una tierra antigua.


Eso pensaba El Mago mientras caminaba por una calle oscura y quizá irrealmente estrecha. Todas las ciudades antiguas tienen lugares extraños, donde los encuentros fortuitos con lo desconocido son... cuando menos, memorables.

Ya anochecía.

El Mago escudriñaba las esquinas, vigilaba la oscuridad y acariciaba su Sello. La noche en el norte es buen lugar para sorpresas peligrosas. La Oscura Cofradía era poderosa en esa parte del mundo, y no tardarían en decidir tomarse la justicia por su mano, aunque El Mago hubiese vencido a su Gran Maestro en duelo de manera legítima.

El Mago ajustó su sombrero. La noche refrescaba.

Oyó un maullido.

No supo precisar de dónde venía.

Siempre, en el mundo de la magia, es peligroso no saber precisar de dónde viene algo. Se asustó.

Murmuró el comienzo de un conjuro. No era un conjuro amable, y no se molestó en disimular el brillo de la mano. Si la Oscura Cofradía venía a por él, los mundanos tendrían un buen espectáculo.

Pero no.

Salió de la sombra, de la misma forma terrena en que saldríamos tú y yo.

El mago la miró a los ojos, oscuros.

La gata le devolvió la mirada.

Él se agachó para observarla más detenidamente.

Ella se acercó y se dejó acariciar. Su pelaje era extrañamente suave para una gata callejera, sin embargo no parecía ser territorial o pertenecer a ninguna de las casas cercanas. Quizá, pensó el mago, haya venido de lejos. De muy lejos.

El Mago deshizo el conjuro para acariciarla mejor, con ambas manos.

Estaba seguro de que había visto esos ojos en alguna parte, pero no supo precisar dónde.

Por la noche, en los reinos de la magia, es peligroso no saber precisar dónde.

Lo miré y estaba muerto


No sé (aunque lo imagino) cómo hubiese estado el gato si yo no hubiese mirado. Quién sabe. Yo no lo sé, y Schrodinger tampoco, me temo.

El caso es que estaba muerto. No dentro de una caja, sino en el arcén, justo delante de la delegación territorial, donde los tipos elegantes y sus bellas kohai se apuntan a los campos de trabajo (y adoctrinan el transeúnte ocasional).

Tenía aplastado el craneo, en una mueca desagradable que le deformaba el rostro. No sé por qué la muerte se empeña en ser horrible. Si los muertos tuviesen un aspecto sereno y tranquilo, hasta la muerte violenta nos daría menos miedo. Pero no. Los guiñapos y restos de vida que nos acercan la sombra de la muerte (a saber: la sangre, las fracturas, el dolor), a pesar de ser una muestra de que seguimos vivos nos hace pensar en el rato en que ya no lo estaremos.

Como el gato.

Un autobús, en su ruta habitual pasó por allí, y por encima de la cabeza del animal. Lo aplastó más. Y la mueca se volvió más desagradable.

Y sin embargo, la inevitable asociación de ideas me hizo acordarme de personas que ya no estaban y de lo grandes que fueron.

Hay algo, en lo ominoso e inevitable de la muerte que siempre hace que piense en la marca que han dejado en mi parcela de realidad lo que han tenido que marcharse.

Y no me asusto.

Pienso que, lejos, en las antillas, en Nueva Orleans, en Cuba, en Brasil, hay gente que no se asusta.

Lo llaman vudú, lo llaman Santería, lo llaman Candomblé.

Allí donde la doctrina católica y la educación occidental han fracasado, los loas del voodoo se alzan triunfantes.

No hay miedo. Quizá sí tristeza, como en todas las despedidas, pero no hay miedo.

Sólo el vivo convencimiento de que alguien ha comenzado un larguísimo viaje hacia un sitio mejor.

Y un convencimiento igual de vivo de que ese alguien, sin embargo, sigue cerca.

Una vez fui sacerdote vudú.

No sabéis cómo me alegro

jueves, julio 03, 2008

Las 5 leyes de la campística


La experiencia, la vida, el budo y demás me han enseñado que existen leyes a aplicar en la elección de campos de trabajo.

1ª Ley de la Campística: no vayas a Castilla.
2ª Ley de la Campística: vete al sur, salvo que contravenga la primera ley.
3ª Ley de la Campística: vete a la playa, salvo que esto contravenga a la segunda y/o tercera leyes.
4ª Ley de la Campística: NO se repite campo de trabajo. Esta ley NO puede ser contravenida.
5ª Ley de la Campística: vete solo, que se liga más y puedes mentir lo que te de la gana sin ser (sic) contravenido. Esta ley sólo será quebrantada en los Casos Excepcionales (ver impreso adjunto).

Así, además, existen una serie de


RECOMENDACIONES GENERALES
para el estupendo disfrute
de su
campo de trabajo

++ Independientemente de lo que hayas calculado, necesitas MÁS camisetas.
++ Independientemente de lo que hayas calculado, no necesitas TANTOS calzoncillos.
++ Llevar botas para trabajar en aire libre en verano NO es ser exagerado.
++ ¡RECUERDA! Las carretillas de obra NO tienen freno.
++ Independientemente de lo que hayas calculado, te lo aseguro: no necesitas TANTOS condones. Y no sé ni si debería usar el plural.
++ ¡No se llega tarde a los campos de trabajo! Perderse la primera noche es de imprudentes y temerarios. Un caballero español no lo haría.
++ Entrar a las monitoras es de pretenciosos. Recordemos que Napoleón III, Bill Gates, Batman y la Madre Teresa eran pretenciosos.
++ Si la hoja informativa dice que lleves un traje de baño, lleva al menos dos. Ya descubrirás por qué.
++ ¡IMPORTANTE! Taller de masaje NO significa orgía.
++ Hacer pulseras SÍ es difícil, te digan lo que te digan los monitores. Aunque se rían.
++ ¡Camistas! ¡He dicho que lleves más camisetas!

¿Que a qué viene esto?

Ahora, ahora se lo cuento...

miércoles, julio 02, 2008

Caleidobesos en ciclo - (estructuras de abrazo)


No soy muy de efemérides, pese a lo que digan las etiquetas de este blog.


No creo en fechas señaladas, sino en los hechos que éstas señalan.

Creo en día a día con y junto a las personas.

Por sus actos los conoceréis, y yo conozco muy bien a mis amigos, a la gente que va caminando por la vida conmigo. Por eso valoro los momentos y no las fechas.

Esta es mi fenomenal excusa para felicitar con dos días de retraso a mi flor favorita.

Y como los magos y los mentalistas de Mundo Q llevamos sombrero para quitárnoslo en las grandes ocasiones, me lo quito y que hablen los grandes. Unamuno.

Un vasco ;)

Como mi amiga Igoñe.

En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía sedienta boca
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda...
Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida...
La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma...
Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola...
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.