El corazón bajo la espada

...es el principio y el fin.

miércoles, abril 19, 2017

Parece que es soñar

Parece que es soñar, pero no es tanto.
Parece que es vivir, o que suspiro.
Parece que es verdad, más cuando miro
la farsa que yo he escrito torna espanto.

La luna ya no está, pero sí el llanto,
el olivo calló, el sol su giro
vio morir en mi último retiro
y sueño que estoy muerto en mi quebranto.

Si me encuentras aquí, piensa en mi nombre:
en mi sangre o mi voz. Me desconcierta
que mi barco al fin no llegue a puerto.

Si me encuentras aquí, fui solo un hombre
con miedo de cruzar su última puerta.

Si no despierto nunca es que estoy muerto.

(del día que fui Lorca).

martes, febrero 21, 2017

Ensayos para una boda (III)

En mi ensayo de espinelas
hablaba de que mis rimas
intentarán que las primas
suspiren cual damiselas.
Disculpen la triquiñuela
y ya sé que vaya tela
mi retórica ladina.
Intentaré que más fina
sea la copla que barrunto.
Le voy cogiendo ya el punto
a esto de las sextinas.



domingo, febrero 19, 2017

Ensayos para una boda (II)

Con las décimas prosigo
con ensayo y con tesón,
preparando la ocasión
del enlace de mi amigo,
a coger ritmo me obligo
mientras camuflo en mi oda
el secreto que en su boda
confío que nunca hallen:
que sus primas se desmayen
víctimas de mi trova.

miércoles, febrero 15, 2017

Robándole el sueño al sueño

En estos días ausentes
de soledades,
de huecos medio calientes
con oquedades, 
de tempestades que vivo 
para aliviarme,
quiero firmar el desarme
con lo que escribo.

El tiempo se va gastando
cada segundo,
con el futuro oxidando
mi fin del mundo,
que empieza cada mañana,
y sin permiso
me decolora una cana
en cada piso.

Y siempre llueve, cojones,
sobre mojado
si pienso en las estaciones
del tren pasado.
Me busco en los ademanes
de viejas fotos
con besos en bumeranes
que vuelven rotos.

Me escondo también los ojos
de madrugada,
cruzando cuando está rojo
sobre la almohada.
Pocos consuelos me adueño
salvo acostarme,
robandole el sueño al sueño
sin despertarme.

Quevedo se ha fugado

La noticia:

Experta denuncia el machismo de las letras de Sabina.

El soneto:

El arcipreste de Hita está temblando.
Quevedo se ha fugado. Lorca escapa.
Cyrano mudo se embozó en su capa
al entrar en prisión Pessoa, Fernando.

¡Manos arriba! ¡Alguien recitando!
¡Fascista aquel que en verso dijo 'guapa'!
Al que diga un 'te amo' el juez lo atrapa,
la Inquisición pilló a Joaquín cantando.

Perales ¿cómo es él? Culpable en lote
y Julio, por truhán, a la fogata,
y en su brasa un libreto de Quintero.

El Fénix lo probó: pues vil garrote,
A Espronceda lo cuelgan cual pirata:
Todos machistas por decir 'te quiero'.

martes, febrero 14, 2017

Ensayos para una boda (I)

Una amiga me ha propuesto
que hable en alto en su enlace.
Y aunque tal honor me place
quiero que salga perfesto,
con versos que estén bien puestos,
que suenen como a novela.
Por eso esta noche en vela
con las décimas me ando.
Y para ir practicando
ensayo en esta espinela.

lunes, febrero 13, 2017

Molécula maldita


Se empeña en leerse las canciones
volviéndome majara en el proceso.
Se desvanece en ciertas ocasiones
dejándome sin besos.

Maldita la doctora del País Vasco
que me tiene pendiente de mensajes.
Le tengo tal rencor y tanto asco
que parto de viaje.
Me roba la armadura y luego el casco
yendo a comprar un traje.

             La intento comprender, maldita sea
            nunca me cansaré de sus visitas,
           aunque se escape en tren cuando chispea
          y aunque al beber se quede siempre frita.
         No sé cómo enlazarme contra esta
        Molécula maldita.

No entiende las palabras que me invento
si no hablo literal cada pasaje.
Al despertarme siempre estoy contento
si escucha mis mensajes.

En el laboratorio de su pelo
me pido ser quien use de cobaya.
La engaño lo que puedo y la camelo
haciéndome el canalla.

             La intento comprender, maldita sea
            nunca me cansaré de sus visitas,
           aunque se escape en tren cuando chispea
          y aunque al beber se quede siempre frita.
         No sé cómo enlazarme contra esta
        Molécula maldita.

lunes, febrero 06, 2017

Con solo acercarme te envenenas

Permíteme ilustrar por qué tu ciencia
No encuentra el doble fondo a mis engaños:
Los vicios que se archivan con los años
Se enquistan en la piel de la conciencia.

Disculpa si lo suelto con violencia
más no es hora de andarse con redaños:
disfruté haciendo el mal y haciendo daño,
Igual que hice matando sin licencia.

Aquello es lo que fui y me ha manchado
Tanto que... que me empapo con el lodo
del reguero de llanto que he dejado.

En mi mal también cargo mi condena:
Que por muy fuerte que lo niegue todo
con solo acercarme te envenenas.

lunes, enero 30, 2017

Lo que dijo la morena

Verte provoca heridas en mis labios.
Oírte me hace mojar, los ojos.
Con tus manos, y al borde del sonrojo
me dispongo a mancharte con agravios.

Es tu voz por quien gimo y por quien rabio,
es tu carne la dieta de mi boca.
Llámame, aunque me llames loca,
que hacer conmigo el loco es lo más sabio.

Te voy a arrancar de tu pantalla
y a acercarte al oído de mi cuello
que a distancia me matas con palabras.

Usa la boca ya. Para eso calla:
no importa si me elevas o me estrello,
pero hazme de una vez tu abracadabra.

domingo, enero 29, 2017

Un péndulo regresa


De ti aprendí que el sol es una rampa
que pilla cuesta arriba y muy borrachos.
‘ Vete de allí’, me gritan Los Muchachos
si les digo que vuelvo hacia tu trampa.
Y vuelvo allí -maldita sea mi estampa-
a ser despedido en tu despacho,
Y allí duermo y soy un mamarracho:
Y allí tu olor empapa y nunca escampa.
De ti aprendí que un Péndulo regresa
si ignoras que se marcha o que está quieto.
Que vuelve solo al intentar marcharte.
También de ti, maestra tan aviesa
aprendí mi irónico secreto:
De ti aprendí que no podré olvidarte.

Estrambote:

Quizá pueda, aunque nunca haya podido

-al no buscar tu clase y tus lecciones-
quizá pueda olvidar tus direcciones:
quizá pueda olvidar que te he aprendido.

martes, julio 07, 2015

La Asombrosa Mujer Inaudible

Sonó el teléfono.

El timbre vibró como un estruendo atronador en la quietud de la tranquila sala. Los vidrios temblaron y los tubos de ensayo (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) amenazaron con quebrarse, tal era la intensidad (en la imaginación del hombre que se hallaba allí sentado) de la espera del nervioso caballero.

El timbre seguía rugiendo.

De un respingo, el joven científico se puso en pie. Pudo sentir la sangre en sus sienes, como los cascos de una manada de caballos salvajes. El corazón, golpeando, furioso, su pecho. El taburete en el que se encontraba sentado instantes antes cayó al suelo, uniendo el sonido de su impacto a la algarabía de aquel laboratorio.

Más. Más rugidos. Del timbre.

Los animales del laboratorio golpeaban con ira apenas contenida sus jaulas. Un titi, iracundo, agarraba con sus pequeñas manos los barrotes, moviéndolos frenéticos, mientras gritaba con histeria, clamando, miedo y ansia de libertad. Parecía como si el timbre fuese un siniestro director de orquesta, dirigiendo un coro de furia animal, desafinando el crescendo de aullidos.

El timbre: atronaba.

Ansioso y casi tropezando (con su respiración, ahogándose, retumbando) el joven de la bata se acercó, clac, clac, trompicones, a la pequeña mesa que contenía el viejo teléfono. Tan nerviosas se encontraban sus manos que lo derribó al suelo sin lograr descolgarlo. El estrépito del aparato, junto al timbre, casi hicieron sangrar los oídos del doctor. Él se tiró al suelo, luchando contra su ansia, necesitando descolgar ese teléfono.

Clic.

Lo logró. En ese instante, como una gota de tinta se mezcla suave con el agua, el sonido (el sonido imposible, casi absorbente) del otro lado de la línea empapó la sala, en una muda ósmosis que casi podía tocarse. El ruido, la asfixiante cacofonía de impactos y decibelios fue absorbida (con dulzura de artesano) por una suave esponja de quietud.

Nada se oyó.

Él se llevó el auricular a su oído, delicadamente. Extremadamente nervioso. Pero absolutamente quito. Ningún ruido.

Escuchó.

No oyó nada.

Colgó. Exhausto.

Sonriendo.

El silencio, que se desvanecía lentamente, le acarició la carne del corazón, tranquilizándolo. Como un bálsamo que calma el cuerpo de las fiebres que el alma enciende, el latido mudo y grave que brotó del teléfono reverberó, sin vibrar, nunca, jamás, en la sala congelada de sonido alguno. Como en un fotograma. En el que en lugar del movimiento el ruido fuera el esclavo de la silenciosa captura.

A doscientos kilómetros de allí, en total mudez, sin ruido alguno que nadie pudiera escuchar, la Asombrosa Mujer Inaudible colgaba el auricular.

Sin emitir sonido alguno, jamás, se perdió en la noche.

Pasaron tres años.

Sonó el teléfono.

sábado, julio 04, 2015

Los dos peleles


A dos bandas jugando el Legal Bueno,
Y haciendo el paladín anda el canalla.
Se cruzan, saludándose en la raya
En el cambio de campo y de terreno.
¿El malo de los dos? Pisando el freno,
El bueno entre trapecios y sin malla.
Contándose los duelos por pantalla
Las penas del amor, don Juan, son menos.
Por sorpresa de propios y de espantos
Se abrazarán, reversos, cuando brinden
Con la copa del otro en sus papeles.
Por dentro su soñar no cambia tanto:
Cantar, reír, amar, jugar al Tinder.
Menudo infame par, de dos peleles.

martes, marzo 24, 2015

Hoy hay soneto

Si vuelve a aparecer don Juan Tenorio
directo desde el mundo de los muertos
igual seguirá faciendo entuertos
pese a twitter, guasap y otros emporios.

Cierre bien, damisela, el dormitorio
tras el cierre de Facebook, se lo advierto,
o a su ventana en ronda de concierto
el apuesto don Juan hará jolgorio.

Ríndase, pues a prior de lo que piensa
cambiará en su perfil sexo y estado
culpa del polvo. El polvo enamorado.

Ríndase, pues no existe la defensa:
no habrá escudo, fortín ni parapeto.

Ríndase de una vez: hay un soneto.

jueves, marzo 19, 2015

De cartuchos no entiende todo el mundo


Como el rayo que sube, arrebatado
por sorpresa, a traición, por accidente
del músculo del alma de la mente
en letal decisión, preso del hado.

Diez veces con la de hoy, sin ti a mi lado
aprendiendo sin nadie impertinente
corrigiéndome las fechas y las fuentes
de Hortega, de Cajal y del pasado.
Aunque el tiempo pasó y giró la noria,
hay días que el telón se me hace hielo
al verlo descorrerse sin tu rumbo.
Y hazme el favor, si toca hablar de Historia
no te pongas muy plasta, que en el cielo
de cartuchos no entiende todo el mundo.